
Ganó nueve títulos y fue la 88ª jugadora del mundo, pero Aliona Bolsova también destacó por su curiosidad intelectual y por romper moldes estéticos y sociales
El sorprendente ranking de Rafa Jódar y cómo llega el tenista madrileño al torneo de Roma y cómo podría llegar a Roland Garros
¿Cuántos kilos de tierra batida se llegan a usar en un torneo de tenis? ¿Y cuántas bolas utilizan los jugadores?
La tenista Aliona Bolsova ha decidido guardar su raqueta para siempre y bajar el telón de su carrera profesional en el mismo lugar donde sus sueños empezaron a cobrar forma competitiva. Nacida en la ciudad moldava de Chisináu pero afincada desde su infancia en Palafrugell, en la provincia de Girona, esta deportista ha representado la dualidad de una identidad forjada entre dos tierras lejanas. Su despedida oficial del tenis se ha producido en el torneo WTA 125 de La Bisbal d’Empordà, un escenario cargado de simbolismo emocional situado a escasos kilómetros de su hogar.
A los veintiocho años, la tenista catalana cierra un ciclo vital marcado por la búsqueda constante de su propio bienestar emocional y personal. Se retira con la paz de haber cumplido sus objetivos personales, priorizando ahora su salud sobre la exigencia del circuito. El adiós definitivo tuvo lugar en un ambiente de profunda camaradería y respeto deportivo frente a su gran amiga Marina Bassols sobre la pista gerundense. Aunque el marcador final favoreció a su rival, el resultado fue lo de menos en una jornada dedicada enteramente al tributo. Bolsova demostró su carácter combativo hasta el último segundo, forzando un tenso desempate que mantuvo al público expectante antes del abrazo final en la red.
Tras el encuentro individual, la jugadora aún se permitió un “último baile” profesional participando en el cuadro de dobles junto a la propia Bassols. Fue un cierre circular y coherente para una atleta que siempre valoró los vínculos humanos por encima de las frías estadísticas. La trayectoria de Bolsova alcanzó su cenit mediático durante el torneo de Roland Garros en su edición de 2019, donde llegó de forma sorprendente a octavos de final. Aquella incursión desde la fase previa la situó bajo un foco internacional que, paradójicamente, llegó a abrumarla profundamente debido a su naturaleza reservada y discreta.
Logró alcanzar el puesto 88 del ranking mundial, una cifra que ella siempre consideró secundaria frente a la necesidad de sentirse plenamente realizada. Para Aliona, el éxito en el tenis nunca se midió en trofeos o posiciones, sino en la capacidad de mantener su integridad personal intacta. Siempre fue una jugadora que cuestionó los estándares tradicionales de triunfo, buscando un camino mucho más auténtico y propio. Conocida por ser una tenista “underground”, Bolsova rompió moldes estéticos y sociales en un circuito que a menudo percibía como excesivamente superficial y elitista. Su preferencia por jugar con pantalones cortos en lugar de la tradicional falda fue solo una muestra externa de sus profundas convicciones feministas y sociales.
Se sentía mucho más cómoda en ambientes liberales y diversos, alejándose voluntariamente del mundo de las grandes apariencias, los patrocinadores influyentes y los egos desmedidos. Esta autenticidad la convirtió en una figura referente para quienes buscan un deporte más humano, solidario y consciente de la realidad. Para ella, el tenis era una profesión, pero nunca permitió que esa identidad definiera la totalidad de su ser.
Sin embargo, el camino hacia esta paz interior no estuvo exento de momentos que pusieron a prueba su salud mental desde joven. A los dieciocho años ya optó por una primera retirada temporal debido a problemas de alimentación y una presión insoportable que no sabía gestionar. En aquel entonces, veía el tenis profesional como un “agujero negro” del que necesitaba escapar desesperadamente para poder sanar sus traumas de infancia. Aquella etapa en Estados Unidos, compaginando el estudio con el tenis universitario, fue su tabla de salvación para reconstruir una identidad que se sentía fragmentada. Fue un periodo necesario de alejamiento para entender que su bienestar físico y psicológico era lo más importante.
