
Todos los partidos menos PP y Vox instan a la Cámara Alta a través de una iniciativa no vinculante a "promover las medidas necesarias para garantizar que ninguna mujer vuelva a ser acosada" como ocurrió con la periodista Sarah Santaolalla este mismo lunes
Sarah Santaolalla denuncia que ha sido agredida físicamente por Vito Quiles “y sus matones”: “Se han traspasado todos los límites”
Los grupos parlamentarios de PSOE, ERC, Junts, EH Bildu, PNV, BNG y Compromís se han unido en el Senado para impulsar una iniciativa contra el agitador Vito Quiles por la “agresión” que perpetró contra la colaboradora de televisión Sarah Santaolalla, aunque han acusado a PP y Vox de impedir que esta propuesta salga adelante en el Pleno. Por ello, el PSOE y sus socios parlamentarios han comparecido en rueda de prensa conjunta desde el Senado para leer la declaración que habían propuesto, ya que para un texto de esta naturaleza salga adelante se necesita el apoyo de todos los grupos, y PP, Vox y UPN han declinado avalarlo.
La encargada de leer el texto de la propuesta ha sido la senadora del PSOE Rocío Briones, que acompañaba, junto con otros senadores, a Sarah Santaolalla en el incidente que se produjo el pasado lunes a las puertas de la Cámara Alta. “El señor Vito Quiles se personó en el Senado y estuvo deambulando por la zona de Pasos Perdidos con la clara e inequívoca intención de acosar a la señora Sarah Santaolalla, algo que viene haciendo de forma reiterada desde hace tiempo. No acudió a informar, no acudió a preguntar, no acudió a debatir, acudió a hostigar”, reza el texto.
Según ha relatado la senadora del PSOE, Quiles introdujo un teléfono móvil “a escasos centímetros” del rostro de Santaolalla, “mientras profería declaraciones de contenido machista”. “La situación obligó a que varias senadoras la rodearan físicamente para protegerla y evitaran que continuara el hostigamiento, y los hechos no terminaron ahí. La persecución continuó hasta la Plaza de la Marina, donde una persona vinculada a su entorno adoptó una actitud claramente intimidatoria y agredió a Sarah Santaolalla y a las senadoras que trataban de garantizar su seguridad”, ha agregado Briones.
Por todo ello, el texto propuesto por estos grupos “condena rotundamente el acoso y las agresiones” sufridas ese día, además de comprometerse a “promover las medidas necesarias para garantizar que ninguna mujer vuelva a ser acosada en esta Cámara ni en sus inmediaciones por el hecho de participar en la vida pública”.

Una chica más, de 19 años y natural de Elvillar, en Álava, está ingresada en el Hospital Valdecilla, donde se encuentra "estable dentro de la gravedad"
Antecedentes - Cinco muertos y un desaparecido por la rotura de una pasarela en la playa de El Bocal de Santander
Los cinco fallecidos en la tragedia de El Bocal de Santander tienen entre 19 y 22 años y son de Igollo de Camargo (Cantabria), Bizkaia (dos víctimas de Barakaldo y una de Balmaseda) y Almería, mientras que la joven que continúa desaparecida, de 20 años, es vecina de Guadalajara.
Mientras, una chica más, de 19 años y natural de Elvillar (Álava), está ingresada en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander, donde se encuentra estable dentro de la gravedad.
Todos ellos formaban un grupo de siete personas, estudiantes del CIFP La Granja de Heras, en Medio Cudeyo, y hacían una ruta por el lugar de los hechos, cuando la pasarela que atravesaban sobre unos acantilados colapsó y cayeron al mar.
Los datos de los afectados han sido facilitados por la Delegación del Gobierno en Cantabria tras la pertinente autorización judicial. La titular de la plaza número 1 de Instrucción del Tribunal de Instancia de Santander, de guardia cuando sucedieron los hechos, ha abierto diligencias de investigación tras lo ocurrido y la Policía Nacional realiza las pesquisas. Familiares de las víctimas se han desplazado a la zona y están siendo atendidos por equipos psicosociales.
