
Mientras se subastan viviendas a fondos buitre, todas las vecinas están recibiendo órdenes de desahucio. Exigimos el fin de los desahucios, la renovación de los contratos y el fin de las subastas", han señalado las inquilinas, que exigen la presencia de las ministras Elma Saiz e Isabel Rodríguez para negociar
La Seguridad Social deniega la prórroga del alquiler a inquilinos de sus viviendas en varios barrios de Madrid
Activistas por la vivienda del Sindicato de Inquilinas de Madrid se ha encerrado esta mañana en la Sede de la Tesorería General de la Seguridad Social “hasta que las 800 viviendas que tienen sean públicas”, como han señalado las mismas inquilinas tras el encierro y en una nota de prensa. Según denuncian, la Tesorería de la Seguridad Social “subasta vivienda pública y expulsa a sus inquilinas”.
El Sindicato pone en marcha esta acción solo dos días antes de la gran manifestación por la vivienda el próximo domingo y exige al Gobierno y a la Tesorería General de la Seguridad Social “poner fin a los procedimientos de desahucio de las inquilinas de la TGSS, poner fin a todas las subastas para garantizar la permanencia de las viviendas públicas, ceder una parte de los locales comerciales a sindicatos y organizaciones sin ánimo de lucro que defienden el derecho a la vivienda o alquilar locales a cooperativas sociales”.
Las activistas también piden “ceder los solares urbanizables disponibles para la construcción de vivienda público-cooperativa en cesión de uso cuyos requisitos de entrada sean los mismos que los de las VPO” o “ceder solares no urbanizables a asociaciones con finalidad de construir huertos urbanos y refugios climáticos”.
“No nos vamos hasta conseguir un acuerdo. Es intolerable que se subasten viviendas públicas de la Tesorería a fondos buitre”, ha asegurado tras el encierro Alicia del Río, portavoz del Sindicato. “Mientras tanto, todas las vecinas están recibiendo órdenes de desahucio. Exigimos el fin de los desahucios, la renovación de los contratos y el fin de las subastas”, ha señalado. “No puede ser que el Gobierno que se dice progresista se comporte como el peor fondo buitre diciendo que va a construir vivienda mientras dilapida las que ya están construidas”. “Esto lo hemos hablado, se habían comprometido a paralizar las subastas y ayer vimos una. Subastan viviendas, locales y solares que deberían ser de la ciudadanía. No nos vamos a ir hasta que no vengan la ministra Elma Saiz e Isabel Rodríguez y se alcance un acuerdo”.
Las inquilinas denuncian que las 800 viviendas que quieren proteger “fueron gestionadas inicialmente por la Sociedad Pública de Alquiler (SPA), un programa del gobierno de Zapatero que promovió el acceso a la vivienda para jóvenes. Sin embargo, desde la disolución del programa y la reabsorción por parte de la TGSS, los alquileres han subido un 30% y, ahora, el Estado pretende vender estos inmuebles a inversores a precios desorbitados, sin ofrecer alternativas viables a las vecinas que llevan casi dos décadas habitando sus hogares”.
Por eso quieren denunciar “la contradicción entre los discursos del Gobierno y la realidad de sus políticas”: “Mientras el Ejecutivo de Pedro Sánchez y la ministra Rodríguez hablan de blindar y ampliar el parque público de vivienda, la Tesorería expulsa a decenas de familias de sus hogares y vende el patrimonio público”.

Más de 6 millones de jóvenes menores de 29 años siguen en el hogar familiar, del que solo se independiza un 14% de menores de 30
Los precios de la vivienda en España seguirán subiendo a doble dígito y solo frenarán en 2027
Abandonar el hogar familiar nunca ha sido tan difícil para los jóvenes. Y no es una manera de hablar. El alquiler promedio de un piso se come el 98,7% del sueldo de un joven y eso empuja a la tasa de emancipación juvenil a mínimos históricos: solo un 14,5% de los jóvenes menores de 29 consiguieron emanciparse en 2025. El sueldo medio es de 1.176 euros entre los jóvenes y el alquiler medio, de 1.191 euros. A quien se aventurara, le quedarían 20 euros para vivir. La edad media ya alcanza los 30,2 años, según el Observatorio de Emancipación publicado este viernes por el Consejo de la Juventud de España.
