
De la ficción al paisaje volcánico real: cómo la isla inspira escenarios que sí se pueden recorrer
Así es pasear por un bosque que fue lava: el único hayedo volcánico de toda España
Hay paisajes que parecen inventados, pero que en realidad existen, y otros que nacen en la literatura, pero acaban resultando tan verosímiles que cuesta creer que no estén en el mapa. Eso es exactamente lo que ocurre con el volcán El Ahorcado en la novela Han cantado bingo, de Laura Corujo.
Quien haya leído la historia puede tener la sensación de que ese lugar forma parte del territorio volcánico de Lanzarote, pero lo cierto es que no existe como tal, sino que es una creación literaria que bebe directamente de la geografía real de la isla, un territorio moldeado por erupciones, lava y cráteres que han dado forma a uno de los paisajes más reconocibles de España.
Esa mezcla entre realidad e imaginación no es casual, ya que la propia autora juega con elementos reales para construir su universo narrativo, utilizando nombres, formas y referencias que conectan con el entorno volcánico de Lanzarote, pero adaptándolos a las necesidades del relato.
De hecho, en una entrevista concedida al Diario de Fuerteventura, la autora explicaba el origen del nombre con total claridad: “Decidí llamarlo El Ahorcado, porque, como otros muchos en la Isla, se asoma literalmente al exterior, como una cabecita decapitada, y ese nombre generaba terror, que era lo que yo buscaba. Sí elegí otros nombres reales, como el pueblo de El Cuchillo, que también alude a la vivienda familiar, que acaba partida en dos, o La Santa, el lugar donde la protagonista encuentra paz”.
No obstante, sí existen volcanes en la isla que el cabildo de Lanzarote recopila en su página a modo de aviso turístico:
Montaña Teneza
Si uno busca un volcán que represente esa sensación de aislamiento y paisaje casi intacto que transmite la novela, Montaña Teneza es una de las opciones más interesantes dentro de la isla. Situado en el municipio de Tinajo y accesible desde el propio pueblo, este volcán actúa como puerta de entrada a zonas menos transitadas, donde el terreno volcánico se muestra sin filtros, con esa mezcla de dureza y belleza que caracteriza a Lanzarote.
No es uno de los nombres más populares entre los visitantes, pero precisamente por eso conserva una autenticidad que conecta muy bien con la atmósfera que la ficción intenta recrear.
Volcán de La Corona
En el norte de Lanzarote, dentro del municipio de Haría, se encuentra el Volcán de La Corona, uno de los más conocidos y también uno de los más importantes desde el punto de vista geológico. Sus erupciones, que se remontan a miles de años atrás, dieron lugar a formaciones tan espectaculares como los Jameos del Agua o el Túnel de la Atlántida, lo que convierte a este volcán en mucho más que un simple cráter.
Aquí, el visitante no solo observa el paisaje, sino que puede entender cómo la actividad volcánica ha modelado la isla, algo que ayuda a comprender por qué resulta tan fácil imaginar escenarios ficticios en un entorno que ya de por sí parece sacado de una novela.
Montaña Blanca
En la zona central de la isla, cerca de San Bartolomé y a medio camino de Tías, aparece Montaña Blanca, un volcán que destaca por su accesibilidad y por ofrecer una visión bastante completa del paisaje volcánico lanzaroteño sin necesidad de grandes desplazamientos.
Su presencia es menos dramática que la de otros puntos de la isla, pero precisamente ahí reside su interés, en mostrar una cara más cotidiana del territorio, donde la vida y el paisaje conviven de forma más directa. Es uno de esos lugares que no buscan impresionar de forma inmediata, pero que acaban dejando huella por su equilibrio.
Montaña Bermeja
En el sur de la isla, muy cerca del Parque Nacional de Timanfaya, Montaña Bermeja introduce un elemento visual que rompe con la uniformidad del negro volcánico, gracias a los tonos rojizos que le dan nombre. Este contraste convierte al volcán en uno de los más llamativos a nivel estético, ofreciendo una imagen que parece casi irreal, pero que forma parte de la diversidad geológica de Lanzarote.
Es un buen ejemplo de cómo el paisaje volcánico no es homogéneo, sino que presenta variaciones que enriquecen la experiencia y refuerzan esa sensación de estar en un lugar único.
Caldera El Cuervo
Si hay un volcán que conecta directamente con la novela, ese es la Caldera El Cuervo, no solo por su forma o por su accesibilidad, sino porque estuvo a punto de dar nombre al volcán ficticio de la historia. Situado en la zona de influencia del malpaís de Timanfaya, este cráter es uno de los más visitados de la isla, en parte por su proximidad a la carretera y en parte por la posibilidad de recorrer su interior, lo que permite experimentar de primera mano cómo es estar dentro de un volcán.
Su silueta, abierta y parcialmente derrumbada, encaja perfectamente con la imagen que describe la autora, esa especie de “cabeza decapitada” que asoma al exterior, y que finalmente inspiró el nombre de El Ahorcado dentro de la ficción.

