
No es la primera vez que la investigación en el ámbito de la biotecnología se enfrenta a una tecnología con un potencial beneficio pero que, al mismo tiempo, también conlleva riesgos inherentes
El ‘proyecto Manhattan’ genético: varias empresas quieren modificar embriones y abrir el camino a los 'bebés a la carta'
«Hace unas semanas, dos preciosas niñas chinas llamadas Lulu y Nana llegaron al mundo llorando, tan sanas como cualquier otro bebé». Así comenzaba el vídeo en el que He Jiankui, profesor de la Southern University of Science and Technology de China, anunciaba en noviembre de 2018 el nacimiento, por primera vez en la historia, de bebés modificados genéticamente de forma intencionada. Su equipo utilizó la revolucionaria tecnología CRISPR para alterar el gen CCR5, relacionado con la infección por VIH, en el genoma de 31 embriones de siete parejas de China y Tailandia en las que el padre era seropositivo.
Aunque argumentaron que la edición con CRISPR podría paliar un grave problema de salud pública, la modificación no tenía fines preventivos ni terapéuticos: era una mejora genética (enhancement). Además, la variante que pretendían introducir se ha relacionado con una mayor predisposición a otras infecciones y la tecnología no había demostrado su seguridad ni su eficacia.
Por último, ni siquiera lograron experimentalmente los cambios deseados en el genoma.
Aun así, los científicos siguieron adelante e implantaron trece embriones en cinco mujeres. Como resultado, nacieron las gemelas Lulu y Nana, y un tercer bebé cuya identidad se desconoce.
Cirugía genética
El experimento, descrito por Jiankui como una “cirugía genética”, generó un fuerte rechazo internacional al considerarse “irresponsable, peligroso e inmoral”. El científico y dos de sus colaboradores, Zhang Renli y Qin Jinzhou, fueron condenados a penas de prisión y al pago de multas por la comisión de delitos de práctica médica ilegal y falsificación documental.
En la actualidad, se desconoce si las intervenciones genéticas han podido afectar a la salud de los menores editados. Lo que resulta evidente es que el caso ilustra los riesgos de una tecnología de doble uso, que ofrece grandes promesas y esperanzas en biomedicina y, al mismo tiempo, puede suponer graves amenazas, dado que los efectos sobre el bienestar y la integridad de las personas editadas aún no se han investigado ni se comprenden lo suficiente.
Una tecnología de doble uso
Casi una década después, dos compañías estadounidenses, Manhattan Project y Preventive, han comenzado a investigar el uso de la edición genética en embriones humanos con el propósito de erradicar, en teoría, dolencias como la fibrosis quística, el mal de Alzheimer, la distrofia muscular de Duchenne y la enfermedad de Huntington. Estas aproximaciones difieren sustancialmente de Casgevy, la primera terapia génica aprobada basada en CRISPR, en este caso para tratar a pacientes con beta-talasemia y anemia de células falciformes, cuyos cambios no se transmiten a la descendencia pues se llevan a cabo sobre células somáticas.
En realidad, estas empresas persiguen objetivos muy diferentes. Su idea es modificar el genoma en estadios tempranos del desarrollo embrionario, es decir, en la línea germinal, para producir variaciones que pueden ser potencialmente heredables. Este tipo de intervenciones se consideran prohibidas en los países firmantes del Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina (Convenio de Oviedo), entre los que se encuentra España.
En Estados Unidos, donde operan estas empresas, se limitan estas prácticas, pero diversas fuentes apuntan que dicha regulación podría flexibilizarse bajo la administración Trump, lo que abriría la puerta a experimentos que plantean numerosos interrogantes sociales, éticos y jurídicos.
Experimentos que plantean numerosos interrogantes sociales, éticos y jurídicos
En este contexto, cabe preguntarse quién debe fijar los límites en torno a las modificaciones sobre el genoma humano de la línea germinal, tanto en el ámbito experimental como en la práctica clínica, y bajo qué modelo de gobernanza se debe actuar. Estas cuestiones no son triviales, aunque tampoco resultan completamente novedosas. La historia de la biotecnología proporciona ejemplos de los cuales es posible extraer enseñanzas valiosas para el debate actual.
