
El MHUEL recuerda que la normativa prohíbe elementos intrusivos en un entorno protegido como el del Parque Natural del Posets-Maladeta
La desaparición de la cruz del Aneto agita el debate en la montaña: “El cristianismo procura dejar su marca en las cumbres”
Un joven francés de 18 años, Maël Le Lagadec, logró llevar hasta la cumbre del Aneto (3.404 metros) una cruz de nogal 35 kilos de peso madera de nogal para reponer de manera provisional la que desapareció semanas atrás. El gesto, convertido en viral en redes sociales, ha recibido críticas por parte del Movimiento Hacia Un Estado Laico (MHUEL), que ha pedido al Seprona de la Guardia Civil y a los responsables de Protección de la Naturaleza del Gobierno de Aragón que investiguen la instalación y tramiten, si procede, un expediente sancionador contra el autor, cuyo nombre y apellido constan en la denuncia.
La cruz original fue colocada en 1951 por el Centre Excursionista de Catalunya para celebrar su 75 aniversario y posteriormente Montañeros de Aragón de Barbastro la acompañó de una talla de la Virgen del Pilar. Desde entonces, la estructura ha acumulado una historia de vendavales, restauraciones y polémicas. En mayo de 1999 unos fuertes vientos la arrancaron y hace ocho años, en 2018, apareció pintada de amarillo en pleno auge del independentismo catalán, lo que obligó a una intervención de limpieza. El último capítulo llegó hace apenas unas semanas, cuando la Guardia Civil confirmó que la estructura, de unos tres metros de altura y cerca de 100 kilos de peso, había desaparecido con indicios claros de haber sido seccionada con una herramienta mecánica y arrojada ladera abajo.
Le Lagadec talló la nueva cruz en madera de nogal negro, le aplicó un barniz especial para las condiciones de alta montaña y la subió a la espalda hasta la cima acompañado por un amigo, como recogió inicialmente 'Heraldo de Aragón'. El alcalde de Benasque, Manuel Mora, valoró positivamente la iniciativa y confirmó que la cruz permanecerá de manera provisional mientras continúa la búsqueda de la estructura original.
Los argumentos del MHUEL son de orden ambiental, simbólico y ético. Apuntan que cualquier estructura artificial “rompe la armonía visual de un entorno de alta montaña” y que, en espacios de valor paisajístico, “la montaña tiene valor estético por sí misma”. Invocan el criterio de la Ley del Patrimonio Histórico Español –que prohíbe elementos intrusivos en entornos protegidos– para reclamar la misma consideración para las cumbres. Añaden que una cruz es un símbolo religioso concreto cuya presencia en un espacio natural público “asume que todos los visitantes comparten esa simbología, ignorando la diversidad de creencias”. Y advierten del precedente: permitir cruces abriría la puerta a “estatuas, placas conmemorativas o antenas disfrazadas de tradición”.
El colectivo apela también al código ético del montañismo y su principio de “no dejar rastro”: instalar estructuras permanentes en una cumbre contradice ese mandato “por muy liviana que sea la cruz”. Su conclusión es tajante: la retirada de elementos artificiales en las cumbres no es una agresión a la tradición, sino la devolución del espacio a su condición original.

El Puente de Vizcaya revolucionó la ingeniería en el siglo XIX con una barquilla suspendida que todavía hoy sigue funcionando entre Getxo y Portugalete
El puente más largo del mundo mide casi 200 km y está en este país asiático
Hay monumentos que se visitan por su belleza y otros que impresionan porque cambiaron para siempre la forma de entender la ingeniería. Eso es exactamente lo que ocurre con el Puente de Vizcaya, una estructura inaugurada en 1893 que no solo une las dos orillas de la ría del Nervión, sino que además hizo historia al convertirse en el primer puente del mundo capaz de transportar pasajeros y vehículos suspendidos sobre el agua sin interrumpir el paso de los barcos.
Más de un siglo después, sigue funcionando prácticamente igual que el primer día y continúa pareciendo algo futurista incluso en pleno siglo XXI. Porque aunque hoy existan puentes gigantescos y obras de ingeniería descomunales, todavía resulta difícil no quedarse mirando esa barquilla metálica que cruza lentamente la ría mientras cuelga a decenas de metros de altura.
Un puente nacido en plena revolución industrial
El puente conecta actualmente los municipios vizcaínos de Getxo y Portugalete, justo en el punto donde la ría de Bilbao se abre hacia el mar Cantábrico. Fue diseñado por el arquitecto vasco Alberto de Palacio, discípulo de Gustave Eiffel, quien ideó una solución completamente revolucionaria para la época.
El gran problema era evidente: la ría necesitaba seguir siendo navegable para los barcos industriales y comerciales, pero al mismo tiempo era imprescindible conectar ambas orillas de manera rápida y constante. Construir un puente tradicional obligaría a levantar enormes rampas o sistemas de apertura complejos. La respuesta llegó con una idea inédita: suspender una plataforma móvil bajo una gigantesca estructura metálica. Así nació el primer puente-transbordador del planeta.
Una barquilla suspendida sobre la ría
Lo más llamativo del Puente de Vizcaya no son únicamente sus torres metálicas de 51 metros de altura, sino la barquilla suspendida que sigue cruzando la ría constantemente transportando coches, motos, bicicletas y peatones.
En el propio portal oficial de la UNESCO lo describen como “un puente-transbordador monumental que cruza el río Nervión [...] el primer puente del mundo que permitió, simultáneamente, el paso de navíos por el río y el transporte de pasajeros y vehículos de una orilla a otra, gracias a una barquilla suspendida. Sirvió de modelo para la construcción de muchos puentes similares en Europa, África y las Américas, aunque muy pocos de ellos existen todavía”.
Esa combinación entre funcionalidad industrial y diseño elegante terminó convirtiéndolo en una obra absolutamente pionera dentro de la arquitectura metálica europea de finales del siglo XIX.
Un icono industrial que sigue funcionando hoy
El puente comenzó a operar el 28 de julio de 1893 y apenas dejó de funcionar durante la Guerra Civil española, cuando sufrió daños importantes que provocaron la caída de la plataforma al agua. Aun así, fue restaurado posteriormente y continúa activo más de 130 años después de su inauguración.
Actualmente, sigue transportando diariamente a miles de personas entre ambas orillas mediante un sistema sorprendentemente sencillo y eficiente. La góndola puede mover alrededor de doscientos pasajeros y una docena de vehículos en cada trayecto, manteniendo vivo un sistema de transporte que revolucionó el mundo en plena revolución industrial.
Además, el puente fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2006 gracias a su importancia histórica y tecnológica. Lo más fascinante del Puente de Vizcaya es que no se construyó únicamente para impresionar visualmente, sino para resolver un problema real de movilidad e industria en una época de crecimiento económico brutal en Bilbao y su entorno.