Su regreso al circuito profesional estuvo motivado por un deseo pragmático de independencia económica y por la voluntad de encarar sus miedos. Con la madurez de quien ha estado en el abismo, Aliona decidió utilizar el deporte como una herramienta de introspección para reconciliarse con su pasado. Logró ganar nueve títulos individuales del circuito ITF y representar a España en siete eliminatorias de la prestigiosa Billie Jean King Cup. Cada victoria en la pista era secundaria al proceso interno de entender que su valía personal no dependía de un resultado. El tenis se convirtió así en un campo de entrenamiento no solo físico, sino también para su propio autodescubrimiento emocional.
Curiosidad intelectual
A pesar de sus logros, Bolsova nunca ocultó su incomodidad con los ritmos frenéticos y la exigencia de un calendario que consume la energía vital de los jugadores. La tenista ha criticado abiertamente la falta de descanso en la sociedad actual. Para ella, estar veinticuatro horas centrada en la profesión suponía un sacrificio que ya no estaba dispuesta a realizar a cambio de subir puestos. Prefirió la solidaridad de los torneos de menor categoría, donde las jugadoras se apoyan mutuamente, frente a la fría competitividad de la élite. Esta visión crítica sobre la salud mental y la precariedad del sistema la desmarcó del discurso deportivo más convencional.
Fuera de las líneas blancas de la pista, su curiosidad intelectual la llevó a cursar estudios superiores de Historia, Geografía e Historia del Arte con éxito notable. Aliona se describe como una apasionada de la escultura clásica, dedicando sus ratos libres entre torneos a estudiar apuntes y preparar exámenes finales en la universidad. Esta faceta académica le ha permitido entender que existe un mundo vasto y fascinante más allá de la etiqueta reduccionista de “tenista profesional”. Ahora se preparará para explorar otras salidas profesionales que conecten con sus verdaderas inquietudes vitales. Su retirada no es un final, sino el comienzo de una etapa donde podrá explotar todas sus facetas ocultas.

La diputada de centroizquierda Anayeli Muñoz criticó a la presidenta en un encuentro en el aeropuerto. La respuesta de Ayuso: "¿Pero les he insultado? ¿Les he ofendido? ¿He dicho 'maldigo México', 'malo México'?"
“Mestizaje”, “evangelización” y Hernán Cortés: Ayuso y Nacho Cano celebran un acto en México con protestas de grupos indígenas
Isabel Díaz Ayuso lleva dos días de gira en México. Estará diez. Pero ya se ha encontrado con la oposición de la presidenta, Claudia Sheinbaum, y, desde esta madrugada, con la de la diputada Anayeli Muñoz: “Le falta el respeto a nuestra cultura, a nuestro país y a nuestra democracia”.
El encuentro ha tenido lugar en el aeropuerto de Aguascalientes (en el centro del país), donde la parlamentaria del partido de centroizquierda Movimiento Ciudadano se cruzó con la presidenta de la Comunidad de Madrid. “No estoy de acuerdo con el reconocimiento que le van a entregar. Yo sé que no es su culpa, se lo digo con mucho respeto. A usted la invitaron, pero usted ha realizado unas expresiones contra las y los mexicanos con las que no estoy de acuerdo”, le ha dicho Muñoz, sobre una medalla que le entregará el Congreso de Aguascalientes a propuesta de la derecha mexicana, el Partido Acción Nacional (PAN), y sus socios legislativos. El premio, dicen, se justifica por su labor en favor de las libertades. Morena, la izquierda mexicana, se posicionó en contra.
La respuesta de Ayuso: “¿Pero les he insultado? ¿Les he ofendido? ¿He dicho 'maldigo México', 'malo México'?”. Anayeli Muñoz se refiere a las múltiples declaraciones de la jefa del Ejecutivo madrileño en las que ha negado los abusos de conquistadores españoles en el país americano. Los abusos los cometían los aztecas y mayas, según Ayuso, que considera que “llegamos los de la Cruz y pusimos un nuevo orden y, sobre todo, una forma de entender que la vida es sagrada”. “Había que civilizar y trasladarle al Nuevo Mundo una forma diferente de vivir. Es de lo que estoy muy orgullosa y he reivindicado siempre”.