No es la primera vez que la investigación en el ámbito de la biotecnología se enfrenta a una tecnología con un potencial beneficio pero que, al mismo tiempo, también conlleva riesgos inherentes. El precedente más cercano es el desarrollo de la tecnología del ADN recombinante, también conocida como ingeniería genética, y el modo en el que la comunidad científica afrontó su vertiginosa irrupción a mediados de los años setenta del siglo pasado.
En 1973 se llevó a cabo la primera conferencia de Asilomar, un evento que congregó a más de un centenar de científicos con el fin de examinar los riesgos asociados a ciertos elementos y agentes empleados en los experimentos de biología molecular de la época. Fue la primera ocasión en la que la propia comunidad científica valoró la posibilidad de fijar límites al ejercicio de la libertad de investigación por motivos de seguridad.
En 1975 se celebró la segunda y más conocida conferencia de Asilomar, justo después de la publicación de un manuscrito sobre las cuestiones más controvertidas de la ingeniería genética, artículo que también advertía sobre las consecuencias “impredecibles” del ADN recombinante.
En este segundo encuentro, en el que participaron un centenar de investigadores punteros en ingeniería genética, junto a periodistas y juristas especializados, se discutió sobre si podía o no levantarse la moratoria voluntaria que la propia comunidad científica se había autoimpuesto y, en caso afirmativo, en qué condiciones podrían reiniciarse los experimentos de forma segura. Sin duda, la segunda reunión de Asilomar implicó un cambio de actitud trascendental: frente a épocas pasadas, quienes se dedicaban a investigaciones de vanguardia en biotecnología eran muy conscientes de la importancia y de los potenciales riesgos de modificar la materia viva a nivel molecular.
Sin embargo, el consenso sobre este modelo de gobernanza, profundamente tecnocrático, no fue unánime debido a dos motivos principales. Por un lado, porque las conferencias de Asilomar se centraron en los aspectos relacionados con la seguridad, obviando otras cuestiones vinculadas, por ejemplo, con los valores y principios éticos y jurídicos en juego, así como otros temas relacionados con la autonomía, la justicia social o la solidaridad. Por otro lado, según argumentó un colectivo crítico de la Universidad de Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, en inglés), las conclusiones de Asilomar se alcanzaron sin una adecuada participación y deliberación ciudadana.
Esa exclusión se intentó subsanar ese mismo año en Cambridge (Massachusetts, Estados Unidos), la ciudad donde se ubican la Universidad de Harvard y el MIT, que pretendían por entonces construir laboratorios de alta seguridad para experimentos sobre ingeniería genética. Ante los temores existentes en aquella época, el Consejo municipal impuso una moratoria de seis meses y creó una comisión formada por personas legas en biotecnología con el propósito de que debatieran sobre su idoneidad. Tras reunirse durante meses y analizar más de 75 testimonios, tanto a favor como en contra de la tecnología del ADN recombinante, el comité publicó un informe en 1977 recomendando continuar con las investigaciones, pero con indicaciones más estrictas que las directrices que habían establecido a nivel federal los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos.
Aunque este ejemplo se limitó a una pequeña región, sin duda conforma el primer precedente de gobernanza democrática de la biotecnología y muestra que la ciudadanía, incluidos quienes no tienen formación ni experiencia profesional especializada, puede deliberar sobre cuestiones técnicas complejas y tomar decisiones razonables y argumentadas.