Quizá por eso sigue pareciendo tan moderno. Porque incluso hoy, viendo cómo esa plataforma metálica cruza lentamente sobre la ría mientras los barcos pasan por debajo, cuesta creer que esta idea naciera hace más de ciento treinta años.

El partido decidió retirar la denuncia después de que el propio alcalde popular de Cádiz, Bruno García, se pusiese en contacto con los sevillanos para que diesen marcha atrás
“Nos quisieron silenciar y nos dieron un altavoz”: polémica por el intento del PP de censurar comparsas del Carnaval de Cádiz
El revuelo causado por el intento del PP de censurar las comparsas del Carnaval de Cádiz en un evento programado en Alcalá de Guadaíra, en Sevilla, para este sábado ha provocado la reacción de Jesús Bienvenido, letrista de DSAS3, quien ha publicado un vídeo en redes sociales señalando el “lápiz rojo” con el que los populares intentan “volver a su puerca dictadura”. “Nunca váis a entender la libertad y la democracia si pretendéis que Cádiz apague su voz”, canta a viva voz en la publicación que ha corrido como la pólvora.
Armado con su guitarra, los versos de Bienvenido critican “la censura después de 40 años de terror”, en referencia a la dictadura franquista, y claman por que “a Cádiz nadie lo calla porque nació libre”. Nada más comenzar el clip, le lanza una retahíla de descalificativos a Juanma Moreno, líder popular y candidato a la Junta de Andalucía para los comicios de este 17 de mayo, al que llega a denominar como “suavón” o “fascista embaucador”. “Para censurarme a mí tienes que nacer mil veces”, trayendo a colación la memoria histórica de sus propios antepasados: “Mis abuelos gaditanos, murguistas del Carnaval, a los que repersaliaron y asesinaron solo por cantar, voz de la clase obrera y la libertad”.
La grabación del autor de la comparsa ganadora del COAC 2026 ha tenido un especial impacto en este día de reflexión, ya que ha sido compartida por personalidades como el futbolista bético Hector Bellerín o el candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García. Así, la polémica suscitada por una denuncia presentada por los populares de Alcalá de Guadaíra ante la Junta Electoral, en la que adjuntaban vídeos y letras de algunas agrupaciones en las que se criticaba el deterioro del sistema sanitario, ha metido en un lío a sus homónimos en Cádiz.
Retirada de la denuncia
Por tal motivo, la Junta Electoral de Zona de Sevilla inició el miércoles 13 de mayo un expediente tras la denuncia contra el festival Carnaval de Primavera. En el escrito remitido al órgano electoral, los populares sostenían que varias de las agrupaciones anunciadas —un coro, una chirigota y dos comparsas— incluían en sus repertorios letras de contenido político y crítica social que podrían vulnerar el artículo 50 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), que limita los actos de propaganda electoral durante ese día.
Finalmente, el PP decidió retirar la denuncia después de que el propio alcalde de Cádiz y presidente del PP en esa provincia, Bruno García, se pusiese en contacto con los populares sevillanos para que diesen marcha atrás porque el Carnaval de Cádiz “es libertad y la expresión de un pueblo que no sobra en ningún momento”. Por su parte, el Ayuntamiento de Alcalá, gobernado por el PSOE, seguirá adelante con el evento carnavalesco que empieza a las 17.00 horas. El recital estaba previsto desde antes que el presidente de la Junta convocara las elecciones, de ahí que se negara la voluntad política en el día y las agrupaciones escogidas.

Será el domingo el que traería de vuelta la inestabilidad, con tormentas que podrían ser probables durante la mañana en la Sierra y otros puntos
El tiempo inestable sigue este fin de semana: lluvias el sábado en el norte y domingo con regreso de tormentas
El tiempo seguirá sin estabilizarse este fin de semana en la Comunidad de Madrid, con un sábado con cielos despejados en su mayoría, pero también volverán el domingo las tormentas, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
Así, se espera un comienzo de fin de semana con tiempo estable, con mayoría de cielos despejados por la mañana, que podría ir aumentando a nuboso al mediodía, y volviéndose a despejar al final de la jornada del sábado. El viento soplará flojo variable.
Sin embargo, será el domingo el que traería de vuelta la inestabilidad, con tormentas que podrían ser probables durante la mañana en la Sierra y otros puntos de la Comunidad. El cielo será poco nuboso durante la madrugada, aumentando en nubosidad en las horas centrales, cuando serán más probables los chubascos.
Temperaturas de hasta 25 grados el domingo
En cuanto a las temperaturas, el sábado las mínimas descenderán, quedándose ligeramente por encima de los 5 grados, entre los 3 y los 6, con posibles heladas débiles en zonas altas de la Sierra. Las máximas, mientras, subirán y superarán los 20 grados, pudiendo alcanzar los 22 en localidades como Aranjuez.
El domingo, tanto las mínimas como las máximas subirán, con mínimas que oscilarán ya entre los 8 y 10 grados, mientras las máximas podrían alcanzar hasta los 20 y 25 grados. El viento será también flojo variable durante esta jornada.

Del desayuno a las mesas tradicionales: así se entiende el queso dentro de la cocina turca
Que no te la den con queso: los cinco quesos que debes probar si viajas a Países Bajos
Hablar de gastronomía turca suele llevar inmediatamente a pensar en kebabs, baklava o meze, pero hay un elemento mucho más cotidiano y profundamente arraigado que atraviesa prácticamente toda la alimentación del país: el queso. En Turquía no funciona como un producto secundario o puntual, sino como una presencia constante que aparece desde primera hora de la mañana en los desayunos tradicionales hasta en platos calientes, ensaladas o mesas compartidas.
Esa relación tan estrecha con el queso ha dado lugar a una variedad enorme de elaboraciones regionales que cambian según el clima, el tipo de leche o las técnicas de maduración utilizadas en cada zona del país.
Lo interesante es que muchos de estos quesos siguen siendo prácticamente desconocidos fuera de Turquía, a pesar de que forman parte de una tradición quesera con siglos de historia. Algunos recuerdan a quesos europeos más famosos, mientras que otros poseen perfiles completamente distintos, marcados por cuevas naturales, salmueras o métodos de conservación desarrollados mucho antes de la refrigeración moderna. Si uno quiere entender realmente la cocina turca más allá de los tópicos, hay cinco quesos que funcionan como una puerta de entrada bastante reveladora.
Kars Gravyer Peyniri: el gran queso del noreste turco
El Kars Gravyer Peyniri es probablemente uno de los quesos más particulares de Turquía y también uno de los que mejor refleja la mezcla de influencias culturales y geográficas del país. Originario de la provincia de Kars, en el noreste y muy cerca de la frontera con el Cáucaso, este queso elaborado con leche cruda de vaca recuerda visualmente a algunos grandes quesos alpinos europeos, con una textura firme y agujeros característicos producidos durante la maduración.
