
María Villarreal, licenciada en obstetricia, apunta todos los factores a tener en cuenta, desde la prevención de posibles contagios a la cuestión logística y el apoyo emocional
Cómo fomentar en los niños una competencia sana: “Hay padres que cometen el error de dejarles ganar siempre”
La llegada de un bebé a la familia o al grupo de amigos suele ser un momento que se vive con especial alegría, muchas veces sin ser conscientes de que también es el inicio de una etapa delicada y de profundo cambio para los padres. En este momento de euforia y expectación por conocer a tan esperado protagonista, conviene reflexionar sobre si resulta adecuada nuestra presencia en el hospital o es preferible esperar unos días para conocerlo.
“Lo primero es consultar a los padres si desean recibir visitas, focalizando especialmente en el deseo de la madre, quien ha atravesado el enorme esfuerzo del parto”, establece María Villarreal, licenciada en obstetricia. “Parece obvio, pero no vayas si hay síntomas de tos, dolor de garganta o fiebre. Si no hay síntomas y la familia quiere recibirte lávate las manos al llegar y no beses al bebé, pide permiso si quieres tomar fotografías, sé breve y evita los ruidos fuertes”, resume como las pautas más importantes a tener en cuenta.
Villarreal también enumera motivos de peso, tanto médicos como emocionales, para posponer las visitas en los primeros días:
Descanso materno
“Durante los primeros días del postparto, la madre generalmente necesita un ambiente íntimo, con pocos estímulos y opiniones”, enfatiza la experta. “El equipo de salud que cuida de ella y del bebé tiene que acudir a la habitación varias veces al día por una causa justa, pero el descanso es primordial para la salud mental materna, la lactancia y el cuidado del bebé”, asegura.
Salud y prevención
El sistema inmunológico de un recién nacido es inmaduro, lo que provoca que infecciones leves en adultos puedan ser “altamente peligrosas” para el bebé. Como señala Villarreal: “Debemos comprender que el riesgo existe y que cuanto más reducido sea el contacto innecesario con nuevas personas, más protegido está el bebé”.
Tiempo de aprendizaje
Aunque tengamos muchas ganas de ver al bebé, sus padres también lo acaban de conocer y esos primeros días están aprendiendo a comprender sus necesidades, a establecer la lactancia y otros procesos que requieren, según la experta, de “paciencia, mucho contacto piel con piel y poco ruido externo”. Villarreal apunta también que la regulación de la temperatura y el sueño son también áreas delicadas que “deben ser atendidas y respetadas con pocas interrupciones”.
Cabe destacar que no todas las visitas son negativas; la experta valora que el apoyo de familiares o amigos cercanos es necesario en ciertos momentos.
Cuestiones logísticas
Algunos padres necesitan ayuda logística, “especialmente cuando el parto vaginal o la cesárea han atravesado complicaciones y la mujer necesita ayuda para trasladarse o extraerse leche”, indica Villarreal. “Por ejemplo, la mamá de la puérpera puede ser de ayuda para cuidar al bebé mientras ella duerme o para llevar a su otro nieto, si no es el primer parto, a que conozca al hermano”, ejemplifica.
Apoyo emocional
Los momentos posteriores al parto también pueden ser clave para procesar ciertas emociones y sensaciones que se acaban de vivir. La experta destaca que las visitas elegidas por los padres en estos momentos pueden ser “muy reparadoras” si, por ejemplo, desean expresar o compartir sus emociones y resalta la importancia de “no invitar a todos solo por educación”.
Cada familia es un mundo y no existen reglas absolutas. Lo más importante, según la experta, es que los padres prioricen cómo se sienten y puedan decidir en función de su contexto y bienestar. Villarreal lo resume con una frase clave: “Ser madres y padres también es fluir, probar, desear y decidir”.