Gobernanza democrática de la biotecnología
Asimismo, el modelo propuesto en las conferencias de Asilomar, que constituyó un punto de inflexión en la historia de la biotecnología, resulta hoy difícilmente replicable. En la actualidad, los desafíos éticos, legales y sociales de la edición genética con CRISPR, más aun después del irresponsable experimento del equipo liderado por He Jiankui, exigen una discusión más amplia que garantice una participación pública inclusiva y diversa. Es decir, en línea con lo que establece el artículo 28 del Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina (Convenio de Oviedo), resulta esencial que las cuestiones fundamentales que plantean los avances en biología y medicina, como precisamente ocurre con las biotecnologías emergentes, sean “objeto de un debate público apropiado”.
Este precepto legal no es una mera declaración de intenciones, sino que fija un mandato jurídicamente vinculante en los Estados que han ratificado el Convenio, como España, mediante el que se reconoce que las decisiones que pueden tener consecuencias para el conjunto de la humanidad requieren una deliberación verdaderamente democrática, y no solo consensos sobre las cuestiones de naturaleza científico-técnica. En otras palabras, nos encontramos ante la exigencia de virar hacia un modelo de gobernanza democrática muy distinto al de Asilomar, y más cercano al impulsado en Cambridge a mediados de los años setenta, en el que también se garantice una información veraz y rigurosa sobre las posibilidades reales de CRISPR, evitando así las falsas expectativas y los miedos infundados.
Sin embargo, la investigación empírica más reciente sobre deliberación pública y toma de decisiones en torno a la edición genética muestra importantes lagunas en la construcción de un modelo de gobernanza verdaderamente democrático. A modo ilustrativo, una revisión publicada en European Journal of Human Genetics en 2024 puso de manifiesto un incremento de los esfuerzos encaminados a fomentar la participación ciudadana, si bien con sesgos que han favorecido a personas blancas y con elevada formación académica, y con metodologías que exigían el acceso a internet, lo que limitaba a quienes tenían bajos recursos socioeconómicos.
Otro estudio, publicado en Journal of Community Geneticsen 2024, también dio a conocer las reticencias de la comunidad científica hacia la deliberación pública en cuestiones relacionadas con la edición genética. En general, estas prácticas se entendían no como un debate público apropiado, en los términos del Convenio de Oviedo, sino más bien como una actividad asociada a la mera transmisión unidireccional de información sobre la evidencia científica relativa a las intervenciones sobre el genoma humano. Este enfoque incurre en el denostado modelo de déficit cognitivo, una barrera estructural que puede limitar la puesta en marcha de un modelo de gobernanza plenamente democrático, limitando también los términos y las personas implicadas en el debate, y arrastrando así los mismos sesgos y problemas planteados en las conferencias de Asilomar hace casi medio siglo.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leerlo aquí.

La campaña especial se llevará a cabo por todo el país y se prolongará hasta el próximo domingo, 19 de abril
Multas sin reducción del 50% del importe: las cuatro excepciones que contempla la DGT
La Dirección General de Tráfico (DGT) impulsa, hasta el próximo domingo, 19 de abril, una campaña especial que se centrará en la vigilancia y el control de la velocidad en las carreteras españolas. Este es uno de los factores de riesgo clave en la siniestralidad vial al estar presente en más del 20 % de los accidentes con víctimas mortales, según los datos de Tráfico.
La campaña pivota en torno a varias acciones. En primer lugar, los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, junto con las policías locales que se sumen a la iniciativa, intensificarán los controles en todo el país. Los cuerpos de seguridad vigilarán tanto a vías interurbanas como urbanas. Sin embargo, los agentes prestarán especial atención a los tramos de riesgo asociados a la velocidad y a los puntos donde existe mayor siniestralidad.
La DGT también se apoyará en los medios técnicos de los que dispone y que utiliza habitualmente, como los radares (fijos o móviles) o el control aéreo desde los helicópteros Pegasus. De hecho, el pasado mes de febrero entraron en funcionamiento 33 nuevos radares (20 fijos y 13 de tramo) en carreteras de once comunidades autónomas.
Estos dispositivos no tienen afán recaudatorio, recuerda Tráfico. El objetivo de estos puntos de control, aseguran, es contribuir a la reducción del número de siniestros mortales y heridos graves. De hecho, desde su puesta en marcha en 2005, junto a otras medidas, han ayudado a la reducción del número de víctimas mortales en un 75 %.