Su sabor, sin embargo, tiene una personalidad propia, mucho más ligada a los pastos de alta montaña de la región y al clima extremo de la zona. Se trata de un queso pensado para largas maduraciones y con una profundidad aromática que lo convierte en una de las grandes joyas queseras del país, especialmente apreciado por quienes buscan perfiles más complejos e intensos.
Gorcola Peyniri: el queso menos conocido y más potente
En las regiones del noreste turco también aparece el Gorcola Peyniri, conocido localmente como “Gorcolo”, un queso mucho menos popular fuera de su entorno tradicional, pero con un carácter muy marcado. Su elaboración responde a métodos artesanales transmitidos generación tras generación y suele asociarse a zonas rurales donde el queso sigue formando parte esencial de la economía familiar y de la alimentación diaria.
Es un producto que apuesta menos por la suavidad y más por la intensidad, con sabores profundos y una textura que puede variar según el tiempo de maduración. Precisamente por eso suele conectar especialmente con quienes disfrutan de quesos más rotundos y menos domesticados.
Ivrindi Kelle: el queso inseparable del desayuno turco
En Turquía, el desayuno es casi una institución, y el queso ocupa un lugar central dentro de esa mesa llena de aceitunas, pan, tomate, té y pequeños platos compartidos. El Ivrindi Kelle forma parte de esa tradición cotidiana y representa bastante bien la importancia cultural del queso dentro de la vida diaria turca.
Su perfil es más equilibrado y accesible que el de otros quesos regionales, pensado para consumirse desde primera hora del día y combinarse con otros elementos del desayuno sin eclipsarlos. Esa versatilidad explica por qué este tipo de quesos siguen siendo tan importantes dentro de la cocina doméstica, donde el queso no se reserva para momentos especiales, sino que acompaña prácticamente cualquier comida.
Ezine Peyniri: el gran queso blanco turco
El Ezine Peyniri es seguramente uno de los quesos blancos más famosos de Turquía y uno de los que más fácilmente recuerdan al queso feta griego, aunque con matices propios que lo diferencian claramente. Elaborado a partir de una mezcla de leche de oveja, cabra y vaca, este queso madura en salmuera y desarrolla una textura cremosa y ligeramente quebradiza que funciona especialmente bien en desayunos, ensaladas y platos fríos.
La riqueza de matices viene precisamente de esa combinación de leches y del entorno natural donde se produce, ya que los animales pastan en zonas muy concretas del país, algo que influye directamente en el sabor final. Es uno de esos quesos que parecen simples a primera vista, pero que ganan complejidad cuanto más se prueban.
Divle Obruk Peyniri: el queso madurado en cuevas naturales
Pocos quesos explican tan bien la relación entre territorio y gastronomía como el Divle Obruk Peyniri, un producto tradicional del centro de Turquía cuya gran particularidad es el lugar donde madura: cuevas naturales subterráneas conocidas como “obruk”. Ese entorno húmedo y estable permite desarrollar un proceso de afinado muy específico que transforma completamente la textura y el sabor del queso con el paso del tiempo.
El resultado es un producto mucho más complejo y profundo de lo que cabría esperar inicialmente, con notas intensas y una identidad muy marcada por el entorno donde se elabora. Más que un simple queso, funciona casi como una expresión geológica y cultural del territorio.

Recluida en el principal centro de detención y tortura policial durante la dictadura y encarcelada en la cárcel de Yeserías, la ilustradora y activista reconstruye en 'Memòria dibuixada' la violencia de la Brigada Político-Social, la solidaridad entre presas y los pequeños gestos cotidianos que les ayudaron a resistir
Catalina Moragues, autora de un estudio del franquismo que 'oculta' el PP: “España ha negado el derecho a la Justicia”
Cincuenta años después de la muerte de Franco, Roser Rius continúa recordando con nitidez los gritos y las torturas en los calabozos de la Dirección General de Seguridad -principal centro de detención y tortura policial durante la dictadura, hoy sede de la Real Casa de Correos y declarada Lugar de Memoria pese al boicot de la Comunidad de Madrid. Militante de la Liga Comunista Revolucionaria, fue detenida en Madrid en octubre de 1974 durante una caída policial contra su organización. Durante los interrogatorios fue golpeada y sometida a torturas físicas y psicológicas por agentes de la Brigada Político-Social, entre quienes se encontraba Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, quien le destrozó los pies a golpes mientras alternaba las palizas con conversaciones aparentemente normales. “Ellos querían que sintieras que allí no eras nadie. Hasta que no pasabas delante de un juez, prácticamente no existías”, recuerda.
En esta entrevista concedida a elDiario.es, Rius (Barcelona, 1947) recuerda cómo, tras pasar por los calabozos de la DGS, fue encarcelada durante catorce meses en la prisión madrileña de Yeserías. Allí escribió cartas y convirtió el dibujo en una forma de resistencia y de comunicación con el exterior. “Dibujar me ayudaba a sacar cosas de dentro”, explica. Ahora ha reconstruido aquella experiencia en Memòria dibuixada. Presó de Yeserías (1974-1975), un diario ilustrado atravesado no solo por la tortura y la represión, sino también por los pequeños gestos cotidianos de afecto y supervivencia: un café después de repartir octavillas, una carta enviada clandestinamente, la solidaridad entre presas o la emoción de descubrir, tras días de golpes e interrogatorios, que nadie había delatado a nadie. “Sentíamos que les habíamos vencido”, subraya.
Querellante contra Billy el Niño y activista memorialista desde hace décadas, Rius denuncia que las torturas llevadas a cabo por el aparato policial franquista “no eran excesos aislados”, sino “parte de un sistema organizado”. La ilustradora, quien ha estado en Palma para participar en la jornada 'Malgrat la por, la solidaritat i la memòria. Relats de presó de dones durant el franquisme', organizada por la Universitat de les Illes Balears (UIB), cuestiona, asimismo, el relato oficial de la Transición: “No tenían ningún interés real en acabar con aquello. Tenían interés en maquillar un poco el régimen para Europa y que sus negocios siguieran funcionando”.
En Memòria dibuixada hay escenas muy cotidianas -un desayuno, una conversación, una despedida- justo antes de su detención. ¿Qué importancia tiene recuperar esa vida cotidiana que la dictadura intentó romper?
Cuando hay una enfermedad, una desaparición o, en este caso, una detención, lo que estábamos haciendo antes siempre queda muy marcado. De alguna forma sabíamos que en cualquier momento podían detenernos, pero intentábamos hacer una vida lo más normal posible: trabajar, encontrarte con los amigos después dentro de lo que la clandestinidad nos permitía, ir a tomar una caña tras una manifestación o un café después de haber repartido octavillas. Todo eso lo echabas mucho a faltar en prisión.