Si Sánchez, como proclamaba la conspiración de los necios, desclasificó los papeles del 23F como primer paso de su asalto a la monarquía, o no se los había leído o le informaron mal. Lo más revelador de la desclasificación ha sido comprobar, en tiempo real, el extraordinario nivel de organización de la industria del bulo en España
Un informe del servicio de inteligencia detalla la “participación activa” de seis de sus agentes en el 23F
No hay más que echar un vistazo a la lista de todos los ofendidos, indignados o directamente cabreados con el anuncio de la desclasificación de los archivos del 23F para constatar que Pedro Sánchez lo ha vuelto a hacer. Acierto total. Si cada vez que el Partido Popular denuncia una cortina de humo en la acción del Gobierno nos dieran a todos un euro, ya tendríamos de sobra hasta para alquilar un piso; no en el centro, por supuesto.
De lo que se ha publicado, de momento, la novedad es que lo que sabíamos era bastante y era cierto porque fue lo que pasó y lo que no sabíamos ni siquiera sucedió. Los papeles confirman que el golpista Antonio Tejero tenía un plan y los demás, otro, y no se lo habían contado; que muchos conocían los planes y dejaron hacer, mientras otros hicieron todo lo que pudieron para impedirlo; que en la Casa Real hubo dudas al principio, como las hubo en todas las casas de España que no fueran de familias golpistas.
Los papeles también confirman que el golpe iba en serio y si había que tirar a matar, se tiraba; que los militares golpistas decían hablar en el nombre del Rey para usarlo como coartada legítima, pero que el Rey ni dijo ni hizo nada de cuanto los golpistas esperaban y, por eso, era un error “dejar al Borbón libre”; que luego trataron de implicarlo –para que vean que todo está inventado y las fake news no las ideamos nosotros– con una campaña de desinformación y bulos para usar su legitimidad como defensa penal y política. Y todo ello siempre por España, coño.
Si Sánchez, como proclamaba la conspiración de los necios, desclasificó los papeles del 23F como primer paso de su asalto a la monarquía, o no se los había leído o le informaron mal. De todos los ridículos presenciados estos días ninguno tan glorioso como el de esos teóricos del complot para tumbar al Rey y salvar al malvado Sánchez volviendo a 1981.
Lo más revelador de la desclasificación de los archivos del 23F ha sido, sin duda, comprobar, en tiempo real, el extraordinario nivel de organización, eficiencia y disciplina que demuestra la industria del bulo en España.
No habían pasado ni minutos del anuncio del Sánchez en X –por cierto, señor presidente, ¿no había otro sitio un poco más a la altura del momento y del anuncio?– y ya estaban las redes inundadas por un aparatoso despliegue de contramedidas para preservar el negocio primero y seguir horadando en la legitimidad del Gobierno y la democracia reclamando que se desclasificase lo que ya es público –el sumario del 11M– o lo que no existe –los vuelos secretos del mítico falcón, el batmóbil de Pedro Sánchez–; lo de las saunas ya entra directamente en la obsesión freudiana.
Hace falta mucho dinero, mucho tiempo y mucha jerarquía para desplegar semejante contraataque para desactivar un anuncio que, según afirmaban, no le importaba a nadie y carecía de mayor interés; no fuera a ser que quedase claro quién se puso de qué lado aquella noche de febrero de 1981. Casi siempre son los enemigos de la democracia quienes mejor señalan el camino para su defensa. Conspiraciones Reunidas S. L. no ha podido iluminarlo mejor.

El escritor húngaro comparece en el CCCB en su primer acto público fuera de Hungría tras recibir el Nobel de Literatura 2025 y reflexiona sobre su país, el colapso y la esperanza
'Sátántangó', el tango satánico del Nobel de Literatura que se convirtió en una obra maestra del cine
Tras cancelar su participación en Kosmópolis 2025 debido a que prácticamente coincidió con la concesión del Premio Nobel de Literatura, el escritor húngaro László Krasznahorkai, ha querido que el primer acto realizado fuera de su país tras ganar el premio se celebrara en Barcelona.
“Hoy es un día importante para el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona”, ha declarado la directora del centro, Judit Carrera, en la rueda de prensa previa a la charla que el Nobel mantendrá esta tarde en el propio CCCB con su traductor al castellano, Adan Kovacsics, “Quiero agradecerle a László que haya mantenido su compromiso con nosotros tan pocos meses después”.