El rincón real de Gràcia donde empieza y termina una de las historias más emblemáticas de la literatura catalana
'La Sombra del Viento' tiene su propia ruta que recorren los amantes de Carlos Ruiz Zafón
Hay novelas que no solo cuentan una historia, sino que construyen un espacio tan reconocible que acaba formando parte del imaginario colectivo, incluso para quienes nunca han pisado ese lugar, y eso es exactamente lo que ocurre con La plaça del Diamant, la obra más conocida de Mercè Rodoreda.
Durante años, muchos lectores han imaginado esa plaza como un escenario casi simbólico, una especie de decorado literario que existe más en la cabeza que en el mapa, pero lo cierto es que ese lugar es real, está en el barrio de Gràcia de Barcelona y conserva aún hoy buena parte de la esencia que la novela supo capturar.
Lo interesante no es solo que exista, sino cómo la autora la utiliza para articular toda la historia, convirtiéndola en un punto de inicio y de cierre que marca el recorrido vital de la protagonista, como si la plaza fuera algo más que un simple escenario y funcionara, en realidad, como un reflejo de todo lo que ocurre dentro del relato.
La plaza real donde empieza y termina la novela
La Plaça del Diamant, situada en el corazón del barrio de Gràcia, no es una recreación ni una inspiración lejana, sino el lugar concreto que Rodoreda eligió para situar momentos clave de su obra, incluyendo el primer encuentro entre Colometa y Quimet, una escena que actúa como detonante de todo lo que vendrá después. No es casual que la novela también regrese a este mismo punto al final, cerrando así un círculo narrativo que refuerza la carga simbólica del espacio.
Hoy, quien se acerca a esta plaza puede reconocer algunos de los elementos que conectan directamente con la obra, como la escultura que representa a Colometa o la placa dedicada a la escritora, detalles que convierten el lugar en algo más que un punto geográfico y lo transforman en un espacio literario vivo, donde ficción y realidad conviven de forma natural. Tal y como recogen rutas culturales y patrimoniales de la ciudad, la plaza sigue siendo uno de los puntos más identificables del universo de Rodoreda, especialmente para quienes buscan recorrer Barcelona a través de su literatura.
Gràcia y el contexto que dio forma a la historia
Entender por qué Rodoreda eligió esta plaza implica también mirar al barrio que la rodea, ya que Gràcia ha sido históricamente un espacio con una identidad propia dentro de Barcelona, con calles estrechas, plazas pequeñas y una vida de barrio muy marcada que encaja perfectamente con el tono íntimo y cotidiano de la novela. Esa atmósfera, alejada de las grandes avenidas, permite que la historia se desarrolle en un entorno reconocible y cercano, donde los cambios sociales y personales se perciben con mayor intensidad.
La elección de este escenario no responde únicamente a una cuestión geográfica, sino a una decisión narrativa que busca situar la historia en un espacio que refleje la vida real de la ciudad en una época concreta, algo que convierte la Plaça del Diamant en un elemento estructural dentro del relato, más allá de su función como localización.
Un espacio literario que se puede recorrer hoy
A diferencia de otros escenarios literarios que desaparecen o se transforman hasta volverse irreconocibles, la Plaça del Diamant mantiene una continuidad que permite al lector trasladar su experiencia de la página al espacio físico sin grandes distorsiones. Esta conexión ha dado lugar a rutas literarias que recorren distintos puntos vinculados a la obra de Rodoreda, empezando en lugares cercanos como los Jardinets de Gràcia o edificios emblemáticos como la Casa Fuster, y culminando en la propia plaza, donde la historia adquiere todo su sentido.
Esa posibilidad de recorrer la novela a pie refuerza la idea de que no se trata solo de una ficción ambientada en Barcelona, sino de una obra profundamente enraizada en su geografía y en su historia, donde cada espacio tiene un peso específico dentro del relato y contribuye a construir la experiencia del lector.

El centro le practicará este sábado una PCR y el resultado se conocerá en unas 24 horas
Hantavirus contra coronavirus: cinco razones claras por las que este brote no es equiparable a la pandemia
La vecina de Barcelona que tuvo contacto en el avión con la neerlandesa fallecida por hantavirus llegará “dentro de poco” al Hospital Clínic de Barcelona, donde ingresará en una habitación de aislamiento para quedar en “observación y aislamiento” durante tres y seis semanas. Se trata del tercer contacto identificado en España por haber coincidido en Johannesburgo en el avión de la compañía KLM.
Según ha informado en una comparecencia ante los medios el director asistencial del hospital, Toni Castells, esta mujer es asintomática por lo que tiene condición de “contacto” y no de “paciente” y estará controlada en todo momento por profesionales especializados.
