
El poder siempre es consciente de la importancia de un buen cuento, de una historia grande que oculte lo demás, tapando cualquier barbaridad tras un chicle de fresa
El anterior nota al pie - Tened cuidado
El cinco de abril de 1963, seis meses después de la crisis de los misiles de Cuba, el Gobierno de la Unión Soviética aceptó la propuesta de su contraparte estadounidense de establecer una línea directa entre Washington y Moscú para situaciones urgentes. En realidad, la propuesta original había partido de la URSS, que ya había expresado su preocupación por la posibilidad de que se declarara accidentalmente una guerra, como se afirma en el Memorándum de entendimiento que se firmó en Ginebra en junio de aquel año (la copia del acuerdo está disponible en el archivo digital del Departamento de Estado). Y la primera frase que se transmitió por el flamante sistema decía así, en mayúsculas: THE QUICK BROWN FOX JUMPED OVER THE LAZY DOG'S BACK 1234567890, que vendría a ser, descontando los números, “el raudo zorro marrón saltó sobre el lomo del perezoso perro”.
Dean Rusk, secretario de Estado con John Fitzgerald Kennedy y Lyndon B. Johnson, contaba que el gran ministro de Asuntos Exteriores que fue Andrei Gromiko (sus Memorias son altísimamente recomendables) le llegó a preguntar qué demonios significaba la frase de marras. Teniendo en cuenta que los traductores rusos lo averiguaron enseguida, es obvio que Gromiko estaba ironizando con el pragmático halcón, tan capaz de parar los pies a Douglas MacArthur en Corea como de defender la guerra de Vietnam, que costó la vida de entre dos y tres millones de personas; pero, sea como sea, el mensaje estaba tan poco codificado como la respuesta soviética (una descripción de una puesta de sol en Moscú, según el Criptomuseo de los Países Bajos): era un pangrama, es decir, una frase que contiene todas las letras de un abecedario determinado y que, en el caso del zorro y el perro, se solía utilizar para practicar mecanografía o probar máquinas de escribir, teclados de ordenadores, tipografías y, en efecto, sistemas de comunicación entre superpotencias.
A veces, la realidad es más sencilla de lo que parece. Lo único verdaderamente relevante de esa anécdota es el motivo de que se usaran mayúsculas, y solo lo es por la importancia de lo trivial: que la máquina no tenía minúsculas, lo cual nos lleva al quid de la cuestión. En el imaginario de la mayoría de la gente, aquella “línea caliente” entre la URSS y EEUU era un teléfono; en parte, por esa maravilla cinematográfica llamada Dr. Strangelove que surgió del encuentro de Red Alert (Peter George) con el siempre genial y subversivo Stanley Kubrick y el no menos subversivo Terry Southern, de quien se acaba de reeditar su feroz Candy en castellano, de la que no hablaré porque me toca directamente. Sin embargo, ni era el teléfono rojo de la película ni lo podía ser, por las limitaciones inherentes al lenguaje hablado. Era un teletipo y, aunque no evitó jamás ninguna guerra, entretuvo bastante a sus operadores, que se dedicaron durante años a intercambiar relatos de Mark Twain, Antón Chéjov y demás para pasar el rato o asegurarse de que la línea seguía operativa, como comenta Rusk en As I Saw It, no traducido a nuestro idioma.
Desconozco qué intercambiarán ahora por la red de satélites y fibra óptica que acabó sustituyendo al télex. La guerra fría también fue una guerra cultural –si es que no lo fue sobre todo– y, al no haber ya una verdadera contraposición de modelos culturales, es posible que tampoco se sientan en la necesidad de competir en dichos términos o, simplemente, de fingirse cultos. De lo que no cabe duda es de que, con independencia del tipo de materiales que intercambien por chat y correo electrónico, la ficción sigue teniendo más peso a efectos colectivos que la sobria y cargante realidad. Por mucho tiempo que pase y mucho que se explique, aquel trasto de color negruzco seguirá siendo un teléfono y, además, rojo. No es algo propio de la “cultura pop”, como se ha dicho durante décadas, sino de nuestra especie, aunque solo sea por la razonable pretensión de adornar o simplificar lo complejo. Queremos cosas fáciles y bonitas, fábulas que no nos incordien. Si hay un Kubrick de por medio, liberan; si no, condenan. Y nuestra querencia, que en el ejemplo propuesto en este artículo no tuvo consecuencias graves, puede ser suicida.