Investigación en marcha
También se ha confirmado en las últimas horas que la Policía Nacional está llevando a cabo diligencias de investigación tras la tragedia ocurrida este martes por la tarde en la zona de El Bocal de Santander. Las pesquisas se están practicando desde el momento del suceso, y han sido incoadas por la titular de la plaza número 1 de Instrucción del Tribunal de Instancia de Santander, que estaba de guardia cuando sucedieron los hechos.
La Policía comunicó los hechos al Juzgado, que acordó la apertura de las diligencias que ahora se están practicando, y sobre las que tendrá que elaborar el correspondiente atestado.
Los hechos sucedieron antes de las 16.45 horas del martes, cuando se alertó al 112 del colapso de la pasarela de madera y de que un grupo de siete personas, estudiantes del CIFP La Granja de Heras que hacían una ruta por la zona, habían caído al mar.

No solo compramos demasiadas cosas superfluas que no siempre nos hacen falta y que vamos acumulando, sino que después tenemos dificultades para librarnos de ellas
Cuatro consejos de una psicóloga para organizar la mesa de trabajo y favorecer la concentración: “No es un almacén”
La sociedad de consumo moderna ya era un campo de minas para nuestros deseos (y nuestros bolsillos) antes de que nos pusieran todas las tiendas del mundo en la palma de la mano. Sin movernos del sillón, recibimos constantes sugerencias publicitarias en las pantallas de nuestros teléfonos, y estamos solo a un gesto de nuestro dedo de conseguir esos zapatos o ese gadget electrónico.
En las sociedades avanzadas, el acto de comprar ya tiene poco que ver con satisfacer necesidades básicas. Es una cadena compleja de estímulos que a menudo opera en nuestra contra, y que nos lleva a comprar, y almacenar, cosas que no necesitamos y tampoco usamos.
El problema de las compras impulsivas
Para entender por qué nuestros armarios rebosan de ropa que no usamos y nuestros trasteros albergan aparatos electrónicos olvidados, debemos mirar primero a los mecanismos que nos impulsan a comprar. La publicidad ha conseguido a lo largo de su breve historia crear necesidades donde antes no existían. Ya no se venden objetos, sino identidades: un reloj no mide el tiempo, es un símbolo de éxito. Un perfume no disimula el mal olor, es una promesa de despertar el deseo en los demás.
“Hay un primer perfil que son personas que se han criado en un entorno cultural, social o familiar con miedo a la escasez. Es propio de personas de edad avanzada, de otra generación”, explica el psicólogo Tomás Santa Cecilia, director de CECOPS. “Luego tenemos las generaciones actuales, que son personas que se han criado en lo que se llama el síndrome de la adquisición de equipamiento o el consumismo excesivo”, añade.
Si antes la publicidad daba palos de ciego esperando acertar, con la llegada de Internet y la ciencia de los datos se ha perfeccionado la segmentación de la población y los estilos de vida, enviándonos con precisión los mensajes publicitarios de aquellos productos que más encajan con nuestras aspiraciones. ¿Cómo pagarlo? Con la tarjeta de crédito, por supuesto. Unos gastos que aunque sean pequeños, se acumulan: las fugas de dinero en microgastos pueden llegar a sumar cientos o miles de euros al año.
“Vivimos en una sociedad del consumo donde nos crean una falsa necesidad: sin este equipamiento no vamos a poder hacer este deporte, sin estos utensilios no vamos a poder cocinar, etc.”, comenta Santa Cecilia. “Nos hacen pensar que vamos a tener una vida fácil, o que me voy a identificar más con este perfil de población si llevo estas zapatillas, si tengo este robot de cocina o si tengo este coche. Para mí es el perfil más problemático”, afirma.
Pero la trampa no acaba en la compra. La industria perfeccionó hace tiempo la obsolescencia programada: productos con una vida útil cada vez más corta y es necesario sustituir, como ocurre en el caso de la electrónica, o en la industria textil, prendas de baja calidad que se deterioran y pasan de moda en cuestión de meses.
La paradoja del “por si acaso”
El siguiente problema es la incapacidad de desprendernos de lo que hemos comprado. Todos tenemos ese cajón o armario en el que depositamos objetos “por si acaso”. Por si acaso este vestido vuelve a estar de moda, o por si acaso necesito algún día ese cable que ya no recuerdo para qué función. Nos enfrentamos entonces al problema de la acumulación en nuestras casas, un fenómeno que va más allá del simple desorden.