Para la diputada mexicana, no obstante, “es importante reconocer los abusos”, como le ha espetado en el aeropuerto. “En repetidas ocasiones ha dicho que España tuvo que venir a 'civilizarnos'. Le falta el respeto a nuestra cultura, a nuestro país y a nuestra democracia”, ha añadido más tarde en su perfil de redes sociales, donde ha compartido el vídeo del encuentro. También le recriminó que escriba México con 'jota' y no con 'equis'. “Muy bien, venga”, dice de vuelta Ayuso.
“Qué vergüenza que en Aguascalientes premien a quien menosprecia a nuestra gente”, sentencia Anayeli Muñoz en su perfil de Instagram.
El lunes, en una rueda de prensa, Ayuso habló de “las supuestas conquistas” y pidió “dejar de comprar la visión siempre acomplejada del choque y el enfrentamiento, para estar unos y otros divididos con las gafas del pasado”.

El grupo parlamentario recuerda a la Mesa de la Cámara Baja que el reglamento establece las faltas de respeto como infracción muy grave, castigada con la retirada de la acreditación
El agitador ultra Bertrand Ndongo llama “idiota” a la diputada Aina Vidal (Comuns) en el Congreso
El grupo parlamentario de Sumar ha presentado este miércoles una denuncia ante la dirección de comunicación del Congreso de los Diputados contra el agitador de extrema derecha Bertrand Ndongo por insultar e intimidar físicamente a la portavoz adjunta de la formación, Aina Vidal, el martes. Ndongo, acreditado como redactor en la Cámara Baja por el pseudomedio Periodista Digital, llamó “idiota” en repetidas ocasiones a Vidal al finalizar una rueda de prensa y, posteriormente, la acosó en las inmediaciones del Congreso, llegando a impedirle durante unos momentos acceder a un taxi.
La denuncia se presenta ante la dirección de comunicación, que es la encargada de abrir la investigación sobre los hechos, pero tiene como destinataria final a la Mesa de la Cámara Baja. Allí Ndongo —así como el también activista ultraderechista Vito Quiles— tiene abierto ya un expediente pendiente de resolución por haber protagonizado otros altercados, en ocasiones con gritos e insultos y obstaculizando el trabajo de la prensa. En su denuncia, Sumar califica de falta de respeto “grave” los insultos proferidos por el agitador contra Vidal, y señala expresamente la “actitud agresiva” que mantuvo durante el episodio y que se “encaró” con diferentes periodistas que le afearon su modo de proceder, “provocando un clima de tensión entre todas las personas presentes”.
“Pasados varios minutos, ya en las inmediaciones del Congreso”, cuando Vidal y parte de su equipo salían del edificio, Ndongo “se apresuró hasta su posición obstaculizando el paso de la diputada, impidiendo con su cuerpo que esta pudiera acceder al taxi, mientras seguía con su hostigamiento y las faltas de respeto continuadas, hasta que finalmente la señora diputada pudo abrir la puerta” y acceder al vehículo, relata la denuncia.

Bakio, Landa, Moskurio y Salurriaga conservan el reconocimiento en 2026 gracias a sus condiciones ambientales, servicios, accesibilidad y seguridad para bañistas
La ciudad gallega con más de 10 km de playa y numerosos monumentos en uno de los paseos marítimos más largos de Europa
Euskadi mantiene en 2026 las cuatro Banderas Azules que ya obtuvo el año pasado. La lista vuelve a estar formada por Bakio, en Bizkaia, y por las tres zonas de baño de interior situadas en Álava: Landa, Moskurio y Salurriaga. La relación vuelve a reflejar cómo se distribuye este distintivo en Euskadi: una playa marítima en la costa vizcaína y tres espacios vinculados al embalse de Ullibarri-Gamboa.