De alguna forma sabíamos que en cualquier momento podían detenernos, pero intentábamos hacer una vida lo más normal posible: trabajar, encontrarte con los amigos después dentro de lo que la clandestinidad nos permitía, ir a tomar una caña tras una manifestación o un café después de haber repartido octavillas
Relata que cuando la detuvieron sintió incluso “el fin del miedo a ser detenida”.
Así es... Como las veías venir, porque había muchísimas detenciones, juicios y caídas en Madrid y en Barcelona, vivías con el miedo en el cuerpo, como se suele decir. Entonces, en el momento en que me detuvieron, pensé: “Ya ha pasado. Ha pasado eso que durante tanto tiempo habías pensado y temido que podía ocurrir”.
Describe la Dirección General de Seguridad (DGS) como “el palacio del terror” y habla de la ausencia actual de placas o memoria en el edificio. ¿Qué recuerda con más nitidez de aquellas horas en la DGS?
Lo más duro eran los interrogatorios, que se hacían en despachos, a veces con muchos hombres a la vez. Evidentemente estaban los golpes, la tortura psicológica y, en mi caso, intentaban hacerme creer que Francesc, mi compañero, estaba muy mal y que le habían pegado muchísimo en la calle. También estaban los gritos que escuchabas constantemente. No sabías si eran reales o si ponían una cinta. Y sobre todo estaba esa sensación de que allí tú no eras nadie. Ellos querían que no fueses nadie y que supieses que podían hacer contigo lo que quisieran. Recuerdo que una médica, cuando yo grité que quería saber qué le habían hecho a mi compañero, me respondió: “Usted aquí no tiene ningún derecho”. Y tenía razón. Estabas allí, en sus manos, y hasta que no pasabas delante de un juez prácticamente no existías. Esa sensación era muy fuerte.
En la Dirección General de Seguridad querían que no fueses nadie y que supieses que podían hacer contigo lo que quisieran. Estabas allí, en sus manos, y hasta que no pasabas delante de un juez prácticamente no existías. Esa sensación era muy fuerte
Al mismo tiempo, también era muy fuerte la sensación de que aquella gente era exactamente lo que esperabas que fueran: unos desgraciados, unos malnacidos. No había ningún síntoma de humanidad que pudiera hacerte cambiar de idea. Eran los representantes perfectos de una dictadura. Y eso, quieras o no, también reforzaba tus convicciones. En los calabozos, cuando estabas abajo, sentías que la vida seguía en la calle porque oías las pisadas y veías las piernas de la gente pasar. Pensabas: “Mira, la vida sigue ahí fuera”. Esa sensación también la tenías en prisión, viendo los balcones y la vida alrededor. Era como si tú estuvieras viviendo otra vida obligada, algo parecido al cuento de La bella durmiente.
En su libro aparece mucho la memoria del cuerpo: los golpes, el cansancio, el miedo. ¿El cuerpo conserva recuerdos que nunca desaparecen?
Sí, como cuando nos trasladaron a los calabozos de Salesas, donde estuvimos tres días antes de declarar ante el juez. Ya solo el hecho de llegar allí suponía un cambio. Tu cuerpo estaba magullado, lleno de heridas, pero sentías que aquello ya era otra cosa. Y además hubo algo muy importante: nadie de nuestra caída habló ni delató a nadie. Eso nos dio muchísima fuerza. Cuando nos metieron en la camioneta que nos llevaba desde la DGS hasta el Palacio de Justicia, íbamos eufóricos. Parecía que nos hubieran dado un premio, aunque yo tenía los pies destrozados y casi no podía andar.
Miraba a los demás: al 'Peque', que estaba hecho un naufragio; a la 'Cuchi', a la que habían obligado a hacer 'el pato' [tortura que los policías ejercían obligando al detenido a agacharse con las manos por debajo de las rodillas mientras lo golpeaban], a otros compañeros llenos de golpes… Sentíamos una sensación... yo diría que de las más plenas que he tenido en mi vida. Era como pensar: “Hemos ganado, les hemos vencido”. Y eso que ni siquiera nos conocíamos todos. A una de las compañeras detenidas no la conocía de nada, a otra muy poco y con otra sí tenía más relación. Después, en prisión, las cuatro nos hicimos muy amigas.
Nadie de nuestra caída habló ni delató a nadie. Eso nos dio muchísima fuerza
Explica que Billy el Niño alternaba golpes con conversaciones aparentemente normales. ¿Qué efecto psicológico tenía aquello?
Yo lo vivía pensando que aquel tipo estaba como una 'chota'. Con el tiempo me enteré de que teníamos la misma edad, 27 años, pero en aquel momento no podía imaginarlo. No me cabía en la cabeza que una especie de desgraciado así pudiera tener entonces la misma edad que yo. Comenzaba hablándome de que había estado en Barcelona y yo pensaba: “¿Este tío se cree que estamos en un café?”. Solo podías pensar que tenía un exceso de alguna cosa que no le iba bien. Pero, más allá de eso, dudo mucho que aquello pudiera producir un efecto diferente. No creo que una persona detenida pueda pensar que hay un policía que quiere hacerse amigo suyo después de haberte dado una paliza.
Con el tiempo me enteré de que Billy el Niño y yo teníamos la misma edad, 27 años, pero en aquel momento no podía imaginarlo. No me cabía en la cabeza que una especie de desgraciado así pudiera tener entonces la misma edad que yo
¿Considera que aquello parte de un sistema organizado?
Las torturas no eran un hecho aislado. Como escribo en el libro, detrás de cada torturador había un sistema que los preparaba y protegía. En la actualidad, dos veces al mes, hacemos asambleas en la calle, delante de Via Laietana, que era la gran comisaría de Barcelona: allí escuchas numerosos testimonios y, si no lo hubiera sabido ya antes -porque estuve en prisión con 200 ó 300 detenidas-, me habría dado cuenta ahora: las cosas se repiten. Y se repiten en todas partes, en todas las ciudades y en todos los lugares.
Ellos tenían una serie de protocolos, incluso por escrito. Los aprendían en campamentos de formación policial. Había toda una serie de prácticas que aplicaban, a veces con más violencia y otras con menos. A veces no sabías muy bien por qué. En nuestro caso, además, hacía tres semanas que [el 11 de enero de 1977] se había producido el atentado de la cafetería Rolando, delante de la DGS: murieron trece personas, entre ellas un policía. Aquello les había encendido muchísimo y puede que estuvieran especialmente rabiosos. Nosotros no teníamos nada que ver ni con aquello ni con ningún tipo de violencia armada, pero igualmente nos daban golpes. Recuerdo incluso que alguna vez, mientras nos pegaban, decían algo así como: “Este golpe es por lo que le hicieron a mi compañero”. Y ahí sí notabas claramente que estaban muy enfadados.