“Tenemos cuatro mecanismos”, explica Santa Cecilia. “El mecanismo hormonal, es decir, la dopamina, la respuesta inmediata; nuestro sistema de creencias, que es lo que nos hace tomar decisiones; la presión del grupo, que nos hace pensar que sin eso seremos un bicho raro; y los comportamientos impulsivos. Nuestro comportamiento debe responder con base en el coste beneficio, no por a la impulsividad o la dopamina”, afirma el psicólogo.
¿Por qué no somos capaces de deshacernos de esas cosas que no necesitamos? La respuesta está en mecanismos que a menudo son inconscientes. Uno de los más poderosos es la falacia del coste hundido: hemos pagado por ese objeto, y desprendernos de él sería admitir que el dinero se perdió. Preferimos conservarlo, aunque ocupe espacio y genere malestar, antes que reconocer el error de la compra.
También desarrollamos apego a que los objetos actúan. Unas zapatillas viejas nos recuerdan una etapa de nuestra vida, lo mismo que un libro subrayado o un vestido que llevamos a una primera cita. Deshacernos de estos objetos se percibe como una ruptura con esa versión de nosotros mismos.
Para Santa Cecilia, “depende del tipo de apego que hayamos desarrollado y de nuestro sistema de creencias. Por ejemplo, hay gente a quienes no les cuesta deshacerse de las cosas, son personas eminentemente racionales, y su comportamiento se rige por la razón, por el lóbulo prefrontal. Y luego hay personas que son más emocionales y se rigen por la emoción, que dicen, bueno, es que a esto le tengo cariño, o me recuerda a alguien o es que esto lo compré cuando estaba en tal sitio”.
La carga mental de la acumulación de cosas y cómo evitarla
Todos acumulamos en cierta medida, pero a veces la cantidad de enseres comienza a interferir en con nuestra vida cotidiana: ropa encima de la cama que nos molesta al dormir, o pedir comida a domicilio porque la cocina tiene la encimera abarrotada.
Cuando la acumulación de trastos se vuelve patológica aparece el llamado síndrome de Diógenes o trastorno por acumulación. Se caracteriza por la dificultad para desprenderse de objetos, independientemente de su valor real, debido a la angustia que genera esta idea. Se trata de un trastorno que afecta gravemente al comportamiento y requiere atención psicológica o psiquiátrica. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser la más efectiva en estos casos.
Aunque para la mayoría de nosotros la situación no llega a estos extremos, hay estrategias que podemos adoptar para superar la acumulación de cosas y deshacernos de lo que nos sobra. Santa Cecilia recomienda esta aproximación para afrontar el problema:
Primero, tomar decisiones con la razón, y evitar tomarlas llevados por la emoción. “Con la emoción no hay acción. Si tengo hambre, entonces no voy al supermercado”, recomienda.
Demorar la respuesta: “demorar nuestro comportamiento un día, dos o una semana hace que nuestro sistema emocional pase a un segundo término”, explica Santa Cecilia. En las compras por Internet, consiste en dejar los productos en el carrito de la compra y esperar 48 horas antes de dar al botón de comprar. En muchas ocasiones nos damos cuenta de que no nos hace falta.
Si entra uno, salen dos: esta estrategia nos obliga a deshacernos de las cosas que ya no usamos antes de comprar algo nuevo. “Si entra, si entra un pantalón en el armario, salen dos, si entra una camisa o un jersey, salen dos”, pone como ejemplo el psicólogo.
El filósofo y diseñador William Morris acuñó una máxima que sigue siendo útil: “No tengas nada en tu casa que no sepas que es útil o que no creas que es hermoso”. Es un filtro que puede mejorar nuestra vida en muchos aspectos.