El reconocimiento se concede cada año a playas, puertos y zonas de baño que cumplen una serie de condiciones relacionadas con la calidad del agua, la seguridad, los servicios, la accesibilidad y la gestión ambiental. En este caso, la cifra no cambia respecto a 2025, aunque sí vuelve a llamar la atención el peso de las áreas interiores. Tres de los cuatro puntos reconocidos no se encuentran junto al mar, sino en un entorno de agua dulce utilizado durante la temporada de baño y también para actividades al aire libre.
Bakio mantiene la Bandera Azul desde 2020 y sigue siendo la única playa galardonada en Euskadi. Landa, Moskurio y Salurriaga, por su parte, conservan el sello desde 2016, de modo que cumplen una década dentro del programa. El reconocimiento llega en una edición en la que España vuelve a encabezar el listado internacional, con 677 playas distinguidas, 35 más que el año anterior. La Comunitat Valenciana lidera la clasificación autonómica, con 151 banderas, seguida de Andalucía, Galicia y Catalunya.
Las playas con Bandera Azul en Euskadi
Bakio es la única playa vasca incluida en 2026. El arenal se encuentra en el municipio vizcaíno del mismo nombre y es uno de los espacios de baño de referencia de la costa de Bizkaia. En Álava, las tres Banderas Azules se concentran en el entorno del embalse de Ullibarri-Gamboa. Landa se ubica en el municipio de Arratzua-Ubarrundia; Moskurio corresponde a Garaio Norte, en Barrundia; y Salurriaga se sitúa en Garaio Sur, dentro del término municipal de Elburgo. Las tres zonas forman parte de espacios preparados para el baño y el uso recreativo durante los meses de verano.
Estos casos resultan relevantes porque muestran que el distintivo no se limita únicamente a playas costeras. Las zonas de baño continentales también pueden obtenerlo si cumplen los requisitos establecidos por el programa. En el embalse, estos espacios combinan el baño con otros usos, como paseos, rutas en bicicleta, actividades acuáticas y observación de aves en el entorno. Esa variedad obliga a mantener una gestión compatible con la afluencia de visitantes y con la conservación del área.
Landa, Moskurio y Salurriaga han renovado el reconocimiento de manera continuada desde 2016. Durante la temporada de baño cuentan con servicios asociados al uso público, como vigilancia, socorrismo, duchas, aseos y accesos acondicionados. También disponen de recursos pensados para facilitar el acceso a personas con movilidad reducida, entre ellos pasarelas y rampas hacia el agua.
La continuidad de estas cuatro playas confirma que Euskadi mantiene un mapa de Banderas Azules reducido, pero repartido entre la costa y el interior. Bizkaia aporta la playa marítima y Álava concentra los tres espacios continentales. La distinción no significa que sean las mejores playas del mundo en forma de ranking, sino que han superado los criterios exigidos para conservar el reconocimiento en 2026.
Qué implica el distintivo de la Bandera Azul
La Bandera Azul es un galardón internacional que se concede anualmente desde 1987. En España lo impulsa la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor, conocida como Adeac. Su objetivo es reconocer a playas, puertos y zonas de baño que cumplen unos criterios concretos de calidad, seguridad, servicios e información al usuario. La concesión no es permanente, por lo que debe revisarse cada año.
Los requisitos se organizan en cuatro grandes bloques. El primero está relacionado con la información y la educación ambiental. Las zonas reconocidas deben ofrecer datos visibles para los usuarios sobre el espacio, las normas de uso, los ecosistemas del entorno y, cuando proceda, los espacios naturales cercanos. También se exige un código de conducta que ayude a regular el comportamiento en estas áreas.
El segundo bloque se centra en la calidad del agua. Para recibir la Bandera Azul, los controles oficiales realizados durante la temporada anterior deben acreditar una calidad excelente en los puntos de muestreo. Esta parte es una de las condiciones principales del programa y se basa en análisis periódicos, no en una valoración turística o estética del lugar.
La gestión ambiental es otro de los aspectos que se tienen en cuenta. Las zonas deben cumplir la normativa aplicable, mantenerse limpias y disponer de una recogida adecuada de residuos. También se exige la presencia de baños públicos y, en el caso de playas urbanas o municipios con playas distinguidas, al menos un aseo adaptado para personas con discapacidad.