Antes de ser secretario de Estado, Dean Rusk estuvo en el Departamento de Guerra de los EEUU y, a pesar de la situación del Extremo Oriente en aquella época, descubrió que los únicos documentos que había en sus archivos sobre esa zona del mundo eran “un ejemplar” de una guía turística (la Murray’s Tourist Handbook), un informe de 1925 de un “agregado militar” británico y “un cajón de artículos” del New York Times. Dusk afirma –y no parece dudable– que corrigió el problema, pero imaginen qué pasa cuando la incompetencia se suma a formas de hacer política que consisten básicamente en un montón de propaganda mediática. Los oficiales estadounidenses de entonces no sabían dónde estaba Indochina, y quién sabe si los de hoy sabían lo suficiente de Irán. De lo que sí son conscientes todos, siempre, es de la importancia de un buen cuento, de una historia enorme que oculte lo demás, tapando cualquier barbaridad tras un chicle de fresa. Piénselo cuando sigan, como yo mismo, la evolución de la Artemis 2. Estando en medio un imperio, ni hay teléfonos rojos ni cohetes que despegan cuando más le conviene al poder.

Un proyecto de la Universidad de Sevilla y la Asociación para la Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía apunta que la comunidad tiene posibilidades dada su gran extensión, sobre todo en la zona de Cádiz
La cartera de proyectos de hidrógeno verde en España ya casi cuadruplica el objetivo del Gobierno
La implantación para la producción de hidrógeno verde avanza en Andalucía con el empuje de inversiones multimillonarias para que la comunidad desempeñe un papel crucial dentro de un sector energético que busca alternativas limpias, rápidas y, sobre todo, eficientes y competitivas. En la actualidad, el Gobierno autonómico apunta que hay 6.200 millones de euros movilizados en diferentes proyectos, entre los que el Valle del Hidrógeno Verde de Huelva cobra vital importancia, ya que soporta toda la cadena de valor y se da paso a la comercialización de la energía. Pero, ¿qué ocurre con su almacenamiento? Una alternativa que cobra cada vez mayor protagonismo consiste en las infraestructuras subterráneas, donde la Universidad de Sevilla y la Asociación para la Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía (AICIA) localizan las áreas más idóneas en el sur.
El almacenamiento subterráneo es una de las líneas de innovación tratadas en el Congreso Europeo del Hidrógeno, que tuvo lugar en Fibes y en el que participó Miguel Antonio Peña, secretario de la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2). Llega y explica con entusiasmo: entiende la divulgación como el primer paso para que la ciudadanía sea partícipe de este proceso que, si bien no verá de forma palpable, significará el logro de unos objetivos marcados a nivel europeo y mundial. Durante su estancia en Sevilla, recorrió los expositores de investigadores procedentes de más de 40 países en las que se mostraron las principales novedades de un sector imprescindible para la transición energética y en el que la innovación apunta hacia la preparación de combustibles en el sector aéreo y náutico o los derivados, como el amoniaco o el metanol verdes.
“La Unión Europea se refiere al valle de hidrógeno como una zona geográfica donde se integra toda la cadena de valor del hidrógeno, desde el almacenamiento, la distribución y hasta el uso final, por lo que es muy importante la inversión para que este recurso no se vaya a otro sitio”, detalla. En este sentido, España es una de las llaves para conseguir la neutralidad climática para 2050 y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90% para 2040 en el continente europeo. En ese entramado, Andalucía goza de abundante espacio, horas interminables de sol y proximidad a los puertos estratégicos del Mediterráneo. “Esta tecnología ya es madura, ahora bien, por fin, comienza a ser comercial”, subraya, sobre todo al compararse con los combustibles fósiles.
La mirada internacional en China
El proceso para obtenerlo parece sencillo: se produce la electrólisis del agua —proceso en el que se separa el agua en oxígeno e hidrógeno—, utilizando electricidad generada exclusivamente a partir de fuentes de energía renovables como la solar o la eólica, por lo que su producción no genera emisiones de CO₂ a la atmósfera. Una tecnología que se remonta a comienzos de la II Guerra Mundial, recuerda el secretario de AeH2, pero los altos costes han impedido históricamente su desarrollo pleno y, con ello, que se haya generalizado de forma global.