Estos 30,2 años ya rebasan incluso la consideración estadística de juventud, alerta el duro informe basado en la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. Alerta, además, que el alquiler por habitaciones ha crecido un 85,4% desde 2022, con cifras de Idealista, lo cual permite a los caseros elevar su rentabilidad.
Ni el aumento del salario medio de los jóvenes de un 1,7% hasta los 14.292 euros anuales, ni el mayor descenso del desempleo juvenil desde antes de la crisis de 2008 hasta el 17,2% atenúan una crisis de vivienda en que los precios crecen mucho más que los indicadores laborales.
El precio de compraventa crece también a ritmos altísimos y no es una alternativa al alquiler, sobre todo porque exige una gran cantidad de ahorros para alcanzar el 30% recomendado de entrada para la hipoteca. Con la vivienda protegida estancada y la vivienda libre a un precio medio de 223.000 euros (un 13% más que el año anterior), una persona joven necesita dedicar su salario íntegro durante 15,6 años para comprar en propiedad. Las cifras de precios promedio se disparan aún más en grandes ciudades y áreas metropolitanas.
El alquiler sigue siendo, por tanto, la forma más común de tenencia entre los jóvenes que se independizan, con un 55%, entre los cuales predominan quienes comparten: un 33% frente al 19,7% de jóvenes que se emancipan solas. Todo ello teniendo en cuenta que solo el 25,2% de las personas jóvenes con empleo estaban emancipadas del hogar familiar en 2025, lo que implica más de 7 de cada 10 viviendo aún en el hogar familiar.
En contra de los prejuicios generacionales, existen más personas que estudian y trabajan (un 33% del total de personas ocupadas), que ninis, personas que no hacen ni una cosa ni la otra y que desde que se reactivó la economía han ido descendiendo hasta el 2,2% actual.
Pero los bajos salarios de la juventud y su dificultad de acceso a la vivienda la convierten, tras la infancia, en el segundo grupo más vulnerable de la sociedad. Un 29,3% de las personas jóvenes están en riesgo de pobreza o exclusión social con cifras de 2025, situación que afecta incluso a un 19,9% de las personas jóvenes con empleo.
Entrando al detalle de las cifras de emancipación joven, existen en España 7,3 millones de jóvenes de entre 16 y 29 años, un 1,1% menos que el año pasado y un 17,7% de la población. De ellos, un 86,60% viven en el hogar de sus padres o se benefician de los ingresos familiares, o sea, 6,3 millones de jóvenes. La tasa está 20 puntos por encima de la media europea (que es del 68,5%) y la edad cuatro años por encima, entre los 30,2 en España y la media europea de 26,3. Los hombres se independizan un año después que las mujeres en España: 30,8 contra 29,6 años de media.

En las calles del barrio de las Alfarerías, en la localidad de Sorbas, uno puede descubrir un paisaje de fachadas encaladas que alberga la historia de un antiguo oficio vinculado a la tierra
Usan drones para avanzar en el estudio de este yacimiento gaditano, considerado una joya fenicia de referencia
Es de las pocas iglesias barrocas que hay en Barcelona y acaba de estrenar un nuevo órgano
El municipio de Sorbas, que un curioso viajero puede encontrar sobre una montaña de cuarenta metros de altura, es uno de los grandes alicientes turísticos de la provincia de Almería. Famoso por sus icónicas casas colgantes que desafían el precipicio del barranco del Afa, el pueblo esconde un profundo secreto histórico entre sus muros. Sus calles, marcadas por una clara herencia islámica y un trazado laberíntico, conducen a un rincón donde el tiempo parece haberse detenido hace siglos. Se trata del barrio de las Alfarerías, un lugar donde la tradición no es solo un recuerdo, sino un trabajo diario y vibrante. Aquí, el paisaje de fachadas encaladas se funde con la historia de sus habitantes y sus antiguos oficios manuales vinculados a la tierra.
El trazado de las vías de este barrio refleja un pasado andalusí que todavía respira en cada esquina de este enclave estratégico. Es un destino imprescindible para quienes buscan autenticidad y raíces profundas. También conocido popularmente como “Las Cantarerías”, es el corazón palpitante de la industria artesanal local de Sorbas. Este apelativo rinde tributo a la excelente calidad de los cántaros que se han fabricado allí desde tiempos inmemoriales por manos expertas. Durante el siglo XIX, Sorbas fue el principal centro alfarero de la provincia, llegando a contar con más de veinte talleres activos simultáneamente. Aunque hoy el número es algo menor, la esencia de este gremio artesanal sigue vibrando con fuerza en la zona baja del casco urbano.