El último apartado se refiere a seguridad y servicios. Las zonas de baño deben contar con accesos seguros, equipo de primeros auxilios y medios humanos y materiales de socorrismo ajustados a sus características. En las playas urbanas, además, se valora la accesibilidad para personas con discapacidad. Bajo esos criterios, Bakio, Landa, Moskurio y Salurriaga vuelven a formar parte en 2026 del listado de espacios reconocidos con Bandera Azul.

El dispositivo de preseñalización de accidentes, no exento de polémica y campañas de desinformación, sustituye desde el pasado 1 de enero a los triángulos
200 euros y 4 puntos: la sanción por saltarse un semáforo en rojo y cómo recurrirla
La baliza V-16 en autocaravanas: también es obligatoria y dónde colocarla
Tras meses de críticas, intentos de judicialización y campañas de desinformación, Tráfico ha vuelto a defender la puesta en marcha de la baliza V16, el dispositivo de preseñalización de accidentes que sustituyó el pasado 1 de enero a los clásicos triángulos. La función es la misma: indicar que un vehículo ha quedado inmovilizado en la calzada o que su carga se encuentra caída sobre la misma.
“Ha venido para quedarse, no hay marcha atrás. Es un elemento de seguridad importante y es obligatorio. Y también sirve para evitar atropellos”, ha defendido el director de la Dirección General de Tráfico (DGT), Pere Navarro, en el marco de la jornada Peatones y seguridad vial organizada en A Coruña junto al Ayuntamiento y la Federación Gallega de Municipios y Provincias.
Navarro no solo se ha mostrado satisfecho del cambio impulsado por la DGT. De hecho, el responsable sostiene que “todo son ventajas” porque “no hay que bajar del coche”.
Además, a diferencia de los triángulos, este nuevo dispositivo tiene luz y está conectado a la plataforma de la DGT. Diariamente, se registran unas tres mil conexiones en la dirección general, según detalló el responsable durante su intervención.
“Deberíamos estar orgullosos”, ha sostenido Navarro tras el aval de la Comisión Europea (CE), que aseguró de que se trata de un dispositivo que se ajusta al marco jurídico europeo. Ese dictamen abre la puerta a que otros Estados miembros interesados puedan ponerlo en marcha. En cualquier caso, el responsable no escondió su preocupación por los intentos de judicialización.
Mayor tecnología y seguridad
Tráfico impulsó la baliza V16 en sustitución de los tradicionales triángulos de preseñalización de peligro, una alternativa que cuenta con una mayor tecnología y que refuerza la seguridad vial, al evitar que el usuario tenga que andar por el arcén para indicar su situación.
Se trata de una pequeña baliza de color amarillo que está dotada de conectividad, que habilita su conexión con a la plataforma DGT 3.0 para transmitir su ubicación en tiempo real y avisar a otros usuarios de la vía de la situación. Además, es capaz de emitir una luz 360 grados de alta intensidad de forma intermitente y continua al menos durante 30 minutos.
El uso de este dispositivo de emergencia es obligatorio desde el pasado 1 de enero. Según lo establecido en el Anexo XII del Reglamento General de Vehículos, aprobado por Real Decreto 2822/1998, de 23 de diciembre, deben utilizarlo los turismos, vehículos mixtos y automóviles destinados al transporte de mercancías y autobuses.

El jabalí: ¿una amenaza ecológica, una plaga mortal, un monstruo invencible, un ejército que se apodera de España, una especie invasora, un inmigrante?
Nuestro estudio al respecto del jabalí, publicado en la JAE - Journal of Animal Ethics (Revista de Ética Animal, publicada por la University of Illinois Press en colaboración con el Centro Ferrater Mora Oxford para la Ética Animal), muestra que los medios lo retratan de forma sensacionalista, anticientífica y contradictoria, mezclando alarmismo, prejuicio y ficción, y que incluso las imágenes aparentemente “inofensivas” pueden tener efectos sociales inesperados.