“Es el quid de la cuestión: cómo se puede hacer para que los riesgos financieros sean más bajos”, por ejemplo, a través de las ayudas públicas que están dando las administraciones para lograr la independencia energética, más en un momento de inestabilidad internacional en el que un resquicio de autonomía puede inclinar la balanza. A ello, habría que añadir un marco jurídico estable: “Hay que evitar que ocurra lo que pasó con la fotovoltaica hace 15 años en España con el cambio de gobierno”. Por el momento, en el país hay proyectos con una capacidad de 43 GW para 2030, en vez de los 12 GW que había proyectado el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), es decir, el volumen se ha casi cuadriplicado en apenas un lustro.
El posicionamiento en Andalucía también atrae la mirada internacional. Durante la gira realizada en China por el presidente autonómico Juanma Moreno se anunciaron diversos compromisos comerciales, como el aterrizaje de la compañía Hygreen y Coxanbegoa, invirtiendo 2.000 millones de euros en Huelva para el desarrollo de una plataforma industrial que fabrique y suministre sistemas de producción con capacidad de 1.000 MW de hidrógeno. Además, después del verano se construirá otra fábrica de electrolizadores y de baterías de litio en Málaga con una inversión prevista de 152 millones de euros. A todo ello, habría que añadir los proyectos de la petrolera Cepsa en 2023, cuando anunció un montante de 3.000 millones para la construcción de dos plantas en Palos de la Frontera (Huelva) y San Roque (Cádiz).
Cavernas de sal en Andalucía
La investigación científica es primordial para descubrir alternativas, mejorar experiencias o disipar las dudas en la materia. Muestra de ello fue cómo la Universidad de Sevilla presentó varios estudios a los asistentes, entre los que destaca el del almacenamiento subterráneo. El proyecto Fomento del almacenamiento de energía a gran escala en España: un análisis espacial de emplazamientos potenciales en cavernas de sal para el almacenamiento de hidrógeno, en el que participan Alfredo Iranzo, profesor del departamento de Ingeniería Enértica de la US, y Constantin Back, de la Asociación para la Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía (AICIA), hace una cartografía del territorio andaluz para comprobar qué zonas serían las más propensas para instalar este tipo de infraestructuras.
“El hidrógeno es un gas con muy baja densidad y su almacenamiento es complejo: en pequeñas cantidades se hace a presión, pero en grandes cantidades, como cuando tenemos que incorporarlo al sistema energético, se vuelve complicado. Una de las alternativas son las cavernas de sal, donde Andalucía tiene muchísimas posibilidades”, resalta Iranzo en mitad de la nave, en la que ha estado estos días intercambiando observaciones, contactos y experiencias. Las prospecciones geológicas darán luz verde a que se construyan o no, pero antes, hay una serie de requisitos a cumplir para que sean viables desde el punto de vista económico: próximas la futura red troncal de transporte de hidrógeno y de gas natural, y cercanos a la costa.
“Hay un sondeo que muestra unas características perfectas para la creación de una caverna de sal en el norte de Jerez de la Frontera”, explica Back a su lado, de la que resalta su cercanía al Puerto de Algeciras o al propio Valle del Hidrógeno Verde que se construye en Palos de la Frontera. Este foco complementaría a las ubicadas en el norte peninsular, zona en la que se encuentran en la actualidad la mayor parte de las cavernas de sal. ¿Cómo se haría este proceso? El tamaño estándar de la infraestructura es de 500 metros cúbicos y, una vez localizado el punto fuera de las áreas de riesgo —como los núcleos urbanos o las áreas militares restringidas—, se inyectaría agua en el interior y se procedería a extraer la salmuera. Con la estructura hecha, se pondría la instalación de comprensión y, posteriormente, se inyectaría el hidrógeno. Con el ensamblaje hecho, comenzaría toda la operación.
El estrés hídrico
Un obstáculo que debe salvar la producción de hidrógeno verde es el estrés hídrico. En el caso del proyecto en el que está inmerso la Universidad de Sevilla y AICIA explican que para disolver un metro cúbico de sal se necesitan ocho metros cúbicos de agua. “Por eso es muy importante que estén ubicados cerca de la costa, porque así se puede bombear directamente hacia mar. Así, se podría utilizar el agua de mar para disolver la sal y devolver ese 99% del agua salada al mar”, consolidando así un circuito sostenible en el que apenas hay desperdicio.