Al caminar por sus cuestas, se percibe el legado de los maestros que moldearon la identidad de este pueblo con sus propias manos. Es un sector donde el olor a barro húmedo y el humo de la leña persisten como señales de una vida eterna. Los talleres se agrupan en pequeñas plazas que sirven como puntos de encuentro fundamentales para la comunidad de vecinos. Pero sin duda la verdadera joya de la corona en este vecindario es su milenario horno alfarero de indiscutible origen árabe medieval. Con más de 500 años de historia a sus espaldas, esta maravilla patrimonial de la ingeniería industrial sigue funcionando hoy a pleno rendimiento. Representa un sobreviviente único de una época en la que existían más de una treintena de estas estructuras activas en el municipio.
Su persistencia a través de los siglos es un testimonio de la durabilidad y eficacia de la arquitectura moruna tradicional en tierras almerienses. Ubicado en una pequeña plaza, este ingenio continúa cociendo el barro tal y como se hacía en la más remota antigüedad. Los visitantes pueden ser testigos de un proceso vivo que apenas ha variado desde los tiempos de la Reconquista cristiana. No es una simple pieza de museo, sino una herramienta funcional clave para la economía actual de los artesanos locales.
El funcionamiento técnico de este horno histórico se basa en una estructura dividida sabiamente en dos niveles funcionales distintos. En la parte inferior, la leña arde con intensidad para generar el calor extremo necesario para la cocción adecuada del material cerámico. El nivel superior es el espacio destinado a las piezas de barro, que aguardan pacientemente para ser transformadas finalmente por la acción del fuego. Ambos niveles están comunicados por pequeños orificios que permiten que el aire caliente circule de manera muy uniforme por todo el interior. El control de la temperatura se realiza todavía a la vieja usanza, una técnica que requiere una gran experiencia acumulada. Mediante la apertura o el cierre de las chimeneas situadas en el techo, los artesanos regulan el calor interno con precisión. Este control manual resulta crucial para asegurar que cada vasija alcance su punto de cocción óptimo y sea muy duradera.
Los alfareros de Sorbas son mucho más que simples artesanos: son auténticos guardianes de un legado inmaterial vivo. Muchos de ellos son descendientes directos de los primeros repobladores que llegaron a estas tierras tras la toma de los Reyes Católicos. Familias como los Mañas, Cúllar, García o Muñoz han transmitido sus conocimientos técnicos de generación en generación durante muchos siglos. Maestros actuales como José Miguel García continúan hoy demostrando su destreza en el torno manual frente a las nuevas generaciones. Sus manos expertas transforman la tierra cruda en objetos de gran belleza y utilidad diaria frente al público que visita sus talleres. Esta transmisión de saberes de padres a hijos ha permitido que la identidad local de Sorbas permanezca intacta hasta hoy.
Artesanos, en directo
La materia prima para estas obras de arte surge directamente de las ricas tierras arcillosas que rodean al municipio sorbeño. La arcilla blanca se extrae de la Cañada Siscar, mientras que la rubia y roja proviene de la zona cercana conocida como La Mojonera. Esta variedad de tierras locales permite una gama cromática y de texturas única en cada una de las cerámicas producidas allí. Cada pieza surgida de estos talleres es totalmente singular debido a que todo el proceso de esculpido es manual y artesanal. Entre los objetos más icónicos destacan el botijo con forma de gallo y el encantador conjunto llamado popularmente como “ajuarico”, que consiste en una serie de útiles de cocina en miniatura, como pequeños almireces, cazuelas, sartenes y cucharas de barro. Estas piezas no son solo utilitarias, sino que se consideran verdaderas obras de arte de la rica etnografía de Almería.
Una visita al barrio de las Alfarerías ofrece una experiencia sensorial completa que va mucho más allá del simple turismo común. Los viajeros pueden entrar libremente en los talleres para ver a los artesanos trabajando en directo en sus respectivos tornos de mano. Es posible seguir el proceso completo de una pieza, desde que es una masa de barro informe hasta que sale cocida del horno. Esta inmersión en el mundo del oficio manual es muy valorada por quienes buscan un turismo cultural de calidad actualmente. Además de los hornos, el barrio alberga otros puntos de interés como el Museo de la Lana ubicado en una antigua fábrica textil. También se puede visitar una vieja almazara, hoy convertida en bar, donde se exponen diversas obras de artistas locales reconocidos. La combinación de historia, artesanía y hospitalidad convierte esta zona en una parada obligatoria en la provincia.

Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural, Montañana es uno de los destinos más auténticos y con mayor encanto de toda la geografía de Aragón
El espectacular paisaje aragonés donde se ha rodado uno de los últimos estrenos del cine español
Este pueblo aragonés alberga cerros, pinares pero, sobre todo, fuentes: casi tantas como habitantes
En el extremo oriental de la provincia de Huesca, en la comarca de la Ribagorza, se alza la pequeña localidad de Montañana como un testimonio vivo del pasado medieval. Esta joya arquitectónica se sitúa estratégicamente entre los barrancos de San Miguel y de San Juan, muy cerca de la frontera con Catalunya y el río Noguera Ribagorzana. Debido a su aislamiento histórico y a la ausencia de un progreso moderno invasivo, la población ha logrado conservar casi intacta su fisonomía original de los siglos centrales del medievo. Entrar en sus calles es sumergirse en una atmósfera donde el silencio solo es roto por los sonidos de la naturaleza y el murmullo de las aguas.
La villa ha sido reconocida por su extraordinaria riqueza como Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural, atrayendo a quienes buscan la autenticidad. Actualmente, apenas unas treinta personas residen en este núcleo que parece haberse detenido en el tiempo para el deleite de agradecidos visitantes. Es, sin duda alguna, uno de los destinos turísticos más auténticos y con mayor encanto dentro de toda la geografía de Aragón.
Los orígenes documentales de esta plaza fortificada se remontan a finales del siglo X, apareciendo citada en el Cartulario de Alaón como una fortaleza estratégica. Durante aquel periodo, Montañana formó parte esencial del cinturón de fortificaciones que defendían las tierras ribagorzanas más meridionales frente a la frontera musulmana. En el año 1017, la localidad sufrió los violentos embates de las huestes de Abdelmalik, quedando el núcleo habitado parcialmente destruido por el ataque. No obstante, la vida resurgió con fuerza, como demuestra la ceremonia de consagración de la iglesia de San Martín en el año 1026. Con el paso de los siglos, la villa pasó a manos de la Corona de Aragón en 1190 bajo el reinado de Alfonso II. Su relevancia fue tal que Jaime II le otorgó importantes privilegios en 1322, integrándola definitivamente en el recién restituido Condado de Ribagorza.
El declive de esta imponente plaza comenzó con la pérdida de su valor defensivo y la construcción de un nuevo puente sobre el río Noguera Ribagorzana. Este hecho facilitó el nacimiento de Puente de Montañana, un núcleo más accesible que atrajo paulatinamente a los habitantes de la vieja puebla. Durante la segunda mitad del siglo XX, el éxodo rural golpeó con dureza a la localidad, dejándola prácticamente deshabitada y sumida en el olvido. Sin embargo, lo que pareció una desgracia demográfica se convirtió en la salvación de su patrimonio, al evitar las alteraciones del urbanismo moderno.
A partir de 1999, un ambicioso plan de rehabilitación impulsado por el Gobierno de Aragón ha devuelto el esplendor a sus calles y monumentos. Gracias a este esfuerzo conjunto entre administraciones y vecinos, hoy es posible recorrer un casco urbano que es, en sí mismo, un museo al aire libre. La recuperación de sus viviendas y espacios públicos ha permitido que Montañana resurja como un referente del turismo cultural en Huesca. La bienvenida a este viaje temporal la ofrece el magnífico puente medieval situado sobre el barranco de San Juan, que actúa como puerta de entrada obligada. Aunque la estructura que hoy podemos contemplar data mayoritariamente del siglo XV, se asienta sobre los cimientos de un paso románico mucho más antiguo. Presenta el característico perfil de “lomo de asno”, con dos arcos apuntados de estilo gótico y un pavimento empedrado que conserva su esencia original.