Un riesgo elegido y repetido
Los datos confirman la relación entre velocidad y riesgo de siniestralidad: el conductor dispone de menos tiempo para reaccionar ante un imprevisto, la distancia de frenado se amplía y el campo visual se estrecha. De hecho, el Observatorio Europeo de Seguridad Vial estima que un aumento de la velocidad en 10 kilómetros por hora duplica la probabilidad de sufrir un siniestro mortal.
De acuerdo con la DGT, en 2024, último año con cifras consolidadas, se registraron en España 307 siniestros mortales en los que el exceso de velocidad incidió de manera determinante. Eso supuso un incremento del 5,5 % con respecto a los 291 registrados en 2023.
Pero las muertes en carretera parecen no remover conciencias. Tráfico recuerda que la velocidad inadecuada se mantiene como tercer factor concurrente más habitual en los siniestros de tráfico y está presente en más del 20 % de los casos con víctimas mortales. De ahí que, frecuentemente, se pongan en marcha campañas especiales de vigilancia, con el objetivo de asegurar que los usuarios respetan los límites marcados en las vías.
Además, los resultados de la última campaña especial de vigilancia y control de velocidad muestran la persistencia de conductas de riesgo al volante. Entre el 4 y el 10 agosto del año pasado fueron controlados algo más de un millón de vehículos por la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, de los cuales fueron denunciados 68.662, un 6,7%, el porcentaje más elevado de las últimas siete ocasiones.

La preocupación por el control de la información personal impulsa nuevas herramientas digitales que funcionan bajo marcos legales más estrictos y con mayor autonomía del usuario
Cómo funciona Ask Maps, el nuevo modo inmersivo de navegación 3D de Google Maps
El uso de servicios digitales forma ya parte de nuestro día a día. El correo electrónico, la mensajería instantánea o el almacenamiento en la nube se han convertido en herramientas básicas que se utilizan de forma casi automática, muchas veces sin pararnos a pensar qué ocurre con los datos que vamos generando. Plataformas como Gmail, WhatsApp o Google Drive han crecido precisamente por lo sencillo que resulta usarlas, aunque al mismo tiempo han puesto sobre la mesa el debate sobre la privacidad.
Más allá del aspecto técnico, la cuestión también tiene un componente legal importante. No solo influye dónde se guardan los datos, sino también las leyes que afectan a la empresa que ofrece el servicio. En algunos casos, aunque la información esté almacenada en servidores situados dentro de la Unión Europea, si la compañía es de origen estadounidense puede estar sujeta a normas como la CLOUD Act, que permite a las autoridades de Estados Unidos solicitar acceso a determinados datos gestionados por sus empresas, incluso aunque estén fuera del país.
Esto choca directamente con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea, que establece límites más estrictos sobre cómo se puede tratar la información personal. En la práctica, esto significa que dependiendo del servicio que se utilice, el nivel de control real sobre los datos puede variar. En respuesta a esta situación, han ido apareciendo alternativas europeas que funcionan bajo la legislación comunitaria o en países con marcos de privacidad más exigentes, con la idea de reforzar la protección de la información de los usuarios.
ProtonMail, Tutanota y Soverin como alternativas europeas al correo electrónico
El correo electrónico sigue siendo uno de los servicios más delicados dentro del uso diario de internet, ya que es la puerta de entrada a cuentas personales, registros y distintas plataformas. Gmail se integra dentro de un ecosistema que puede analizar información asociada a los mensajes, como los metadatos, con distintos objetivos relacionados con el servicio.
En este contexto, una de las alternativas europeas más conocidas es ProtonMail, con sede en Suiza. Este servicio utiliza cifrado de extremo a extremo de manera automática, lo que hace que solo emisor y receptor puedan leer el contenido de los correos. La propia empresa no tiene acceso a los mensajes, ya que no dispone de las claves necesarias para descifrarlos. Además, opera bajo la legislación suiza, que es especialmente estricta en materia de privacidad.