Carrera ha relacionado también la visita de Krasznahorkai con la larguísima relación que el autor ha tenido con la Editorial Acantilado, que ha editado sus libros desde hace 25 años. El primero fue Melancolía de la resistencia (2001), pero desde entonces han aparecido siete volúmenes más que serán acompañados por un octavo que llegará a las librerías en los próximos meses.
La editora de Acantilado, Sandra Ollo, presente en el acto, como también su editora en catalán, Mariona Bosch de Edicions del Cràter, ha aprovechado la ocasión, no para hablar sobre la obra del autor húngaro, de la que opina que se ha escrito ya demasiado, sino para reivindicar su lectura: “No hablemos más de Krasznahorkai y empecemos a leerlo”, ha pedido. “Entremos en su literatura que está llena de pensamiento, de imaginación, y también de humor. No hay ningún lector que salga indemne de la literatura de László Krasznahorkai”.
El escritor, al que Susan Sontag se refirió como “El maestro del Apocalipsis”, ha comenzado su charla con una actitud alegre e irónica que no encaja precisamente con el brutal sobrenombre que le adjudicó la intelectual neoyorquina. “A Susan le gustaban mucho mis novelas y las películas que realicé junto a Bela Tarr, y fue un honor para mí que una intelectual como ella escribiera sobre nosotros”, ha explicado durante la rueda de prensa. “Pero se equivocó totalmente al llamarme así. Tanto lo del Apocalipsis como lo de maestro son una exageración y, además, tampoco estoy seguro de que sea un halago”.
Lo cierto es que, a pesar de lo que diga el autor, resulta difícil no darle un poco la razón a Sontag. Sumergirse en la obra de László Krasznahorkai es como entrar en un laberinto de frases infinitas y atmósferas densas donde el tiempo parece haberse detenido justo antes del colapso total.
Sus relatos exploran la entropía, el aislamiento y la degradación de la sociedad, retratando a personajes que deambulan por paisajes desolados en busca de una trascendencia que siempre se les escapa. Es gran literatura, donde el humor negro se mezcla con una metafísica descarnada, obligando al lector a navegar por párrafos de una sola frase hasta que este se entrega a la belleza de la catástrofe.
Pero, ¿existe realmente esa Hungría que ha retratado en sus libros? ¿Existió alguna vez? El autor reconoce que sí que existió y que, de hecho, durante su infancia y juventud, no solo vivió allí, sino que parecía que otro mundo era imposible. “La Hungría en la que nací apenas conservaba las cosas buenas que había tenido en el pasado. Los húngaros no entendíamos el valor de nuestro país y los soviéticos tampoco ayudaban precisamente a eso”, reflexiona.
“Conseguí salir de mi país cuando tenía más de treinta años”, continúa, “y recuerdo perfectamente cómo, al cruzar la frontera hacia Austria, el cielo me pareció más azul y la hierba más verde. En ese momento os aseguro que vi físicamente la diferencia. Lo que descubrí en occidente no tenía nada que ver con lo que me había imaginado. Por ejemplo, en Austria había manifestaciones, algo que en la Hungría de entonces no se podía ni nombrar”.
El autor también ha rechazado durante la rueda de prensa otro de los mitos que sobrevuelan su obra, el de que todos sus protagonistas son personas miserables. “No escribo solo de esa Hungría miserable”, afirma. “Sí que es cierto que era así en mis primeros libros, pero después también he escrito sobre la maravillosa cultura de mi país. Aunque, pensándolo un poco, creo que la miseria me indigna tantísimo que debería haber escrito solo sobre ella. De todos los libros que he leído en los últimos años, ninguno trataba sobre las personas que no tienen nada. Que son tan pobres que lo único que conservan es su dignidad. Debería haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada”.