Con respecto al estrés hídrico que sufre el entorno para la producción de hidrógeno verde, el secretario de AeH2 subraya que, en todo caso, siempre será menor en comparación a las energías fósiles. En base a los cálculos internos de la entidad, se ha comprobado que ir en coche desde Barcelona a Madrid requiere 219 litros de agua, mientras que un vehículo que utilizara esta energía solo requeriría 94 litros. Por otra parte, señala que de 8,5 hectómetros cúbicos de agua se generan 11,5 de hidrógeno convencional, mientras que con 7,5 hm³ se logran 8,5 de energía verde.
En comparación, Peña determina que las pérdidas de las redes de agua en las ciudades por su escaso mantenimiento o deterioro son “muchísimo mayores” de lo que se necesita para la tecnología del hidrógeno de cara a 2050. “El agua se recupera, al menos en el entorno más próximo”, de ahí, la importancia de que los valles de hidrógeno que están proyectados en el país dispongan de toda la cadena de valor, desde la producción hasta su consumo. Otra cuestión sería aprovechar las infraestructuras de las antiguas centrales térmicas de carbón o de otras plantas intensivas que hayan cesado su actividad, con el fin de reconvertir todo el armazón productivo. Una conversión en la que Andalucía ya se ha metido de lleno.

En 2019, Juhee Mun abrió una papelería especializada en Seúl y puso en marcha una exitosa iniciativa para que sus clientes se escribieran cartas
La obra colosal de Jane Smiley: la ambición de contar qué pasa en una vida de cien años
En 2019, Juhee Mun decidió dar un giro a su vida con la apertura de su propio negocio: Geulwoll, una papelería ubicada en el barrio de Yeonhui-dong, al oeste de Seúl. Apenas dos años más tarde, abrió una segunda tienda en Seongsu-dong, en la zona este. Contra todo pronóstico, un negocio a priori tan contrario al espíritu de estos tiempos triunfó, y además con una apuesta muy personal: no se trata de una librería al uso, con periódicos y básicos de material escolar, sino de un espacio especializado en la escritura de cartas donde se pueden encontrar todo tipo de papeles, sobres y otros utensilios. Y, aún más importante, donde pueden unirse a una especie de club para cartearse entre ellos.
Para cambiar una tendencia, es necesario que alguien se ponga en marcha. Hoy ya no se escriben cartas a la manera tradicional –a mano, para enviarlas por correo postal, con su sobre y su sello–, de modo que, para reintroducir este hábito, tras detectar que había gente con ganas de hacerlo, pero que no tenía a nadie a quien dirigirse, Juhee Mun montó un servicio de pen pal o amistad por correspondencia que pone en contacto a desconocidos de diferentes edades, orígenes e intereses que comparten, eso sí, esta afición. Solo hay una regla: para apuntarse, hay que empezar escribiendo una carta a un desconocido. Después, se podrá recibir una a su vez y seguir ampliando el círculo.
La autora habla de la excelente acogida de esta iniciativa en El encantador arte coreano de escribir cartas (2022; Salamandra, 2025, trad. Antonio Padilla), que, lejos de ser una guía de instrucciones en la estela de Marie Kondo, se propone compartir sus reflexiones para animar a los indecisos a dar el paso. El hecho mismo de establecer una papelería ya dice mucho: la montó porque quiso, sin que nadie se lo pidiera y en contra de cualquier indicador comercial. Poco a poco, a medida que organizaba el club de pen pal, exploró las posibilidades de este hábito, tanto en los aspectos prácticos –como los tipos de papel o la historia de los sellos– como en lo que les aportó a los grandes escritores de cartas.
El retorno a lo analógico

Sin pergeñar un libelo en contra de lo digital, la autora reivindica un regreso a un hábito analógico, que para los jóvenes no es un retorno, sino una primera toma de contacto. Esa decisión lleva a vivir con otro ritmo, una lentitud bien entendida que conecta con lo más íntimo, con lo que nos hace más conscientes, más presentes. Solo el hecho de escribir a mano implica un esfuerzo para fijar unas ideas sobre el papel –da igual sobre lo que se escriba, se puede comenzar con un modelo de carta genérico– que entrena la memoria y el cerebro en general de una manera que las herramientas informáticas –rápidas, llanas y efímeras, que agilizan cualquier proceso– no pueden igualar.