Las torturas no eran un hecho aislado. Detrás de cada torturador había un sistema que los preparaba y protegía
¿Era también el dibujo una manera de resistir a la deshumanización de la cárcel?
Siempre me ha gustado dibujar y me he ganado la vida con ello. Dibujar me hacía sentir bien y era una forma de sacar cosas que de otra manera me resultaba más difícil expresar. También era una forma de comunicación con mi compañero. Algunos dibujos no podía enviárselos, pero otros sí. Había dibujos muy conscientes, como los de la Dirección General de Seguridad, porque quería reflejar cosas que habían ocurrido allí. Uno de los primeros que hice nada más salir de prisión buscaba expresar cómo una persona puede sentirse completamente dominada por la violencia sin necesidad de dibujar directamente los golpes. Yo soy ilustradora de libros infantiles y me cuesta mucho expresar determinadas cosas relacionadas con el odio. Por eso intentaba buscar otras formas de transmitir aquella sensación. Dibujar me sirvió de válvula de escape.
Uno de los primeros dibujos que hice nada más salir de prisión buscaba expresar cómo una persona puede sentirse completamente dominada por la violencia sin necesidad de dibujar directamente los golpes. Yo soy ilustradora de libros infantiles y me cuesta mucho expresar determinadas cosas relacionadas con el odio
Otro de los dibujos que hice refleja una tortura que no tenía una explicación sencilla: la llamaban 'el pato' y era muy humillante porque te obligaban a agacharte con las manos atadas por debajo de las piernas mientras te daban patadas y golpes. Si llevabas tiempo militando, intentabas resistir para no acabar cayendo porque sabías que eso les encantaba. Una de las compañeras que la sufrió todavía no había cumplido los dieciocho años. También otra tortura sistemática era la de atarnos a un radiador y golpearnos repetidamente en la planta de los pies: ‘pim, pam, pim, pam’. El efecto de aquello lo intenté explicar después en el poema inicial del libro.
(Jo vaig tenir els peus negres / Yo tuve los pies negros
l’octubre de 1974, / en octubre de 1974,
negres, verats de verd i de morat. / negros, veteados de verde y de morado.
El dolor pujava pels turmells / El dolor subía por los tobillos
morint a mitja cama. / muriendo a media pierna.
A còpia de cops, / A fuerza de golpes,
l’ànima de ferro de la porra / el alma de hierro de la porra
va dibuixar una geografia / dibujó una geografía
de la tortura sobre la meva pell. / de la tortura sobre mi piel.
L’amor, les idees, la solidaritat / El amor, las ideas, la solidaridad
van embolcallar la meva por. / envolvieron mi miedo.
Protegint-me de la delació. / Protegiéndome de la delación.
Més tard, les negres ungles / Más tarde, las uñas negras
van caure una a una. / fueron cayendo una a una.
I, al mig dels peus, / Y, en medio de los pies,
m’hi van quedar uns estigmes / me quedaron unos estigmas
rodons, com monedes. / redondos, como monedas.
Jo vaig tenir els peus negres / Yo tuve los pies negros
a l’octubre de l’any 74, / en octubre del año 74,
però els cops, / pero los golpes,
com el mall contra el ferro, / como el mazo contra el hierro,
van forjar la meva força. / forjaron mi fuerza).
Relata en su libro el componente específicamente machista de la violencia y también cómo, pese a compartir espacio con otras presas políticas muy distintas entre sí, se creó una gran solidaridad en Yeserías. ¿Fue aquella red de apoyo lo que les permitió resistir?
La suerte fue poder contar con compañeras en las que podías apoyarte. Básicamente eran compañeras de mi partido, aunque estuvimos muy poco tiempo juntas porque las tres chicas que habían detenido conmigo quedaron en libertad al cabo de dos meses. Después, dentro de prisión, había tanta gente que ibas buscando afinidades. Yo estaba con mujeres de otros partidos y de otras organizaciones y con algunas establecimos relaciones muy buenas y muchísima solidaridad.
Era una cuestión de supervivencia, de autodefensa, de formar un grupo que pudiera sostenerse. Porque un lugar cerrado, ya sea una prisión, un convento o cualquier otro sitio acaba generando dinámicas muy particulares y tienes que saber distinguir muchas cosas y no dejarte arrastrar. Pero, si consigues construir amistad, compañerismo y alianzas con personas que más o menos piensan como tú, eso ayuda muchísimo, porque sentirse sola es muy duro. Yo tuve compañeras vascas y otra de Madrid y con ellas hice una relación especialmente fuerte. En general me llevé bien con casi todo el mundo.
Yo estaba con mujeres de otros partidos y de otras organizaciones, y con algunas establecimos relaciones muy buenas y muchísima solidaridad. Era una cuestión de supervivencia, de autodefensa, de formar un grupo que pudiera sostenerse
¿Se ha contado suficientemente la represión específica que sufrieron las mujeres durante el franquismo?
Yo creo que en los últimos años se ha ido abriendo mucho toda esta parte de la memoria, porque durante mucho tiempo todo lo relacionado con la posguerra estuvo muy oculto, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. Poco a poco eso se ha ido conociendo y muchas veces han sido ellas mismas quienes han acabado escribiendo, buscando testimonios de sus compañeras de entonces y haciendo trabajos muy interesantes. Muchas ya no están, pero sus hijos o sus nietos han continuado esa labor. Y después también han llegado mujeres de otras generaciones.
Creo que desde hace unos años hay mucho más conocimiento y muchas más ganas de dar este testimonio. Mi libro se inscribe precisamente en ese ejercicio de memoria colectiva que mucha gente estamos impulsando. Lo que pasa es que el protagonismo masculino siempre ha sido muy fuerte y durante mucho tiempo parecía que las mujeres solo habían tenido un papel de apoyo. Las mujeres democráticas eran las que cuidaban de los presos, por ejemplo, cuando en realidad también había mujeres presas. Las mujeres quedaron invisibilizadas, como si no hubieran luchado.
Hablaba antes del orgullo que sentían de no haber delatado a compañeros. ¿Cómo lo recuerda hoy?
Es algo que te sirve siempre en algún momento duro. Piensas: “A mí aquello no me hizo bajar la cabeza. La policía no consiguió doblegarme, así que tú tampoco lo vas a hacer”. No es que vayas contando tu vida constantemente, pero en el fondo estás diciéndole a esa persona: “A mí no”. Si no me hundió la policía, esta persona tampoco lo va a conseguir. Y eso te da fuerza. Por suerte son momentos muy concretos, pero alguna vez en la vida te encuentras con alguien y piensas: “Tú a mí no, ¿eh?”. No sé si es fortaleza o supervivencia. Supongo que es intentar extraer algo de lo que te ha pasado.