Una trayectoria indisolublemente unida a Bela Tarr
El primero de los libros de Krasznahorkai fue Tango satánico, publicado originalmente en su país en 1985, y que se ha convertido con los años en un auténtico clásico moderno. La novela sitúa al lector en una comunidad rural aislada de Hungría. Un lugar casi fantasmal donde un grupo de personas esperan que algo ocurra y cambie su futuro. De repente, reciben la noticia de que un hombre desaparecido hace años ha sido visto de camino a la localidad. Esto desencadenará una espiral de acontecimientos y revelará secretos que habrían preferido ignorar.
El libro, en el que ya se destila a la perfección el estilo del autor, ha tenido una resonancia especial debido a la adaptación al cine que realizó el famoso director húngaro Béla Tarr, recientemente fallecido. Una película de más de siete horas de duración en la que colaboró estrechamente Krasznahorkai y que los convirtió en amigos.
“Cuando Béla terminó de leer mi libro, el manuscrito porque ni siquiera estaba publicado, vino directamente a mi casa. Debían ser las cinco de la mañana y yo estaba en la cama con resaca”, ha recordado el escritor durante la rueda de prensa. “Yo pensé, ‘¿quién es este tío?’ Porque no lo conocía de nada y vestía de una forma muy extravagante. Pero nos pusimos a hablar y nos hicimos amigos”.
Desde entonces, no pararon de colaborar. El escritor lo ha recordado con cariño, aunque no todo fuera sencillo. “Béla era el capitán y los demás sus ayudantes. Lo ayudábamos a conseguir llegar a donde él quería”, ha explicado Krasznahorkai. “Su trabajo no era fácil y trabajar con él tampoco. Además, él siempre convivió con el dolor físico y hacer películas conllevaba mucha exigencia para él. Canalizaba aquel dolor a través de sus películas. No sé si tuvo un efecto en mi obra, todavía tengo pendiente hacer cuentas con mi amigo”.
“Mucha gente intentó quemar Roma”
Pero si hablar de Béla Tarr es ineludible al conversar con Krasznahorkai, también resulta imposible evitar hacerlo sobre cómo percibe la situación política y social del mundo actual. Más aún viniendo de un país como Hungría, que pronto se enfrentará a unas elecciones en las que se decidiría el futuro político de su presidente Viktor Orbán, uno de los tentáculos de Putin y Trump en el seno de la Unión Europea.
“Las cosas no van bien”, ha afirmado sin dudar. “Pero creo que nunca han ido del todo bien. Diría que ni siquiera cuando vivíamos en cuevas iban bien. Pero de repente, pasó algo, como que alguien llegó con un palo encendido y el fuego nos salvó. Nos hizo evolucionar”.
En opinión del autor húngaro, el mundo siempre ha ido evolucionando así. Siempre ha estado en crisis, pero nunca ha llegado a caer del todo, la destrucción ha llevado al posterior progreso.
Por otro lado, también ha defendido en Barcelona que el público en general no tiene ni idea de cómo se rigen los destinos de las sociedades. “En mi juventud, pensaba que la única solución era la revolución”, ha asegurado. “Pero ahora soy más flexible. Pienso lo peor de la raza humana, pero también creo que siempre hemos estado así. Mucha gente intentó quemar Roma. Hubo muchos Mao Zedong en la historia de China. Mucha gente mala como Putin podría haber destruido el mundo, pero simplemente no pasó”.
Para terminar, el autor ha bromeado de nuevo con su sobrenombre de maestro de Apocalipsis. “El Apocalipsis no es algo único, sino que está continuamente ocurriendo. Nunca va a llegar, está pasando justo ahora”.

De entre todas las piezas que se subastan de la colección personal de James Irsay, hay una que destaca por encima del resto: una Fender Mustang azul que perteneció a Kurt Cobain.
El disco que estuvo ocho años seguidos entre los más vendidos y cambió la historia del rock
James Irsay fue un empresario multimillonario estadounidense conocido por ser propietario del equipo Indianapolis Colts de la NFL y por su labor filantrópica, pero su faceta más personal fue la música, de la que da ejemplo su colección de guitarras míticas que salen a subasta.
Fallecido el 21 de mayo de 2025, sus hijos han decidido poner a la venta la colección de guitarras de leyendas de la música de Irsay. Con piezas de George Harrison, Eric Clapton o Kurt Cobain, la llamada The James Irsay Collection serán subastadas por Christie’s en los próximos meses.