La carta manuscrita tiene, además, la cualidad de ser única, personalizada; una prueba de que alguien se ha tomado el tiempo no solo de ponernos por escrito unas palabras exclusivas para nosotros, sino de elegir el papel en el que lo hará, de pegar un sello al sobre, de llevarlo al buzón o a la oficina de correos. El correo electrónico eliminó estos pasos en aras de la velocidad y con ello acabó con la costumbre de conservar las cartas como recuerdo material de la relación con alguien. La autora da importancia a la faceta de la carta como manualidad e incluso anima a decorarlas para hacerlas más personales. La desaparición de las papelerías también está haciendo que se pierdan ciertas aficiones –el collage, la decoración, la papiroflexia– para las que estos negocios proporcionaban recursos. Escribir cartas y enviarlas es una forma más de negarse a vivir solo en pro de lo útil, lo productivo. Es volver a ser dueños de nuestro tiempo, de ir a contracorriente.
Antídoto contra la soledad
La tienda de Juhee Mun vende algo más que productos: ofrece compañía, la posibilidad de conocer gente, de cultivar un nuevo hábito que aporte gratificación y amistades. Pone en contacto a personas que de otro modo no se habrían cruzado por la diferencia de edad o por pertenencia a círculos distintos y con ello combate uno de los peores problemas de estos tiempos: la soledad, que afecta tanto a jóvenes como a mayores. Saber que alguien nos dedica un rato, que se toma unos minutos en pensar qué va a decirnos, y hacerlo uno mismo a su vez, es un lujo cada vez más preciado: el regalo de la atención plena.
Y para uno mismo también resulta enriquecedor; es más, la autora sugiere que evitemos hacer un monólogo al escribir y, en cambio, mostremos interés por el otro, respondamos a lo que nos cuenta sin acaparar con nuestras preocupaciones. Es un acto de generosidad semejante al de ayudar a alguien o colaborar con una campaña solidaria; darse al otro, si se hace por voluntad propia y sin forzarse, es también una manera de sentirse mejor con uno mismo, de transmitir una bondad, un afecto y un altruismo contagiosos que forman una red. Porque una carta no va de uno ni del otro, sino del vínculo único que se crea.
La reivindicación de una artesanía
Habrá quien opine que la autora examina los tipos de papel y sobre, recomienda libros sobre cartas e investiga el mecanismo de los sellos porque, al fin y al cabo, los vende; no obstante, se percibe algo más, una verdadera vocación desinteresada de facilitar esta práctica. De hecho, también reflexiona sobre aspectos no comercializables, como dónde escribir o a qué hora del día hacerlo (sí, saca mucho jugo a la experiencia), además de dar consejos para que los menos avezados sepan cómo romper el hielo.
Por mucho que lo que importe es ese bien inmaterial al que dan sentido las palabras, no se debe menospreciar el envoltorio, la manualidad, que dice mucho de la persona que lo remite y de cómo ve a su interlocutor. Cuanto más se conoce al otro, más confianza hay, más oportunidades de hacerle pequeños regalos personalizados, aunque sean una simple pegatina simpática de algo que le agrade. Por otro lado, el ritual de elegir los materiales, de ir hasta la papelería, observar, tocar y seleccionar, puede suponer un placer, como el de cuando íbamos al colegio y estrenábamos un cuaderno; y puede motivarnos más que un folio blanco corriente.
Mucho más que un producto
Se suele atribuir a los camareros el papel de psicólogos improvisados; sin embargo, el testimonio de Juhee Mun invita a pensar que, en cierto modo, una librera –una librera que escucha, que atiende a las necesidades particulares de cada cliente– también lo es. Además de la amistad que surge mediante la correspondencia, al acudir a la papelería los lectores tejen lazos con la dueña, que los asesora con un mimo que ningún algoritmo es capaz de igualar. Porque no solo proporciona remedios, sino que acompaña, alienta, guía para que descubran una afición que les dé esa plenitud que no hallan en su vida.
Comparte algunos casos, como el de una mujer que le “confesó que lo que la impulsó a participar en el servicio fue el deseo de recibir unas palabras de ánimo […] me explicó que en ese instante se sentía deprimida y cansada de todos”. El hecho de dirigirse a un desconocido, según la autora, ayuda, por cuanto nos da más libertad, más posibilidad de empezar de cero, de mostrar una faceta que el día a día mantiene dormida. Y es que, al escribir, al volcarnos en un texto tan íntimo como una carta manuscrita, quizá somos más nosotros mismos que nunca, nos abrimos más, atendemos más, sin la cháchara, los prejuicios o el ruido que a menudo allanan los encuentros cara a cara.