Con una personalidad que se negaba a ser contenida por convenciones, Lisa Barbier Cristiani reescribió las reglas de la interpretación clásica sin dejar a un lado su espíritu viajero
Cuando Bessie Coleman rompió barreras: la historia de la primera mujer afroamericana en pilotar un avión
La pintora del siglo XIX que recorrió con sus caballetes a cuesta Estados Unidos, América Latina, Japón y Tenerife
Nacida en 1827 en París, Lisa Barbier Cristiani surgió como una figura de insurrección silenciosa dentro de la élite masculina. En una época donde el violonchelo era considerado demasiado viril e indecoroso para una dama, ella reclamó el instrumento como propio. Su presencia en los escenarios no fue solo una actuación, sino una afirmación radical de independencia que transformó las normas sociales en melodía. Con un espíritu que se negaba a ser contenido por convenciones, comenzó a reescribir las reglas de la interpretación clásica. Esta joven, que más tarde sería reconocida como una pionera, entendió que su música era una forma de emancipación frente al canon. A través de su arte, logró cerrar la brecha entre el recato femenino y el poder profundo del violonchelo.
Su viaje comenzó con un arco en la mano, desafiando a un mundo que esperaba obediencia y sumisión de su parte. Para superar el estigma social de la postura del instrumento, Cristiani popularizó el uso de la pica de apoyo o punta metálica. Esta innovación técnica permitió que el violonchelo descansara en el suelo, facilitando una posición aceptable para los estrictos cánones victorianos. Al inclinar el mástil hacia su pecho, creó un abrazo íntimo con la madera, convirtiendo la herramienta en una extensión física. Su instrumento no era común, sino un magnífico Stradivarius de 1700, que hoy lleva su nombre como el chelo “Cristiani”. Esta pieza excepcional había pertenecido a maestros como Duport, pero fue Lisa quien le otorgó su estatus de leyenda eterna. Su técnica permitía una interpretación sensible pero firme que cautivaba a cada audiencia que enfrentaba con gran valor.
Demostró que el virtuosismo no tenía género, usando la inteligencia cinética en lugar de la fuerza bruta, de ahí que su legado permanezca hoy grabado en cada nota de las chelistas modernas que siguen su difícil camino. La escena musical europea pronto se rindió a sus pies, desde Berlín y Viena hasta los escenarios imperiales de San Petersburgo. Felix Mendelssohn, reconociendo su inmenso talento, le dedicó su delicada “Canción sin palabras Op. 109” específicamente en el año 1845. Este gesto de uno de los gigantes del Romanticismo confirmó su posición como una colega profesional en un mundo restringido. Compartió escenario con otros grandes como Adrien François Servais, consolidando su reputación como una solista de primer nivel. En Dinamarca incluso fue nombrada como la primera mujer violonchelista de la corte real pero, pesar de su ascenso meteórico, su pasión secreta era la exploración de lo desconocido más allá de las salas europeas.
En 1849, impulsada por una ambición insaciable, Lisa emprendió un viaje que la llevaría a los rincones más remotos del Imperio Ruso. Dejando atrás la comodidad de las cortes, viajó desde Moscú antes de sumergirse en la vasta naturaleza salvaje de Siberia. Su objetivo era llevar la voz de su Stradivarius a lugares donde tal música nunca había sido escuchada jamás. Partió acompañada inicialmente por una sirvienta y un pianista, decidida a convertir las estepas en su escenario personal. Para Lisa, esto no era solo una gira; era una misión para expandir los límites geográficos de su tiempo. Navegó el inicio de esta odisea con una mezcla de rigor profesional y la curiosidad de una viajera nata. No sabía que este sendero la llevaría a través de veinte mil kilómetros de terreno traicionero y desconocido. Su decisión marcó el comienzo de una de las aventuras más extraordinarias jamás emprendidas por un artista del XIX.
Al cruzar los montes Urales, Lisa entró en un mundo donde la inmensidad del espacio solo era igualada por la severidad extrema. Actuó en los entornos más improbables, desde hogares refinados de la élite hasta las humildes tiendas de los nómadas. En Irkutsk conoció al general Muravieff, gobernador de Siberia, a cuya expedición hacia el Extremo Oriente terminó uniéndose. Esta alianza le permitió avanzar aún más, viajando hacia la desembocadura del río Amur y la costa del Pacífico. El viaje se realizó a través de diversos medios, incluyendo el uso de trineos conocidos como briskas y caravanas. A pesar de las privaciones, encontró belleza en la naturaleza salvaje y “antehistórica” del paisaje siberiano profundo.