Guitarras de Kurt Cobain y Pink Floyd: las piezas millonarias a subasta
De entre todas las piezas que se subastan de la colección personal de James Irsay, hay una que destaca por encima del resto por su participación en la historia de la música: una guitarra Fender Mustang azul que perteneció a Kurt Cobain, y que se valora entre 2,1 y 4,1 millones de euros.
La guitarra tiene un valor millonario que va más allá de la pieza, sino por su historia detrás, y es que es la pieza con la que el líder de Nirvana grabó el videoclip de “Smells Like Teen Spirit” en 1991, todo un himno no solo de la banda, sino de la música de la década de los 90 y en general.
La otra pieza millonaria y de gran valor y atractivo es una guitarra que perteneció a David Gilmour, de Pink Floyd, que se estima entre 1,7 y 3,4 millones de euros. Se trata de una Fender Stratocaster con el apelativo de The Black Strat, que Irsay adquirió en 2019 a través de una subasta benéfica, y Amelia Walker, responsable de colecciones privadas e icónicas en Christie’s, asegura que esta guitarra marcó “auténtico punto de inflexión” en el valor de la colección.
Otras guitarras de valor que pertenecieron a John Lennon y Prince
La colección subastada también incluye una guitarra Rickenbacker 1996 de modelo Rose-Morris que John Lennon utilizó en los conciertos de Navidad de los Beatles en Londres entre diciembre 1964 y enero 1965, que se ha cifrado en un valor entre 675.000 y un millón de euros.
Otra de las piezas destacadas es una guitarra amarilla que Prince usó durante la gira Act II y que formó parte de la improvisación de cierre de gira en Londres el 8 de septiembre de 1993. Se ha valorado entre 85.000 y 120.000 euros, siendo parte de una época en la que se identificó como The Artist Formerly Known as Prince, y en la que presentó su álbum de caras B con clásicos como Peach o la grabación en primera persona de Nothing compares 2 U.

El Ayuntamiento, gobernado por PP y Vox, despliega un amplio dispositivo policial para identificar a los ocupantes y notificarles su expulsión del viejo recinto, abandonado desde 1999 entre promesas de reconversión que nunca llegan. "Aquí los políticos hablan mucho, pero no hacen nada", se lamenta uno de los afectados
La batalla del Obispado de Mallorca para echar de un local abandonado y “peligroso” a una mujer con dos hijos
Silvino nació en Langreo, en el corazón minero de Asturias. Tenía 15 años cuando ayudaba a su padre a acarrear sacos de carbón y a repartirlos entre los vecinos antes de emigrar y dar inicio a una vida errante que, entre otros destinos, lo llevó a Finlandia, a Canarias y, finalmente, a Mallorca. Con el frío de la mañana todavía agarrado a la ropa, relata su historia mientras, a su alrededor, técnicos municipales y un amplio dispositivo de la Policía Local identifican a quienes, como él, malviven desde hace años en la antigua prisión de Palma: más de 200 personas entre residentes sin recursos, trabajadores precarizados y migrantes. El Ayuntamiento ha reactivado el desalojo de todos ellos, pero Silvino, cocinero hoy jubilado, lo tiene claro: “No pienso quedarme en la calle”.
El próximo viernes, una vez completados los controles iniciados este miércoles, el Consistorio prevé notificarles la orden de expulsión, presentada como una actuación necesaria por razones de seguridad y salubridad. A lo largo de la mañana, sus nombres eran anotados en formularios e incorporados, uno a uno, en un procedimiento administrativo tan meticuloso como impersonal. Mientras tanto, a las afueras del inmueble, el primer teniente de alcalde de Palma, Javier Bonet (PP), aseguraba que lo que al gobierno municipal le preocupa es que “ninguna persona de las que viven aquí dentro puedan morir calcinadas”, en alusión a los cuatro incendios registrados en las instalaciones el pasado fin de semana y que, a su juicio, fueron “probablemente provocados”.