Hay una profundidad en cada carta que nace del pensamiento reposado, de la conciencia de emprender una acción sin automatismos. Cada carta es, o puede ser, un refugio si así lo queremos, si así lo promovemos; y también una papelería puede serlo. Con el tiempo, las cartas atesoradas constituyen un documento de memoria, incluso de literatura (ahí están las de diferentes personajes históricos, no solo escritores).
Y, dado que Geulwoll nos queda un poco lejos, podemos encontrar amigos por correspondencia en páginas como Penpal, Global Penfriends, Slowly, Swap-bot, Penpal World o Postcrossing. O, por qué no, podemos sorprender a un amigo que vive lejos o proponer la actividad en nuestro barrio. Atreverse a dar el paso, como dice Juheen Mun, merece la pena: “La simple acción de escribir resulta liberadora y nos reconforta. Me parece que este efecto mágico es lo que explica la constante popularidad del servicio de amigos por correspondencia. […] las cartas me han enseñado a relacionarme de otra manera, a que ir más despacio es posible y además muy hermoso. Y que escribir, a veces, es la forma más sincera de volver a estar cerca de alguien”.

La presunta alarma asistencial "inédita", que ya no era tanta en 2021, no era la razón de prolongar las prácticas de contratación irregular durante tres años más. ¿Cuál fue entonces la causa real?
Se han comenzado a celebrar los actos presenciales de los tres juicios en los que, actualmente, están imputados los gerentes del SAS que dirigieron esta entidad durante y tras la epidemia de Covid 19, Miguel Ángel Guzmán, Diego Vargas y Valle García. Como es sabido, durante los momentos más graves de dicha epidemia, surgida en 2020, existió una Ley de emergencia que amparaba prácticas como la contratación a dedo, debido a la necesaria rapidez en atajar la severidad de la situación.
No obstante, esta Ley caducó cuando la situación mejoró y, de hecho, la Junta de Andalucía recibió una nota expresa de Hacienda el 18 de junio de 2021 para que se dejara de usar este procedimiento. A pesar de ello, la Junta lo siguió utilizando durante casi tres años más, lo que propició una decena de informes de los Interventores del SAS que destaparon, a posteriori, que los contratos que se estaban realizando no tenían cobertura legal.
En marzo de 2023, la OMS declaró el final de la pandemia Covid 19. Por esas fechas, la prensa denunció las prácticas de contrataciones troceadas y a dedo del SAS con clínicas privadas y otras empresas, una práctica que cesó poco después para contrataciones nuevas, aunque adendas de contratos previos extendieron esos pagos hasta mediados de 2024. En base a estos hechos se interpusieron los procesos judiciales mencionados arriba. Aunque un juzgado ha archivado uno de estos procesos, otros han sido potenciados y siguen su curso en el momento actual.
Las razones aportadas en el juzgado y en la prensa por los responsables de la Junta para justificar la prolongada duración de las prácticas de contratación fuera de cobertura legal han sido la existencia de un “problema extremo de salud pública” o “una presión asistencial inédita”. También se ha aducido que la casi exclusiva atención a la epidemia había retrasado la asistencia a otras patologías por parte del SAS, lo que daba lugar a un acúmulo de trabajo que había que afrontar. Y la pregunta es, ¿son estas las razones reales para que se mantuviera esta irregularidad durante un periodo tan prolongado de tiempo? Nosotros creemos que no, como se va a razonar a continuación.
No cabe duda de que la epidemia de Covid 19 fue un problema de salud pública con un importante impacto sanitario que llevó a medidas de aislamiento de la población y sometió a los Sistemas Sanitarios Públicos a un esfuerzo de gran magnitud. Esto fue así durante 2020 y 2021. No obstante, la situación fue controlándose paulatinamente a partir de esa fecha gracias a las medidas tomadas: contratación de veinte mil profesionales sanitarios adicionales y vacunación anti-Covid creciente de la población.
Así, el 1 de marzo de 2022, 38 millones de españoles mayores de 12 años habían recibido la vacunación anti-Covid completa y 2 millones de menores de esa edad estaban camino de alcanzar dicho nivel de vacunación. Por esas fechas el número de personas con Covid que fallecieron o requirieron hospitalización o ingreso en UCI en España y Andalucía se había reducido de forma drástica, alcanzando niveles parecidos a los de las gripes invernales. Es decir, en España, y en Andalucía, la alarma se había reducido claramente, a pesar de lo cual, en Andalucía, las contrataciones irregulares continuaron durante varios años más.