Tras analizar más de un centenar de artículos (enero de 2021–enero de 2024) en los cuatro diarios digitales más leídos de España, observamos que el discurso mediático lo convierte en chivo expiatorio y lo trata como si fuera una plaga y una “especie invasora”, atribuyéndole rasgos propios de los humanos: un villano malvado, con agencia y una supuesta agenda de destrucción.
¿Una amenaza ecológica, social y económica?
El crecimiento poblacional de los jabalíes en España se describe en los medios como alarmante. Sin embargo, pese a las advertencias de la comunidad científica que subraya el papel ecológico clave del jabalí, incluso como aliado frente a los incendios forestales, los medios lo han convertido en el villano oficial del campo y la naturaleza. Lo hacen, además, sin precisar qué daños concretos causa, sin aportar datos verificables ni situar los conflictos en un contexto histórico y territorial. El resultado es un animal complejo reducido a la etiqueta de “plaga”. Una etiqueta que, según numerosos investigadores, no solo es simplista, sino también científicamente injustificada. En Catalunya, ni siquiera contamos con estudios de fondo que demuestren que el jabalí sea una amenaza para los ecosistemas, como recuerda Joan Real, del IRBio. Por su parte, Tomàs Marquès i Bonet (ICREA-UPF) lo resume sin rodeos: el jabalí no es el problema; el problema es el desequilibrio que hemos creado los humanos, al que la especie solo se adapta.
Lo mismo ocurre con los artículos que alertan sobre riesgos para la salud pública: se repiten fórmulas vagas, como que “transmiten enfermedades” o “provocan graves problemas de salud”, sin datos, contexto ni proporciones. Los ataques directos a personas son extraordinariamente raros, pero se amplifican con un tono abiertamente alarmista. A eso se suma el retrato del jabalí como amenaza económica, casi siempre ligado a los daños en cultivos y a la idea de un futuro rural en permanente peligro, más construido en base a titulares inquietantes que a un análisis serio.
Matar como gestión
La construcción mediática del jabalí como amenaza ambiental, social y económica casi omnipresente convence al público de que la matanza se perciba como algo lógico, incluso necesario. No es casual: la eliminación de especies etiquetadas como “plagas” o “invasoras” es una práctica de gestión habitual, y buena parte de los artículos presentan la caza como herramienta imprescindible para “controlar” la población. Sin embargo, ni siquiera existe consenso científico sobre su eficacia; al contrario, se ha observado que una mayor presión cinegética puede disparar las tasas de reproducción y hacer crecer aún más las poblaciones. El protagonismo de la caza como solución no solo delata el peso de los intereses económicos del sector y de la industria cárnica, sino que también consagra la visión profundamente antropocéntrica de dominio sobre otras especies: los humanos tenemos derecho a ordenar, a golpe de escopeta, quién merece vivir y quién no.
Un ejemplo claro es el caso reciente de la Peste Porcina Africana (PPA) en el Parque Natural de Collserola, en Barcelona. Los brotes amenazan la industria cárnica, por lo que, en vez de afrontar el problema de la ganadería intensiva -foco de insalubridad, brotes de enfermedades y tortura animal-, la respuesta incuestionada es mantener las granjas y seguir matando a los jabalíes silvestres. Y esta lógica se aplica también a especies que no son consideradas como “plaga” o “invasoras”, como es el caso del lobo ibérico, en estado crítico de conservación debido a la presión cinegética asociada a su supuesto impacto en la ganadería.
¿El jabalí, un invasor español?
Aunque es una especie originaria del Mediterráneo y el propio Ministerio para la Transición Ecológica no lo considera una “especie exótica invasora” (2023), al jabalí se le presenta una y otra vez como un “invasor”. Además, no solo lo pintan como invasor ecológico, sino también civilizacional: cuando aparece en calles, campos de golf o playas, sus simples avistamientos se viven como una intromisión intolerable, casi como una agresión a la propiedad privada. Esa etiqueta se apoya en una dicotomía muy asumida entre especies nativas y exóticas: las primeras se idealizan como “buenas” y merecedoras de protección, las segundas se demonizan como fuerzas externas que amenazan la biodiversidad. El resultado es que, en el discurso mediático, cualquier especie percibida como “mala” acaba metida en el saco de las “invasoras”, aunque no lo sea, como pasa con el jabalí.