Otra opción es Tutanota, desarrollada en Alemania. Su enfoque también se basa en el cifrado, pero amplía la protección a elementos que en otros servicios suelen quedar fuera, como el asunto del correo o la lista de contactos. Con esto se reduce la cantidad de información que puede utilizarse para crear perfiles basados en los hábitos de uso de los internautas.
Dentro de este mismo grupo aparece Soverin, una alternativa de origen neerlandés pensada para quienes buscan una identidad digital más independiente. Permite usar dominios personalizados y establece de forma contractual que no se realiza ningún tipo de explotación de datos. A diferencia de los servicios gratuitos, funciona mediante suscripción, lo que elimina la necesidad de financiarse a través de publicidad o análisis de información personal.
Threema, una alternativa a la mensajería instantánea
La mensajería instantánea es uno de los servicios que más información genera en el día a día. WhatsApp es la aplicación más extendida en todo el mundo, pero su integración dentro de un gran grupo tecnológico como Meta, también propietaria de Facebook e Instagram, implica la gestión de metadatos relacionados con el uso de la plataforma.
Como alternativa, Threema, desarrollada en Suiza, propone un modelo distinto. Para empezar, no pide vincular la cuenta a un número de teléfono ni a un correo electrónico. En su lugar, asigna un identificador aleatorio, lo que permite chatear sin necesidad de compartir datos personales básicos.
Además, todos los mensajes están protegidos con cifrado de extremo a extremo y sus servidores se encuentran en Suiza. Funciona con un pago único, así que no depende de recopilar información para financiarse. Aunque no tiene el mismo nivel de uso que otras aplicaciones, su planteamiento está pensado para generar la menor cantidad posible de datos durante las conversaciones.
Nextcloud como opción europea para el almacenamiento en la nube
El almacenamiento en la nube es otra de esas piezas clave cuando se habla de datos personales. Plataformas como Google Drive permiten guardar documentos y archivos sin ocupar espacio en el dispositivo, pero a cambio suponen dejar esa información en manos de terceros.
Frente a esto, una de las opciones europeas más conocidas es Nextcloud, desarrollada en Alemania. No es solo un servicio para guardar archivos, sino que también permite trabajar con ellos y compartirlos. Su principal diferencia está en que el usuario puede decidir dónde se almacenan los datos: desde proveedores dentro de Europa hasta servidores propios. Esto hace que sea más fácil saber dónde está la información y quién puede acceder a ella.
Estas alternativas muestran que poco a poco está cambiando la forma en la que se entienden los servicios digitales. Ya no se trata solo de que funcionen bien o sean cómodos, sino también de qué pasa con la información que utilizan y bajo qué leyes se protege. Aunque todavía no tienen el mismo uso que las plataformas más populares, cada vez hay más interés en este tipo de herramientas por parte de quienes quieren tener un mayor control sobre sus datos.

"Aquí hay gente que se está forrando con operaciones en la Bolsa, con el petróleo y el gas", ha advertido el obispo de Orihuela-Alicante antes de comentar que hay dirigentes que deciden arbitrariamente sobre esas fuentes energéticas y su distribución mundial para ganar dinero
El Papa León XIV responde a los ataques de Trump: “Seguiré hablando alto y claro contra la guerra”
El obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, ha opinado que la petición del papa León XIV contra la guerra ha molestado a la “fiera” del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien ha comparado con “la niña del exorcista”.
En el programa 'Sexto continente' emitido en Radio María este lunes 13 de abril, Munilla ha manifestado que Trump se ha “revuelto” contra el papa después de que éste enviara el pasado sábado desde la basílica de San Pedro el mensaje al mundo de que quien tenga capacidad de optar por la guerra o la paz, que elija esto último.