Parece que los responsables del SAS, en medio de una alarma asistencial “inédita”, supuestamente persistente hasta 2024, no veían ningún problema en mantener cifras mínimas de profesionales sanitarios, en comparación con todas las demás comunidades autónomas; pero, sin embargo, sí seguían viendo “peligros” en suspender los contratos irregulares con las clínicas y otras empresas privadas
Pero hay, además, otros datos que cuestionan las explicaciones dadas por los responsables de la Junta: la existencia de una profunda preocupación por la situación asistencial. El análisis de la gestión que hizo la Junta del personal sanitario en ese periodo muestra que, en noviembre de 2021, presuntamente según la Junta, en plena situación de alarma asistencial, se despide a 8000 trabajadores sanitarios; y, a partir de ahí, se somete a los 12000 contratos Covid restantes a una situación continua de incertidumbre laboral, lo que resultó en la pérdida adicional de 8500 de ellos en los años siguientes, según fuentes sindicales.
Esto ocurre cuando, a lo largo de este periodo (desde 2020 hasta la actualidad), y a pesar de las contrataciones extras habidas al comienzo del Covid, Andalucía es la comunidad autónoma que presenta las tasas más bajas de profesionales de medicina y de enfermería hospitalarios, así como de camas hospitalarias por 1000 habitantes de España (datos del Ministerio de Sanidad recogidos por los informes anuales de la FADSP). Parece que los responsables del SAS, en medio de una alarma asistencial “inédita”, supuestamente persistente hasta 2024, no veían ningún problema en mantener cifras mínimas de profesionales sanitarios, en comparación con todas las demás comunidades autónomas; pero, sin embargo, sí seguían viendo “peligros” en suspender los contratos irregulares con las clínicas y otras empresas privadas.
El bajo número de personal sanitario y de recursos no debió parecer alarmante ni digno de ser corregido al gobierno de Moreno Bonilla, puesto que aún hoy persiste este déficit. En este sentido, es interesante destacar aquí como, a finales de 2021, la prensa recoge el éxodo de 600 profesionales de enfermería andaluces a Cataluña, una sangría que ha continuado después.
Por lo tanto, la presunta alarma asistencial “inédita” que, como se ha visto, ya no era tanta en 2021, un hecho, además, constatado y demostrado por la política de personal sanitario de la Junta, no era la razón de prolongar las prácticas de contratación irregular durante tres años más. ¿Cuál fue entonces la causa real?
Nosotros pensamos que, muy probablemente, la decisión de continuar con la práctica de contratación irregular con las clínicas y otras empresas privadas se relaciona con la ideología que dirige la política sanitaria desarrollada por el actual gobierno de la derecha desde su llegada. Esta puede definirse en dos puntos.
En primer lugar, producir un deterioro continuo de la Sanidad Pública mediante una escasa financiación, plantillas mínimas y desinversión paulatina, lo que determina que, al presente, el número de personas en listas de espera inaceptables ronde los dos millones. Simultáneamente, un incesante aumento de la derivación de fondos públicos no solo a las clínicas privadas, sino también a otros sectores privados como por ejemplo la de productos de farmacia, un sector que recibe unos fondos muy aumentados, debido a la reducción de las medidas de abaratamiento y control del gasto (suspensión de las subastas, bajo uso de genéricos y biosimilares, escaso empleo del decreto 512/2015 que permite abaratar la farmacia de los centros socio-sanitarios).
Con este horizonte, las compañías de seguros sanitarios privados prosperan sin cesar, favorecidas no solo por el deterioro de la Sanidad Pública sino, además, por medidas ventajosas emanadas de la Junta, como el pago del “complemento de exclusividad” a todos los médicos del SAS y no solo a los que trabajan exclusivamente en la Sanidad Pública o la eliminación de la incompatibilidad público/privada de los cargos intermedios, medidas curiosamente activas durante toda la pandemia y hasta la actualidad.
En definitiva, lo que el Gobierno de Moreno Bonilla viene intentando desde el principio es cambiar nuestro concepto de salud: hasta ahora la salud era un derecho igual para todos, gracias a una Sanidad Pública potente y bien dotada, financiada con nuestros impuestos; ahora, este gobierno quiere cambiar ese concepto por el de la salud es un negocio, donde cada ciudadano puede elegir, según su riqueza, el nivel de salud que quiere tener, comprándolo en el sector privado.