En épocas pasadas, cruzar esta pasarela requería el pago de un peaje destinado al mantenimiento del propio viaducto y su amortización. Su calzada de piedra es lo suficientemente ancha para haber permitido históricamente el tránsito de pesados carros y grandes rebaños de ganado. Es considerado el emblema de la villa, integrándose incluso en la iconografía oficial que representa a este pequeño municipio oscense. Atravesar sus piedras supone dejar atrás el mundo moderno para adentrarse en un laberinto de callejuelas empedradas de autenticidad inigualable.
Coronando la parte más alta del cerro se erige la iglesia de Santa María de Baldós, la pieza más valiosa de este complejo monumental. Fue edificada entre finales del siglo XII y principios del XIII sobre los restos de la primitiva parroquia de San Martín consagrada en 1026. El templo consta de una nave única con bóveda de cañón apuntada y un ábside semicircular que define su planta de cruz latina. Sobre una de sus capillas laterales se alza una torre campanario de tres cuerpos superiores añadidos durante el periodo gótico. Esta torre destaca por sus elegantes arquillos trilobulados y huecos de campana ojivales, sustituyendo a una antigua torre de vigilancia militar. Su portada principal es una obra maestra del románico, protegida por un guardapolvo decorado con puntas de diamante y cinco arquivoltas. Los capiteles que sostienen el conjunto están profusamente historiados, mostrando una calidad técnica que sorprende al visitante por su nivel de detalle.
Muy cerca de la iglesia se hallan los restos de la “Abadía”, un misterioso edificio del siglo XV con estancias abovedadas. Este conjunto arquitectónico, situado en el punto defensivo más alto, ofrece las vistas más espectaculares de todo el entorno natural. Al otro lado del barranco, la iglesia de San Juan completa el trío de templos románicos que definieron la vida espiritual de la villa. Se cree que este templo fue construido a finales del siglo XII bajo el patrocinio de los Caballeros Hospitalarios de San Juan. Su estructura es de gran sencillez, con una nave única rematada en ábside de cuarto de esfera que servía como mirador hacia el núcleo principal. La portada occidental es su elemento más interesante, decorada con capiteles que narran episodios como el Bautismo de Cristo y su degollación.
Carácter inexpugnable
Por su parte, la tercera iglesia dedicada a San Miguel desapareció casi por completo, conservándose solo restos irreconocibles en la entrada del barranco. Muchos de sus sillares fueron reutilizados para levantar la antigua escuela, mientras que algunos capiteles están hoy empotrados en otras casas. Este conjunto de tres iglesias subraya la enorme importancia religiosa que Montañana tuvo durante sus siglos de mayor prosperidad.
El carácter inexpugnable de Montañana queda patente en los restos de sus dos castillos y su compleja red de torres defensivas. La Torre de la Mora, situada junto a Santa María, es un vestigio circular de tres pisos que todavía desafía la gravedad. Al otro lado, la Torre de las Eras controlaba el acceso enemigo desde una posición estratégica privilegiada sobre el barranco de San Juan. A media ladera sobresale la Torre de la Cárcel, una estructura bajomedieval del siglo XV cuya base sirvió antiguamente como mazmorra. Se conserva también una fotogénica puerta de la muralla con arco de medio punto dovelado que daba acceso al recinto fortificado. El trazado urbano, marcado por pasadizos abovedados, casonas fuertes y calles empedradas con guijarros auténticos, termina de configurar este museo viviente.

Entre la huerta y el mar, Benicarló conserva una identidad propia que se reconoce en sus calles, sus playas y su producto más conocido
El municipio castellonense con un castillo de origen islámico y una muralla que envuelve el casco urbano
Benicarló se encuentra en la costa norte de Castellón, dentro de la comarca del Bajo Maestrazgo, en un entorno marcado por el clima mediterráneo y por la cercanía del mar. Aunque forma parte de un tramo litoral muy asociado al turismo de playa, la localidad no se explica solo desde su fachada marítima. Su casco urbano, sus restos arqueológicos, su actividad agrícola y su cocina permiten plantear una visita más completa, en la que el patrimonio y la vida cotidiana tienen un peso importante.
El municipio mantiene una relación directa con dos ámbitos que han definido parte de su identidad: el campo y el mar. En su entorno conviven cultivos de secano y de regadío, con un producto especialmente ligado a la zona, la alcachofa de Benicarló, reconocida con Denominación de Origen Protegida. Esa presencia agrícola se combina con la actividad pesquera y con una gastronomía basada en ingredientes de proximidad, tanto de la huerta como del litoral.