Ha proseguido que estas palabras “increíbles, bellísimas y profundísimas” fueron “las que molestaron a la fiera”, en referencia al presidente estadounidense, quien se “revolvió como la niña del exorcista con el agua bendita” pese a que el papa “tuvo la delicadeza” de no mencionar al propio Trump ni a Estados Unidos.
Para Munilla, “Trump está optando por el camino de la guerra y no la paz” ante lo cual León XIV “ha hecho lo que debía de hacer” pese a que haya “tocado el trigémino al hombre que cree el más poderoso del mundo”.
El obispo de Orihuela-Alicante ha considerado que Trump hace una “banalización del mal” y que se “ufana” cuando “hace alarde de una victoria (militar) rotunda y que ha borrado del mapa” al enemigo ya que en realidad “mata a gente inocente, destrozando familias”.
A su juicio, “hay un delirio de omnipotencia: la idolatría de creerse que soy el dueño del mundo” en un tiempo en el que también observa que los movimientos geoestratégicos buscan el “lucro injusto”.
“Aquí hay gente que se está forrando con operaciones en la Bolsa, con el petróleo y el gas”, ha advertido Munilla antes de comentar que hay dirigentes que deciden arbitrariamente sobre esas fuentes energéticas y su distribución mundial para ganar dinero.
Y también ha alertado que se juega con los tiempos de esas decisiones: “Ahora voy a dar una noticia que va a hacer subir y bajar las bolsas, pero a ti te lo digo un cuarto de hora antes para que compres o vendas y te forres”, ha señalado.

Con vistas espectaculares, Velika Planina es considerado uno de los asentamientos de pastores más grandes y hermosos de toda Europa
El mayor puente ferroviario de piedra con forma de arco de todo el mundo fue construido hace más de 100 años en este pequeño país
En estas cuevas eslovenas verás cascadas, enormes estalactitas y estalagmitas y un cañón de 146 metros de profundidad
Situada en el corazón de los Alpes de Kamnik-Savinja, la meseta de Velika Planina se ha consolidado como un auténtico tesoro etnográfico único en el continente europeo. Este destino, situado a unos cincuenta kilómetros al noreste de Liubliana, ofrece a sus visitantes una inmersión profunda en la vida alpina más auténtica. Considerado uno de los asentamientos de pastores más grandes y hermosos de toda Europa, este paraje parece haber detenido el tiempo entre sus verdes colinas. La atmósfera bucólica que se respira en sus alturas invita a desconectar del ritmo frenético de la vida contemporánea en un entorno natural sobrecogedor. Es, sin lugar a dudas, un espacio donde la naturaleza y la cultura se funden para ofrecer una experiencia inolvidable a cada viajero.
Para alcanzar este paraíso de altura de Eslovenia, el medio de transporte más rápido y emblemático es el teleférico que parte del valle de Kamniška Bistrica. Este trayecto inicial salva un desnivel considerable en apenas unos minutos, dejando a los pasajeros a una altitud de 1.407 metros, concretamente en Simnovec. Tras este primer tramo, los visitantes suelen continuar su ascenso mediante un telesilla que los conduce hasta el pico Gradišče, situado a 1.666 metros. Desde esta posición privilegiada, las vistas panorámicas del sistema montañoso esloveno son simplemente espectaculares, incluso cuando la neblina abraza las cumbres. Aunque existen rutas de senderismo para subir a pie, el teleférico sigue siendo la opción predilecta por su gran comodidad y rapidez.
Una vez en la cima, la naturaleza se abre en una vasta extensión de aproximadamente 500 hectáreas de prados alpinos de un verde intenso. Estos pastizales de alta montaña, que comprenden Velika, Mala y Gojska Planina, forman una meseta kárstica repleta de cuevas y dolinas. Durante los meses de verano, este espacio se transforma en un vibrante escenario donde el ganado pasta libremente bajo el cielo. Los senderos se entrelazan por toda la superficie, permitiendo a los excursionistas explorar cada rincón de este ecosistema protegido de gran relevancia nacional. La inmensidad de la pradera, salpicada por la arquitectura tradicional, crea una estampa difícil de igualar en cualquier otro rincón de los Balcanes.