¿Qué siente al pensar que muchos torturadores murieron sin ser juzgados? ¿Qué sintió en el caso de Billy el Niño?
Lo de Antonio González Pacheco fue muy curioso y contradictorio. Tanto la Comuna como la asociación de expresos lo que queríamos era poder presentar querellas y llevar a esta gente a juicio. Entonces, cuando durante la pandemia murió Antonio González Pacheco, de entrada me alegré y pensé: “Mira, uno menos”. Pero casi inmediatamente algunos compañeros me dijeron: “Ya no podremos juzgarlo, se ha ido”. Y entonces me dio muchísima rabia.
Es un sentimiento contradictorio porque tampoco deseas la muerte de nadie, pero te das cuenta de que se van muriendo y desaparece la posibilidad de juzgarlos. Y eso está pasando con muchos protagonistas tanto de la política como de la policía franquista. Billy el Niño todavía murió relativamente joven, tendría 72 o 73 años. Lo mismo pasa con Martín Villa. Debía comparecer hace unos meses en Alicante y al final ha conseguido evitarlo. Habían logrado que una jueza lo citara a declarar [por la muerte en 1976 del antifranquista Teófilo del Valle a manos de la Policía Armada], pero parece que siempre consiguen mover piezas y esquivar ese momento.
Cuando durante la pandemia murió Antonio González Pacheco, de entrada me alegré y pensé: 'Mira, uno menos’. Pero casi inmediatamente algunos compañeros me dijeron: ‘Ya no podremos juzgarlo, se ha ido’. Es un sentimiento contradictorio, porque no deseas la muerte de nadie, pero te das cuenta de que se van muriendo y desaparece la posibilidad de juzgarlos
Durante décadas, la Ley de Amnistía ha sido presentada como uno de los pilares de la Transición. ¿Siente que el Estado español ha estado más cerca de proteger a los verdugos que de reparar a las víctimas?
Sí, está clarísimo. El otro día estuve en una universidad hablando con profesores de Derecho y ellos me lo explicaban mucho mejor de lo que puedo hacerlo yo. Decían que los artículos de la Ley de Amnistía que blindaban a jueces, policías y militares se introdujeron casi al final, con muchísima presión de los propios aparatos franquistas. Y eso fue lo que la convirtió en una especie de ley de punto final, que además sigue vigente. Es verdad que gracias a esa ley salió mucha gente de prisión porque todavía quedaban bastantes presos políticos. Pero, al mismo tiempo, también sirvió para cubrir completamente las espaldas de quienes habían participado en la represión.
En países como Argentina esas leyes de punto final acabaron derogándose parcialmente y aquí también podrían modificarse esos artículos. No necesariamente toda la ley, porque hay partes que afectaron positivamente a mucha gente represaliada. Pero, según me explicaban estos profesores, lo que hace falta es voluntad política: que los legisladores cambien la ley. Entonces los jueces no tendrían más remedio que aplicar también esa modificación.
Gracias a la ley de amnistía salió mucha gente de prisión, porque todavía quedaban bastantes presos políticos. Pero al mismo tiempo también sirvió para cubrir completamente las espaldas de quienes habían participado en la represión
¿Por qué cree que España continúa siendo una anomalía en Europa en la investigación de los crímenes del franquismo? ¿Ha pesado más la voluntad de “pasar página” que la de depurar responsabilidades?
Porque todo estaba 'atado y bien atado'. Con la Transición, el franquismo no se rompió del todo. Hubo elecciones libres, sí, pero ¿quiénes fueron los primeros que ganaron aquellas elecciones? Eran franquistas. Era Adolfo Suárez. Aquella gente, ¿cómo iba a cambiar completamente algo que había defendido durante cuarenta años? No tenían ningún interés real en acabar con aquello. Tenían interés en maquillar un poco el régimen para Europa, para que sus negocios pudieran funcionar mejor, pero al final prevalecieron sus propios intereses. Además, les iba muy bien tener detrás a unos cuantos militares amenazando constantemente con un golpe. Desde la muerte de Franco hubo amenazas continuas y, especialmente entre 1979 y 1981, el ambiente estaba lleno de esa presión militar hasta que llegó el golpe del 23F. Había mucho miedo a que aquello pudiera volver atrás.
¿Qué siente cuando organismos internacionales cuestionan la compatibilidad de la Ley de Amnistía con los principios del derecho internacional sobre verdad, justicia y reparación para las víctimas de crímenes de lesa humanidad?
Deberíamos conseguir que todo esto se revisara a fondo. Para mí, la mayor reparación sería precisamente esa: reconocer que luchábamos por cosas que hoy son completamente legales y que, además, forman parte de los derechos humanos, como el derecho de reunión o el derecho de manifestación. Luchábamos por eso, entre otras muchas cosas. Que hubiera un reconocimiento claro de que aquello por lo que fuimos condenados era completamente injusto y de que quienes participaron en esa represión -jueces, policías- fueron responsables de crímenes de lesa humanidad.
Aunque la mayoría ya hayan muerto, al menos debería quedar constancia pública de ello. Y los que siguen vivos no deberían continuar cobrando privilegios o sobresueldos vinculados a aquella represión. Porque la policía cobraba sobresueldos por nuestras detenciones y por nuestras torturas. Y esos complementos los han seguido cobrando durante años. ¿Cómo puede ser eso? Eso sí sería una manera de demostrar que realmente existe voluntad de asumir lo que ocurrió.
¿Le preocupa el revisionismo actual sobre la dictadura franquista y el auge de los discursos que la relativizan?
Sí, claro, especialmente entre la gente joven. También es verdad que he ido a algunos institutos y universidades y, de momento, no me he encontrado a nadie que defendiera abiertamente la dictadura. Yo siempre les digo: “Si pensáis otra cosa, podéis decirlo y lo hablamos”. Pero nadie me ha dicho a la cara que la dictadura fuera algo a añorar. El problema es que la democracia tiene muchos defectos, los políticos tienen muchos defectos y hay mucha corrupción. Y si la gente joven no conoce realmente lo que fue aquello, puede acabar pensando que era un mundo muy ordenado y muy sencillo.
La extrema derecha siempre presenta alternativas sencillas, una especie de nuevo paternalismo: “No pienses demasiado, no te muevas y no pasará nada”. Ese tipo de mensajes pueden hacer mucho daño y ya lo están haciendo. Además, las redes sociales han ayudado muchísimo a eso y detrás hay dinero y mecanismos muy potentes. Por eso nosotros tenemos que intentar explicar al máximo todo lo que sabemos, ofrecer alternativas nuevas y, además, decirles a los jóvenes que piensen. Si realmente piensan que aquello era mejor quiere decir que algo pasa, pero que hagan el esfuerzo de reflexionar antes de decirlo.