En este contexto ideológico, es muy posible que la epidemia de Covid 19 fuera vista por el gobierno actual como una oportunidad para cumplir su intención de apoyar la privatización sanitaria mediante la derivación de fondos públicos a dedo (sin control) a las clínicas privadas y a otros sectores privados, tratando de encubrirlo amparándose en la severidad y supuesta persistencia de la pandemia, incluso fuera del marco temporal de la misma. Piénsese que, a finales de 2022, ya se planteó la privatización de la Atención Primaria y el uso de los centros públicos por las empresas privadas (Orden del 25 de febrero de 2023), dos medidas que la oposición de la calle no permitió.
Creemos que estos datos y razonamientos deberían ser considerados en los juicios mencionados al principio.
José Antonio Brieva Romero (exjefe de servicio de Inmunología Clínica; Hospital Universitario Puerta del Mar, Cádiz; jubilado)
Antonio Vergara de Campos (exjefe de sección de Enfermedades Infecciosas, Hospital Universitario de Puerto Real, Cádiz, jubilado)
Luis González Sanz (exfacultativo del servicio de Siquiatría, Hospital Universitario Virgen del Rocío, Sevilla; exAdjunto a la Secretaría de Acción Sindical de Sanidad Andalucía, CCOO, Sevilla, jubilado).
Manuel Torres Tortosa (exjefe de sección de Enfermedades Infecciosas del Hospital Punta Europa, Algeciras, Cádiz; jubilado)
Son miembros de Marea Blanca y la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Andalucía.

La tradición cristiana sitúa en esta jornada la resurrección de Jesús, un giro que transforma el sentido de los días anteriores y cierra el relato
Sábado Santo: qué conmemora este día de la Semana Santa
Después del silencio del Sábado Santo, la Semana Santa da un giro completo. El Domingo de Resurrección, también conocido como Domingo de Pascua, rompe con el tono de duelo de los días anteriores y se presenta como una jornada de celebración. Es el momento en el que, según los textos bíblicos, todo cambia: la muerte no es el final y el relato da un vuelco inesperado. Entender qué se celebra el Domingo de Resurrección es entender por qué este día es el más importante de todo el calendario cristiano.
Qué ocurrió el Domingo de Resurrección según la Biblia
El Domingo de Resurrección conmemora el momento en el que, según los Evangelios, el sepulcro donde había sido enterrado Jesús aparece vacío. Son varias mujeres las que, al acudir a visitarlo, descubren que el cuerpo ya no está y reciben el anuncio de que ha resucitado.
A partir de ahí, los textos relatan distintas apariciones de Jesús a sus seguidores, confirmando que ha vencido a la muerte. Este episodio es el que da sentido a todo lo ocurrido durante los días anteriores: la crucifixión deja de ser el final para convertirse en un paso dentro de una historia mayor.
El Domingo de Resurrección no es solo un momento puntual, sino el punto de partida de todo lo que vendrá después en la tradición cristiana.
Domingo de Resurrección: significado y por qué es un día clave
El Domingo de Resurrección representa la victoria sobre la muerte y el paso del duelo a la esperanza. Si el Viernes Santo simboliza el dolor y la pérdida, este día simboliza justo lo contrario: la continuidad y el renacer.
Desde un punto de vista narrativo, es el giro que redefine todo el relato. Sin este episodio, la historia terminaría en la crucifixión. Con él, adquiere un nuevo significado.
También es un día que marca un cambio de tono evidente. La tristeza, el silencio y la contención de jornadas anteriores se transforman en celebración. Por eso, dentro de la Semana Santa, el Domingo de Resurrección funciona como cierre, pero también como inicio de algo nuevo.
Cómo se vive hoy el Domingo de Resurrección en España
En España, el Domingo de Resurrección se vive de forma muy distinta al resto de la semana. Las procesiones, donde las hay, son más luminosas, la música cambia y el ambiente se vuelve más festivo.
En algunas ciudades, se celebran encuentros simbólicos entre imágenes que representan la resurrección, marcando visualmente ese cambio de etapa. También es un día más familiar, asociado en muchos casos a comidas y reuniones que ponen fin a la Semana Santa.
Más allá de la práctica religiosa, el Domingo de Resurrección se ha integrado como una jornada de cierre y celebración dentro del calendario cultural. Incluso quienes no siguen la tradición reconocen este día como el final de un periodo especial.
Al final, el Domingo de Resurrección no solo cierra la Semana Santa: redefine todo lo que ha ocurrido antes. Es el momento que transforma una historia de caída en una de continuidad, y el motivo por el que, año tras año, este relato sigue teniendo eco en la sociedad actual.