Muchos de los afectados no tienen alternativa habitacional ni ingresos suficientes para pagar el alquiler de una habitación -cuyo precio en algunos casos llega a superar los 1.000 euros- y resistirán, entre los escombros y los muros desconchados del viejo recinto carcelario hasta que se agote el plazo legal. Tras la notificación del desalojo, los ocupantes dispondrán de cinco días para presentar alegaciones. Después, se dictará una orden que les obligará a abandonar el lugar en un máximo de cuatro días. De no hacerlo, el Ayuntamiento solicitará autorización judicial para ejecutar el desahucio colectivo. Una vez desocupado el espacio, el Consistorio prevé limpiarlo, tapiarlo y, posteriormente, demolerlo para urbanizar el solar con la construcción de un acceso a la autovía de Palma y de un proyecto de viviendas.
“Quizás coja un carro y lo pasee por la calle”
Silvino cuenta que llegó a la vieja prisión después de que la propietaria de la habitación donde vivía le subiera el alquiler de 200 a 250 euros, una cifra imposible para alguien que entonces cobraba poco más de 400. “Cogí los trastos y me fui”, recuerda. Una mujer lo vio en la calle y le habló de este lugar. Sin agua, sin electricidad y entre muros derruidos que apenas protegen del frío del exterior, el hombre encontró un 'refugio'. Recrimina que, con una media pensión que apenas alcanza para sobrevivir, no sabe adónde irá: “Quizás coja un carro y pasee por la calle”.
A escasos metros, otro 'residente' de la antigua prisión, de origen italo-tunecino, explica que lleva tres años viviendo en el recinto. “Aquí los políticos hablan mucho, pero no hacen nada. Y la policía viene aquí a hablar, pero no pone una solución”, lamenta, mientras insiste en que nadie le ha explicado con claridad qué ocurrirá después. “Aquí no hay agua ni luz. Y me dicen que tengo que irme. ¿Qué puedo hacer yo? No cometo delitos, soy una persona trabajadora, voy al trabajo y vuelvo”, apunta, por su parte, Felipe, otra de las personas que se enfrentan a la incertidumbre de la salida forzosa con el temor de perder el único techo del que dispone.
En términos similares se pronuncia Antonio, mallorquín que lleva seis meses viviendo en la antigua cárcel y recrimina que el desalojo se está llevando a cabo “con nocturnidad y alevosía”. “No nos dan ninguna solución. Muchos somos trabajadores. ¿Qué van a conseguir con esto? Un censo. ¿Y si nos echan mañana? ¿Adónde nos vamos? Vosotros sabéis lo que cuesta alquilar un piso”, incide, dirigiéndose a los periodistas que a primera hora se han desplazado hasta el recinto. Un vistazo al portal inmobiliario Idealista permite comprobar cómo, en estos momentos, tan solo una decena de pisos se anuncian en Palma por menos de 1.000 euros al mes. Solo uno de ellos supera los 50 metros cuadrados: mide 55.
Otro de los afectados, cuyo testimonio ha recogido la agencia EFE, asegura ser “una persona trabajadora con un sueldo en B de 1.200 euros en la construcción” y que su jefe le exige 3.000 euros para contratarle, una práctica ilegal que ilustra la explotación y la indefensión a las que numerosos trabajadores se encuentran sometidos, atrapados entre la economía sumergida y un mercado inmobiliario que les cierra las puertas. “Necesito un lugar donde dormir”, sentencia.
Contactos con el Obispado y el Ejército
El Ayuntamiento, por su parte, asegura que está intentando encontrar una solución con el Obispado de Mallorca -que recientemente ha recurrido a los tribunales para desalojar a una madre y sus dos hijos de uno de sus locales apelando a la “peligrosidad” del inmueble- y el Ejército con el objetivo de que nadie quede a la intemperie. “Es un problema de ciudad y un problema de país”, ha aseverado Bonet en referencia a la actual crisis habitacional, agravada en los últimos años por la especulación inmobiliaria, la irrupción masiva de fondos de inversión internacionales y la turistización, factores que han empujado a cientos de personas a vivir hacinadas en infraviviendas, caravanas y edificios abandonados como la antigua prisión de Palma.