¿Qué le gustaría que entendiera alguien de 20 años al leer hoy su libro?
Cuando presento el libro siempre digo que me gustaría mucho ir a institutos. Ya me han salido algunas oportunidades de hacerlo y también he ido a un par de aulas universitarias. A mí me interesa hablar con la gente joven. No sé si los jóvenes de 20 años están leyendo el libro. Sé de alguna persona joven que sí lo ha leído, pero creo que la mayoría de lectores son personas que sienten que aquello también fue su momento, aunque no sufrieran directamente la represión: gente que ahora tiene entre 65 y 85 años y que vivió aquella época de una manera u otra. Me gustaría que los jóvenes lo leyeran y me dijeran qué piensan, pero, sobre todo, me gustaría que reflexionaran frente a esos discursos de odio y esos mensajes tan simples que circulan por las redes sociales y que acaban calando tanto.
Me gustaría que los jóvenes leyeran 'Memòria dibuixada' y me dijeran qué piensan, pero, sobre todo, me gustaría que reflexionaran frente a los discursos de odio y los mensajes tan simples que circulan por las redes sociales y que acaban calando tanto
¿Qué cree que España todavía no ha querido mirar de frente sobre la dictadura? ¿Existe todavía una cultura de protección hacia determinadas estructuras heredadas del franquismo?
Yo creo que, después de tantos años desde la Transición, mucha gente ni siquiera se lo pregunta. Hay algunas personas que sí nos lo preguntamos mucho, pero gran parte de la sociedad no ha querido cuestionarse realmente qué pasó. Si tú les dices: “¿Sabes que toda esta gente era la misma que la del Tribunal de Orden Público? ¿Que simplemente se le cambió el nombre y que eran los mismos jueces y los mismos fiscales?”, mucha gente no lo sabe o no ha querido verlo.
Pero son cosas que nosotros las tenemos muy claras: hubo toda una política destinada a eso, no fue algo que saliera solo. Y les fue bien. Fue una política de olvido impulsada desde arriba a la que contribuyeron los partidos políticos, la prensa… todo el mundo. Todo aquello tuvo mucha fuerza y, como además las cosas habían mejorado un poco, decidieron no mirar qué es lo que estaba ocurriendo, toda la represión que hubo en las calles a finales de los setenta y principios de los ochenta. Se instaló esa idea de: “Bueno, es que estamos en Europa”, “ya tenemos democracia, ya podemos votar”.
Mientras unos decían que había que “cerrar las heridas”, había familias buscando a sus muertos en las fosas sin que casi nadie hablara de ello...
De hecho, quienes comenzaron la lucha por la memoria democrática para que todo esto se conociera fueron las personas que tenían a sus padres o abuelos en las cunetas. Fueron ellos quienes comenzaron a presentar querellas, incluso en Argentina. No se creyeron ese discurso de que todo estaba ya superado. Las heridas eran tan profundas que los descendientes todavía las llevan encima y continúan queriendo cerrarlas de verdad.

La tradición mezcla devoción, rivalidad y fiesta popular desde hace siglos en decenas de pueblos andaluces
Aquí está es la verdadera Plaza del Diamante en la que se basa la novela de Mercè Rodoreda
Hay celebraciones que no se entienden únicamente desde la religión ni tampoco solo desde la fiesta popular, y las Cruces de Mayo son uno de los mejores ejemplos en Andalucía, una tradición que transforma plazas, calles y barrios enteros en escenarios llenos de flores, música, rivalidad simbólica y reuniones vecinales. Aunque mucha gente asocia esta festividad únicamente con patios decorados o cruces cubiertas de claveles, lo cierto es que detrás existe una tradición cultural muchísimo más compleja y profundamente arraigada en numerosos municipios andaluces.
La celebración tiene raíces religiosas vinculadas a la exaltación de la cruz cristiana, pero con el paso de los siglos terminó mezclándose con costumbres populares, rivalidades entre barrios, romerías y formas de convivencia colectiva que hoy siguen muy vivas, especialmente en provincias como Huelva, Córdoba o Granada. Mayo, asociado históricamente a la primavera y a la renovación, acabó convirtiéndose en el momento perfecto para este tipo de rituales festivos donde conviven lo sacro y lo profano casi sin fronteras claras.
Una tradición que cambia completamente según el pueblo
Una de las particularidades más interesantes de las Cruces de Mayo es que no existe una única manera de celebrarlas, ya que cada localidad ha desarrollado sus propios símbolos, rituales y formas de entender la fiesta. Hay pueblos donde la celebración gira alrededor de grandes procesiones y otros donde el verdadero protagonismo lo tienen las rivalidades históricas entre cruces rivales, capaces de dividir simbólicamente municipios enteros durante varios días.
Eso ocurre, por ejemplo, en localidades onubenses como Almonaster la Real, Villarrasa o La Palma del Condado, donde distintas hermandades o cruces mantienen una competencia simbólica que se traduce en música, cortejos, decoraciones y actos festivos. En algunos lugares incluso existen “coplas de pique”, canciones que cada grupo dedica al otro para alimentar esa rivalidad tradicional que, lejos de generar conflicto real, funciona como parte esencial de la identidad colectiva de la fiesta.
De hecho, según detalla la Junta de Andalucía, estas celebraciones muestran cómo “la tradición cultural y patrimonial se dan la mano con el fervor y lo festivo para celebrar la devoción a la Cruz, conviviendo lo sacro y lo profano, lo religioso y lo lúdico”. Esa definición resume bastante bien el espíritu de una fiesta que ha logrado mantenerse viva precisamente gracias a esa mezcla constante entre ceremonia y celebración popular.
El origen de las cruces y su evolución popular
Aunque el origen religioso de las Cruces de Mayo suele relacionarse con antiguas celebraciones cristianas vinculadas a la Santa Cruz, la tradición andaluza terminó evolucionando hacia algo mucho más amplio. Con el paso del tiempo, las cruces dejaron de ser únicamente símbolos litúrgicos para convertirse también en puntos de encuentro vecinales y en una forma de reforzar la identidad de calles, barrios y hermandades.
Esa evolución explica por qué hoy las fiestas incluyen elementos tan distintos entre sí: romerías, verbenas, música, gastronomía popular, competiciones simbólicas e incluso celebraciones donde todo el pueblo participa activamente durante semanas. En algunos municipios, como Rociana del Condado, las cruces realizan rituales tan particulares como las tradicionales “cabezás”, un gesto donde las distintas cruces se inclinan unas frente a otras como señal de respeto y despedida hasta el año siguiente.