Su presencia entre poblaciones como los buriatas y las tribus de la Lena fue un fenómeno cultural absoluto. Era una mujer occidental solitaria, portando un instrumento invaluable a través de una tierra de contrastes. La escala de su odisea es asombrosa, cubriendo los mencionados veinte mil kilómetros durante dos años de travesía. Lisa se movió por el paisaje helado en trineo, a caballo y en buques que navegaban los traicioneros sistemas fluviales. Describió sus viajes como una “empresa temeraria”, involucrando renos, perros y, en ocasiones, incluso caminando a pie. Su ruta la llevó a través de Ojotsk y finalmente a Petropavlovsk, en la remota península de Kamchatka. En estas latitudes extremas, logró la hazaña mítica de tocar su violonchelo para las ballenas a orillas del mar.
Cólera con 26 años
La demanda física de cruzar llanuras nevadas fue un testimonio de su resistencia. Ningún otro chelista occidental se había aventurado tan lejos en los confines orientales del mundo ruso. Sus cartas a Francia ofrecen un relato vívido de una viajera que enfrentó el hielo, la desolación y el viento. Y es que la vida en la ruta siberiana distaba mucho de la imagen romántica que a menudo se encontraba en la literatura gala. Lisa enfrentó un auténtico “infierno de hielo” donde las temperaturas eran extremas y los suministros escaseaban a menudo. En sus cartas, confesó que el eterno manto de nieve congelaba su corazón y la hacía sentir atrapada en una trampa. Los peligros no se limitaban al clima; la amenaza de ataques de bandidos y el aislamiento de las estepas la acechaban. Sintió el peso de la nostalgia, dándose cuenta de que estaba a miles de leguas de su amada patria francesa.
La desolación del paisaje, donde la vida humana era apenas visible, la llenaba de una soledad trágica constante. A pesar de su fatiga, continuó tocando, y su Stradivarius resonaba en el silencio del gran norte siberiano. Su supervivencia dependió de su resiliencia y de la protección de las expediciones militares que acompañaba. La tragedia golpeó justo cuando su viaje legendario parecía alcanzar su cenit durante su regreso por el interior siberiano. En la ciudad de Tobolsk, Lisa Cristiani contrajo cólera, una enfermedad que acabó rápidamente con su vida en octubre de 1853. Tenía solo 26 años, una mujer cuya breve existencia ya había dejado una marca indeleble en la música. Sus últimas cartas revelaron a una mujer que se sentía triste, sola y desgraciada, pero orgullosa de sus logros. Murió lejos de París, en una tierra que la había fascinado y que finalmente terminó por consumirla del todo. La noticia de su muerte dejó un vacío profundo en el mundo musical europeo, donde ya era considerada un mito. Su fallecimiento prematuro consolidó su estatus como figura legendaria de resistencia y afirmación femenina.

En su territorio se encuentra uno de los castros más relevantes del noroeste peninsular, donde la historia celta y las vistas del estuario perduran intactas
Viaje al pasado en Asturias a través de la única mina submarina de Europa que además fue declarada Bien de Interés Cultural
En el extremo suroccidental de Galicia, donde el tramo final del Miño se abre al Atlántico y dibuja la frontera natural con Portugal, se sitúa A Guarda. La localidad gallega concentra un conjunto patrimonial y paisajístico marcado por la desembocadura del río, la línea de costa y una elevación que actúa como referencia constante en el horizonte. El municipio pertenece a la provincia de Pontevedra y forma parte de la comarca del Bajo Miño.
La localidad creció vinculada al estuario y a la actividad marítima. El núcleo urbano se organiza en torno al puerto y se extiende hacia zonas más altas, con el Monte Santa Trega como elemento dominante. Desde distintos puntos del término municipal se observan las costas gallegas y la ribera portuguesa, con la localidad de Caminha al otro lado del cauce. Esa proximidad ha condicionado las relaciones económicas, sociales y militares a lo largo de los siglos.
La posición estratégica del enclave explica la superposición de huellas históricas. Restos medievales, construcciones defensivas levantadas en el siglo XVII y un amplio yacimiento castreño conviven en un espacio reducido. Parte de ese patrimonio cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural, lo que refleja su relevancia dentro del contexto gallego. La combinación entre paisaje, frontera y memoria histórica define la identidad actual del municipio.