Lo que realmente define la identidad visual de Velika Planina son sus casi 140 cabañas de madera, conocidas localmente como “bajtes” o “koča”. Estas construcciones singulares destacan por sus llamativos tejados de madera de abeto o alerce que descienden casi hasta el suelo. Esta arquitectura tradicional no solo es estéticamente bella, sino que está diseñada para resistir las duras condiciones de frío y humedad de la montaña. Originalmente, estas viviendas tenían una forma ovalada, aunque tras la Segunda Guerra Mundial muchas se reconstruyeron con una estructura rectangular. El arquitecto Vlasto Kopač fue el encargado de proyectar esta reconstrucción respetando fielmente el estilo histórico tras la devastación nazi.
La vida en la meseta está íntimamente ligada a la tradición de la trashumancia, que se mantiene viva desde hace siglos en esta región eslovena. Cada año, entre junio y septiembre, los pastores suben con sus rebaños a estas tierras altas para aprovechar la riqueza de los pastos estivales. Los cencerros de las vacas marcan el ritmo de los días en un poblado que carece de las grandes comodidades de la vida moderna. Los pastores habitan sus cabañas durante tres meses, cuidando de sus animales y produciendo alimentos esenciales para su supervivencia y comercio. Este ciclo estacional no es solo una práctica económica, sino un patrimonio cultural espiritual que los lugareños protegen con un inmenso orgullo.
La gastronomía local es otro de los pilares fundamentales que todo visitante debe descubrir al explorar los rincones de este pueblo de pastores. El producto estrella es, sin duda, el queso “trnič”, una variedad única elaborada con leche de vaca y decorada con sellos de madera. Tradicionalmente, este queso en forma de pera se regalaba a las mujeres como una muestra de amor, lealtad y compromiso matrimonial. Otros platos típicos de montaña incluyen la leche agria acompañada de “žganci”, una especie de gachas de trigo sarraceno muy nutritivas. Degustar estas delicias en las terrazas de los restaurantes locales permite saborear la esencia misma de los Alpes eslovenos con ingredientes frescos.
Una capilla y un museo
El patrimonio religioso y la historia de superación del pueblo también se manifiestan en la capilla de Santa María de las Nieves. Este pequeño templo de madera, situado en un montículo, preside todo el valle y es un punto de encuentro espiritual para los pastores. La capilla original, diseñada por el famoso arquitecto Jože Plečnik en 1939, fue destruida por los nazis durante el invierno de 1945. Fue reconstruida en 1988 bajo la dirección de Vlasto Kopač, devolviendo a la comunidad su lugar de culto más emblemático. Actualmente, se celebran misas dominicales durante el verano, atrayendo a numerosos fieles y senderistas que buscan un momento de paz en la montaña.
Para profundizar en la historia local, el Museo Preskar ofrece una visión etnográfica incalculable dentro de una de las pocas cabañas ovales originales. Este pequeño espacio conserva herramientas y utensilios tradicionales que los pastores han utilizado durante generaciones para manejar el ganado y producir queso. A través de sus exposiciones, el museo documenta las costumbres y el duro pero gratificante modo de vida de los habitantes de la meseta. El edificio en sí mismo es una reliquia arquitectónica, protegida como monumento cultural de interés local debido a su diseño único sin ventanas. Es el lugar ideal para comprender cómo el hombre ha logrado adaptarse y prosperar en este entorno alpino. Visitar Velika Planina es, en esencia, realizar un viaje al pasado donde la armonía entre el ser humano y el paisaje es absoluta. El contraste entre las cumbres rocosas y la suavidad de los prados crea una belleza escénica que cambia con cada estación del año. Al finalizar la jornada, el descenso en teleférico permite contemplar por última vez este mundo suspendido en las nubes de los Alpes de Kamnik.