Uno de los aspectos que más destacan las instituciones culturales andaluzas es precisamente el carácter patrimonial de estas celebraciones, ya que alrededor de las Cruces de Mayo también se ha desarrollado todo un universo de indumentaria, artesanía, gastronomía y música tradicional que forma parte del patrimonio inmaterial de Andalucía.
La fiesta no solo se limita al día concreto de la procesión, sino que implica meses de preparación, organización y participación vecinal, algo que explica por qué sigue teniendo tanta fuerza en muchos municipios pequeños donde las cruces continúan funcionando como uno de los grandes momentos del calendario anual.

INTERCIDS, Operadores Jurídicos por los Animales, estrena el documental 'Desmontando los Tres Tombs', una mirada crítica, desde la etología, la veterinaria, el derecho y el activismo, a una tradición cada vez más cuestionada.
Stop3tombs, la plataforma que destapa el maltrato a los caballos
“Los caballos tienen dolor, tienen miedo y tienen ansiedad”. Así de claramente se expresa la etóloga experta en équidos Raquel Villares en el recién estrenado documental Desmuntant els Tres Tombs, que he tenido el privilegio de dirigir para INTERCIDS. A través de entrevistas a profesionales veterinarias, etólogas, abogadas, activistas y ciudadanas, acompañadas de documentación gráfica recogida durante años en diversas localidades catalanas, el proyecto visibiliza el alto precio que conlleva para caballos y burros participar en este tipo de festejos. Un precio que algunos animales han pagado incluso con su vida, como ocurrió en la celebración de Barcelona en 2025.
“Nunca te explican que lo que estás haciendo le hace daño al caballo”, señala Leonor Díaz de Liaño, presidenta de la Asociación Defensa Équidos, ADE. “Estamos acostumbrados a que tiene que obedecer, y no tenemos en cuenta que es un animal presa y que sus señales de dolor no son con ruido, sino con expresiones faciales o movimientos del cuerpo que expresan incomodidad”.
Raquel Villares explica que “si sabes dónde mirar, se te abre un mundo”. Un mundo ruidoso y lleno de estímulos, en el que carros engalanados conviven con ojos desorbitados; música festiva, con cabeceos compulsivos; niños pidiendo caramelos, con lenguas colgando y bocas llenas de babas; curas lanzando agua bendita, con resbalones y caídas.
Aunque en el fragor de “la fiesta” nos comportemos como ciegos y sordos, los équidos nos están mostrando claramente su malestar, su pánico y su frustración. De hecho, una vez aprendes a verlas, ya no puedes seguir ignorando las señales. Y eso es, precisamente, Desmuntant els Tres Tombs: una mirada crítica a una tradición que ha ido pervirtiéndose con el tiempo y que necesita, con urgencia, ponerse al día.
Sufrimiento oculto a plena luz del día
Años de explotación han dado su fruto y hoy apenas podemos imaginarnos un caballo sin una silla a la espalda, unas riendas, un bocado o incluso un jinete montado encima. Incorporamos esos elementos a nuestra imagen del caballo como si fueran extensiones de su propio cuerpo. En los Tres Tombs la morfología del animal queda más difuminada aún, si cabe, bajo montones de ornamentos: petos, cascabeles, collares, campanas, cintas, anteojeras, mantillas, sombreros y todo tipo de elementos que sirven como barrera entre el público y un ser vivo obligado a desfilar tirando de un carro y en un ambiente totalmente aversivo para él.
“La gente está contenta, puede sonar música, reímos, celebramos y decimos: ¡Es una fiesta! ¡Es la fiesta de los Tres Tombs! En nuestro propio autoengaño, nos creemos que el animal que hemos disfrazado está contento”, explica la filósofa Marta Tafalla sobre el fenómeno de la estetización como forma de ocultar el maltrato. “El animal está sufriendo dolor físico, está sufriendo miedo, está sufriendo estrés, pero nosotros generamos la fantasía de que está disfrutando”, añade.
Los carros son un elemento esencial de esta celebración. Algunos son piezas antiguas restauradas con esmero y muchos van profusamente decorados y con una carga no únicamente compuesta de pasajeros humanos, sino también de troncos, barriles, balas de paja, sacos, cajas, lecheras y hasta barras de pan. Los defensores del evento se apresurarán a afirmar que esta carga solo es atrezzo, y que en realidad “no pesa”. Gracias, señores carreteros, por no llenar de hormigón los sacos y de plomo las cajas (solo faltaría eso). Obviamente, los carros pesan, algo fácilmente comprobable solo viendo las imágenes del festejo.
El transporte, el manejo, el entorno
“El transporte en los caballos es una fuente de estrés muy elevada, una fuente de lesiones y también de patologías”, explica la etóloga experta en équidos Teresa Gamonal. La carga y descarga es uno de los momentos más problemáticos para unos animales que tienen que recorrer muchos kilómetros para visitar, desde enero hasta junio, las diferentes localidades en que aún se celebra la fiesta.
“Cuando va en un camión, el caballo va intentando posicionarse, va intentando equilibrarse y hay una secreción de ácido láctico. Los caballos llegan con fatiga muscular, como poco, al evento”, señala la veterinaria experta en équidos María Manglano. “Hay caballos que lo llevan muy mal y que incluso necesitan sedación, porque, si no, hay veces que se autolesionan, van dando patadas y acaban haciéndose heridas”, añade.
Laura Martí, miembro de la Plataforma Animalista de Sant Cugat, entidad que lleva años documentado el evento, aborda otro de los aspectos que el público desconoce: en muchas ocasiones, los caballos están alquilados, de forma que la persona que los monta o maneja no tiene ni idea de las características de ese animal, qué le estresa o qué le da miedo. “Muchas veces están montados por jinetes novatos que no saben montar, y como los caballos están muy estresados, son sometidos a más tirones de riendas y a más esfuerzo”, declara Díaz de Liaño. Una opinión que comparte la etóloga Raquel Villares: “El nivel de estrés todavía sube más si ese caballo está mal montado, que es como está la mayoría”.
El documental
En poco más de media hora de duración, Desmuntant els Tres Tombs busca sensibilizar a una población que, en ocasiones desde la más absoluta indiferencia, ve pasar a estos animales por su pueblo sin plantearse el sufrimiento al que son sometidos; solo, en palabras de Leonor Díaz, “para divertirnos un rato”. Ciudadanas y ciudadanos que no se paran a pensar en el dinero público que su ayuntamiento, siempre endeudado y siempre con los recursos justos, se está gastando en este desfile.
El documental Desmuntat els Tres Tombs puede verse en abierto en YouTube, y está previsto realizar proyecciones y coloquios en diversos espacios en los próximos meses. Además, INTERCIDS solicitará a todos los consistorios que aún celebran el festejo que la película se proyecte en sus localidades. Al fin y al cabo, los equipos municipales gobiernan para toda la ciudadanía, también para aquella que rechaza el uso de animales por diversión.