Esa mezcla permite recorrer Benicarló desde varios puntos de vista. El visitante puede empezar por el centro histórico, continuar por sus espacios culturales, acercarse a los yacimientos íberos del entorno y terminar la jornada en alguna de sus playas. Todo queda conectado por una forma de vida mediterránea en la que las tradiciones, la cocina y el patrimonio no aparecen como elementos aislados, sino como partes de un mismo paisaje urbano y costero.
Un recorrido por el casco antiguo y la huella íbera
El casco antiguo reúne algunos de los edificios más representativos de Benicarló. Entre ellos está la iglesia parroquial de San Bartolomé Apóstol, del siglo XVIII, con portada barroca de piedra y campanario octogonal. Su entorno permite pasear por calles como Mayor y Sant Joan, ligadas al trazado tradicional de la ciudad. Cerca del puerto se encuentra también la Capilla del Cristo del Mar, conocida como ermita del Cristo del Mar, otro punto vinculado a la tradición local.
Uno de los puntos culturales más importantes es el Museu de la Ciutat de Benicarló, Centre Cultural Convent de Sant Francesc, conocido como MUCBE. El edificio ocupa un antiguo convento franciscano rehabilitado y reúne restos procedentes del poblado íbero del Puig de la Nau, de su necrópolis y de otros yacimientos prehistóricos de la comarca. Además, el museo acoge exposiciones temporales e itinerantes en sus tres plantas, con pintura, escultura y fotografía.
El antiguo convento de San Francisco, construido en torno al siglo XVI, conserva su estructura original y responde a una arquitectura sencilla. Fuera del núcleo urbano, a unos dos kilómetros de la población, se encuentra la ermita de San Gregorio, declarada Bien de Interés Cultural. El patrimonio local se amplía con dos enclaves arqueológicos: el poblado ibérico del Puig de la Nau y el poblado de Tossa, situado sobre la montaña del mismo nombre.
El Puig de la Nau está considerado uno de los yacimientos relevantes de la Comunitat Valenciana. Fue levantado hacia mediados del siglo V a.C. y permite conocer mejor la organización de un asentamiento íbero. Allí se han documentado cerámicas áticas y viviendas construidas con mampostería, aprovechando piedra del entorno. Algunas casas tuvieron dos alturas, conectadas por escaleras o adaptadas a los desniveles. Su distribución, marcada primero por la muralla y después por los ejes de las calles, muestra una planificación previa del espacio.
Playas, alcachofa y cocina ligada al territorio
La costa de Benicarló ofrece playas con perfiles diferentes. El Gurugú, el Morrongo y la Caracola tienen un carácter más urbano, cuentan con servicios y se sitúan cerca de zonas de restauración. La playa del Gurugú queda entre el Camino de la Plana y la desembocadura del Río Seco, con unos 900 metros de longitud y 15 de anchura. El Morrongo se encuentra muy cerca del casco urbano y combina arena fina de tono dorado con aguas transparentes.
La Caracola une los términos municipales de Benicarló y Peñíscola en un tramo semiurbano de unos 800 metros, con grava en la parte litoral y arena fina en la zona de baño. Al norte aparecen espacios con un aspecto más natural, como la Mar Xica, situada junto al puerto deportivo, con alrededor de 1.000 metros de largo y 20 de ancho. El Fondalet presenta un perfil más reducido y abrupto, con unos 1.500 metros de longitud, 10 de anchura, entorno de acantilado, oleaje fuerte y una composición de bolos y grava.
La gastronomía completa la visita. La alcachofa de Benicarló, con Denominación de Origen Protegida y reconocimiento desde 1998, es el producto más asociado al municipio y aparece en numerosos restaurantes. Cada mes de enero se celebra la Fiesta de la Alcachofa, declarada Fiesta de Interés Turístico Autonómico, una cita que refuerza la relación entre la huerta, la cocina local y las tradiciones de la ciudad.
Con este equilibrio entre centro histórico, restos íberos, litoral y producto propio, Benicarló ofrece una escapada sencilla de organizar y con varios enfoques posibles. Puede recorrerse desde sus monumentos, desde sus playas o desde la mesa, pero en todos los casos aparece una misma idea: la de una localidad costera donde el Mediterráneo se entiende también a través de la agricultura, el patrimonio y la vida diaria.