De este modo, los medios retoman un vocabulario militarista que tiene similitudes con el discurso referido a las “especies invasoras”, diciendo, por ejemplo, que los jabalíes “asaltan”, “arrasan” y se desplazan “en ejército”. A los jabalíes, supuestamente malignos, los describen como monstruos: sus avistamientos se narran como una “pesadilla” o una “situación abrumadora”, llamándoles “depredadores temibles y consumados” o, directamente, “monstruos”, y describiéndolos físicamente de manera aterradora, con “afiladas fauces” y tamaño “descomunal”, con “mandíbulas torcidas” para “devorar”. Igual que en las narrativas sobre la sobreabundancia de fauna, el debate público sobre migración se apoya a menudo en estereotipos más que en datos, presentando a las personas migrantes como amenazas o delincuentes cuando, en realidad, solo buscan mejores oportunidades.
El jabalí, antropomorfizado
Los medios antropomorfizan a los jabalíes, es decir, les atribuyen rasgos o comportamientos humanos, como el ocio y el disfrute refinado. Se les describe “disfrutando de un chapuzón en el océano” o “disfrutando de una cena en el barrio más elegante de Marbella”. Un recurso literario que los humaniza con humor solo para ridiculizarlos: se ríen de ellos mientras los señalan como problema.
Estas imágenes, lejos de ser inocentes, reproducen lógicas similares a la deshumanización, la comparación de humanos con animales como herramienta para oprimir grupos humanos. En la propaganda y la guerra se utiliza para atribuir a un grupo falta de racionalidad, moralidad o capacidad de acción, trivializando sus vidas. La deshumanización construye un “ellos” irracional, peligroso o contaminante frente a un “nosotros” civilizado, y así se facilita que la violencia contra “ellos” parezca aceptable.
Además, cuando se presenta a los jabalíes “invadiendo” la ciudad, se activan las mismas metáforas que se usan contra personas migrantes, descritas como oleadas, plagas o delitos ambulantes. Cuando Vox habla de una supuesta “invasión migratoria”, recicla el mismo marco con el que los medios demonizan a los jabalíes, presentando a las personas migrantes como seres malignos y con una agenda de destrucción a la par que la de los jabalíes. Empleando el mismo vocabulario para referirse a los jabalíes y a las personas migrantes, los medios los equiparan, con el peligroso efecto de deshumanizar a las personas migrantes.
Reflexiones finales y preguntas
Los medios describen a los jabalíes como desvergonzados o incivilizados. Es cierto que están entre los animales más inteligentes, con capacidades cognitivas que se equiparan a las de un niño de tres o cuatro años. ¿Pero, juzgaríamos a un niño pequeño por falta de civismo? Igual que un niño de tres años, el jabalí no comprende su impacto social o ecológico ni los límites urbanos que lo rodean; estos son conceptos humanos, parciales y relativos, incluso en la propia comunidad científica. Pero la gran diferencia entre el jabalí y el niño es que, pese a tener capacidad de sufrir e inteligencia comparable, la sociedad apenas otorga consideración moral al jabalí: no hay protección legal ni servicios de bienestar para jabalíes. Por el contrario, su vida se reduce a un precio en el mercado: unos pocos euros por matarlo.
El apuro del jabalí es doble. Es humanizado para exigirle estándares morales humanos, como si fuera responsable de sus actos, mientras que, por ser un animal no humano, se le niegan derechos básicos. Humano para ser juzgado y animal para ser castigado.
Para asegurar un futuro en España más justo, tanto hacia los animales no humanos como hacia los humanos, debemos gestionar la fauna con criterios científicos y una visión ecológica integral, reconociendo el papel del jabalí en el ecosistema en lugar de tratarlo como “plaga”. Esto exige un debate público sin metáforas deshumanizadoras ni comparaciones especistas y clasistas, marcos legales que tengan en cuenta la capacidad de sufrir de los animales y limiten la violencia contra ellos, y un cambio cultural donde cuestionemos nuestras propias responsabilidades como especie.