Patrimonio histórico y paisaje costero
El puerto constituye uno de los espacios centrales de A Guarda. Aunque no es de grandes dimensiones, mantiene actividad diaria vinculada a la pesca y al marisqueo. En los muelles trabajan profesionales que en muchos casos pertenecen a familias con tradición marinera, lo que evidencia la continuidad de esta actividad a lo largo del tiempo. La relación directa con el mar sigue formando parte de la economía local y del paisaje urbano.
En el frente litoral se encuentran las playas asociadas al estuario del Miño. O Muíño se sitúa en la zona de desembocadura y forma parte del conjunto de arenales fluviales del municipio. A continuación se extiende A Lamiña, también integrada en el entorno del río y rodeada de pinar. Ambas configuran un espacio natural conectado con el paseo marítimo y frecuentado tanto por residentes como por visitantes.
La dimensión estratégica del enclave se aprecia en las fortificaciones conservadas. El Castillo de Santa Cruz comenzó a construirse en torno a 1664, en el marco de la Guerra de Restauración portuguesa del siglo XVII. Para agilizar su edificación se reutilizó piedra procedente de la muralla medieval que protegía la villa. La fortaleza se integraba en el sistema defensivo levantado en el tramo final del Miño para controlar el estuario y reforzar la frontera.
A ese paisaje fortificado se suman restos de la antigua muralla y la Torre del Reloj, antiguo homenaje medieval que fue parcialmente destruido y reconstruido en el siglo XVI. En el puerto se recuerda la función de vigilancia mediante la Atalaya, hoy reconstruida. El patrimonio religioso completa el conjunto, con edificaciones como el Convento de San Benito, fundado en el siglo XVI, además de las iglesias parroquiales de Salcidos, A Guarda y Camposancos y varias ermitas distribuidas por el término municipal.
La concentración de estos elementos en un territorio reducido explica que A Guarda reúna un patrimonio construido y también inmaterial que ha sido reconocido en distintos niveles de protección. La evolución urbana refleja la adaptación progresiva a las necesidades defensivas, económicas y sociales de cada etapa histórica.
El Monte Santa Trega
A 341 metros de altitud se alza el Monte Santa Trega, que actúa como mirador natural sobre el estuario del Miño, el Atlántico y la costa portuguesa. En su contorno se localiza el Castro de Santa Trega, uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes de Galicia y referencia del mundo castreño en el noroeste peninsular.
El asentamiento tiene sus orígenes documentados en el siglo IV a.C. y mantuvo ocupación al menos hasta el siglo III d.C., alcanzando su mayor desarrollo en el cambio de era. Durante ese periodo llegó a configurarse como un poblado fortificado de gran tamaño. Se estima que en su momento de mayor apogeo pudo albergar entre 3.000 y 5.000 habitantes, lo que lo sitúa entre los enclaves más poblados de su ámbito cultural.
El yacimiento ocupa alrededor de 20 hectáreas, aunque solo una parte está excavada y abierta a la visita. Las estructuras visibles corresponden principalmente a viviendas de planta circular y elíptica construidas en piedra, organizadas en unidades que se adaptan a la pendiente mediante terrazas. El conjunto estuvo protegido por murallas y otros sistemas defensivos, lo que refuerza su carácter estratégico y su función de control sobre el territorio circundante.
Estas construcciones, con más de 2000 mil años de antigüedad, permiten reconstruir aspectos de la vida de las comunidades que habitaron el monte antes y durante el proceso de romanización. El enclave fue reconocido en 1931 como Monumento Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural, una declaración que consolidó su protección y su estudio.
En las proximidades de la cima se encuentra el Museo Arqueológico de Santa Trega (MASAT), donde se exponen materiales recuperados en las campañas de excavación y se contextualizan las distintas fases de ocupación. El espacio museístico facilita la comprensión del desarrollo del poblado y de su relación con otras culturas del ámbito atlántico y mediterráneo.
La cima alberga también la ermita de Santa Trega, un Vía Crucis y el cruceiro de San Francisco. Los miradores naturales permiten observar la desembocadura del Miño y la franja litoral de Galicia y Portugal, lo que refuerza la percepción del monte como punto de referencia territorial. En un término municipal de dimensiones reducidas, A Guarda concentra así un conjunto que abarca desde restos de la Edad del Hierro hasta fortificaciones modernas y espacios naturales vinculados al río y al mar.