Lucía Muñoz, portavoz de Unidas Podemos en el Ayuntamiento de Palma, quien se encontraba presente junto a otros integrantes de la formación morada para tratar de aclarar a los afectados qué ocurrirá cuando el procedimiento administrativo agote sus plazos, se ha mostrado severamente crítica con la actuación municipal y con la “política criminal” del alcalde, Jaime Martínez, que supone “dejar en la calle a personas que ya viven en unas condiciones que nadie desearía”. Asimismo, lamenta la ausencia de un acompañamiento real por parte de los técnicos municipales: “Hay una mesa de servicios sociales que está ayudando a desahuciar a 200 personas, más de la mitad de ellos sin papeles, sin que se les esté explicando el proceso ni las alternativas disponibles”.
Muñoz ha propuesto al Consistorio reconvertir la antigua prisión en viviendas sociales así como en una residencia pública de estudiantes, y ha llamado al alcalde a abandonar la idea de construir una rotonda.
Las entidades sociales advierten, por su parte, de las consecuencias inmediatas del desalojo. Médicos del Mundo calcula que unas 250 personas residen en el recinto en situación de extrema vulnerabilidad -muchas de ellas con graves problemas de salud física y mental- y denuncia que no se han habilitado recursos suficientes para acogerlas. La organización alerta de que, si se ejecuta en las condiciones actuales, todas ellas “quedarán directamente abocadas, todavía más, a una realidad marcada por la inseguridad, la ruptura de sus procesos terapéuticos y sociales, el deterioro acelerado de su salud” así como a “una mayor exposición a situaciones de violencia, exclusión y estigmatización”.
Ante este escenario, Médicos del Mundo ha instado al Ayuntamiento a “asumir su responsabilidad institucional y a actuar con carácter urgente”, habilitando alternativas habitacionales dignas, suficientes y adecuadas antes de proceder al desalojo o, en su defecto, aplazándolo “hasta garantizar una solución definitiva que proteja los derechos fundamentales de las personas afectadas y evite la generación de una emergencia social que, a día de hoy, sigue siendo prevenible mediante voluntad política y planificación responsable”.
Quienes hoy sobreviven en el viejo penal -algunos desde hace unos meses, otros desde hace años- habitan las mismas paredes que durante décadas encerraron a los presos comunes que ocuparon el complejo desde su inauguración en 1968. Hasta entonces, la prisión provincial se encontraba en el convento de ses Caputxines. La cárcel cuya posesión el Ayuntamiento quiere recuperar permaneció en funcionamiento hasta 1999, cuando los internos fueron trasladados al actual centro penitenciario de Palma y los estrechos pasillos, las celdas y los patios quedaron sumidos en el abandono, condenados a un deterioro lento que hoy sirve de refugio precario para quienes no tienen otro lugar donde vivir.
Las dificultades para acceder a una vivienda digna en Balears, cuyos elevados precios se han convertido en un obstáculo para la población local frente a la elevada demanda de compra y alquiler por parte de extranjeros con mayor capacidad financiera, han llevado a la población más vulnerable a buscar alternativas como esta para poder sobrevivir. En Palma, una de las ciudades españolas con el mercado inmobiliario más tensionado, los datos ilustran la magnitud de la crisis habitacional, el incremento del sinhogarismo y las dificultades de acceso al mercado residencial: mientras los precios continúan disparándose -en enero el metro cuadrado alcanzó los 5.131 euros frente a los 2.650 euros de media estatal, según Idealista-, un total de 9.346 pisos permanecen vacíos, de acuerdo a los datos del mismo portal inmobiliario. Palma concentra, asimismo, la mayor parte de las viviendas de Balears en manos de grandes tenedores -aquellos que poseen más de diez inmuebles-, con 8.652 bajo su control, de las cuales 2.621 pertenecen a titulares con carteras superiores a cien propiedades, según refleja la investigación llevada a cabo el año pasado por elDiario.es con datos inéditos del Catastro.