El centro le practicará este mismo sábado una PCR y el resultado se conocerá en unas 24 horas. Si es negativo, la prueba se repetirá a los siete días. “El periodo de incubación entre que una persona entra en contacto con el virus hasta que desarrolle síntomas -si es que los desarrolla- oscila entre las tres y las seis semanas. Por tanto, el periodo de cuarentena estará por ahí”, ha puntualizado Castells.
Desde el hospital también han querido dejar claro que ha tenido un grado de exposición bajo en el virus. Según la investigación epidemiológica, la mujer no se había identificado inicialmente por un cambio de asiento en el avión de KLM donde coincidió con la fallecida por hantavirus tras viajar en el crucero Hondius. Esta circunstancia dificultó su localización en la primera reconstrucción de contactos.
De acuerdo con el protocolo aprobado este viernes por la mañana por el Ministerio de Sanidad, se considera que la mujer cumple criterios de contacto, por lo que se han activado las medidas de seguimiento y vigilancia previstas.
Ya hay una paciente ingresada en un hospital de Alicante con síntomas compatibles de hantavirus, y otra mujer sudafricana que también viajó en esa aeronave y pasó una semana en Barcelona antes de volver a su país, ha sido localizada sin síntomas.
Con respecto a la paciente ingresada desde el viernes en el Hospital San Juan de Alicante, la Conselleria valenciana de Sanidad ha remitido al Centro Nacional de Microbiología la muestra extraída. El registro de entrada de la muestra se ha realizado a las 3 de la madrugada y se prevé que los resultados de la PCR por hantavirus estén disponibles entre 24 y 48 horas después, ha informado la Generalitat valenciana.
La paciente, de 32 años, presenta sintomatología respiratoria leve, principalmente relacionada con tos, y está ingresada en una habitación de aislamiento con presión negativa.

'Rodoreda, un bosc' convierte su literatura en un paisaje vivo que se puede recorrer sala a sala
Aquí está es la verdadera Plaza del Diamante en la que se basa la novela de Mercè Rodoreda
Hay autores que se leen y otros que se atraviesan, casi como si uno caminara por dentro de sus obsesiones, sus imágenes y sus símbolos, y eso es precisamente lo que propone la exposición Rodoreda, un bosc, que acoge el Centre de Cultura Contemporània (CCCB) de Barcelona hasta el 25 de mayo de 2026, una muestra que no se limita a explicar la obra de Mercè Rodoreda, sino que invita a recorrerla como si fuera un espacio físico, un bosque en el que cada sala funciona como una extensión de su universo literario.
La propuesta parte de una idea clara: entender la literatura de Rodoreda no como una suma de textos, sino como un sistema vivo de imágenes y gestos que se repiten, se transforman y se ramifican a lo largo de toda su obra, construyendo un mundo propio en el que conviven la inocencia y la crueldad, el realismo más cotidiano y una dimensión simbólica cargada de fuerza.
No es casual que la exposición adopte la forma de un bosque, porque ese es precisamente el hilo conductor que permite conectar sus raíces, sus heridas y su proyección.
Un recorrido que transforma la literatura en paisaje
El itinerario de la exposición está pensado como un recorrido orgánico en el que el visitante avanza a través de distintas capas que remiten tanto a la vida como a la obra de la autora, empezando por unas raíces marcadas por el exilio, continuando con unos troncos atravesados por la guerra y extendiéndose hacia unas ramas que dialogan con la cultura europea, hasta llegar a unas copas que representan la influencia que Rodoreda sigue teniendo hoy.
Esa estructura no solo ordena el espacio, sino que permite entender cómo su literatura se construye a partir de tensiones constantes, de oposiciones que nunca terminan de resolverse del todo.
En ese bosque simbólico aparecen también elementos recurrentes en su narrativa, como el acto de espiar, la transformación de los cuerpos o la presencia de la muerte, que aquí se traducen en imágenes, instalaciones y piezas que ayudan a visualizar aquello que en los textos se sugiere más que se explica. La exposición no busca simplificar su obra, sino todo lo contrario, reforzar su complejidad a través de un lenguaje visual que amplía la experiencia de lectura.
Arte contemporáneo para leer a Rodoreda desde otro lugar
Uno de los aspectos más interesantes de la muestra es su diálogo con el arte contemporáneo, ya que incluye piezas creadas específicamente para la ocasión por artistas como Èlia Llach, Mar Arza, Oriol Vilapuig, Carlota Subirós o el colectivo Cabosanroque, bajo la selección de Martí Sales.
Estas intervenciones no ilustran la obra de Rodoreda de forma literal, sino que la reinterpretan, aportando nuevas capas de significado y permitiendo que el visitante se acerque a su universo desde perspectivas distintas.
La exposición, comisariada por Neus Penalba, combina además estos trabajos con documentos originales procedentes del fondo de la Fundació Mercè Rodoreda, creando un diálogo constante entre archivo y creación contemporánea que amplía la mirada sobre una de las voces más importantes de la literatura catalana del siglo XX. No se trata solo de ver objetos, sino de entender cómo esos materiales siguen generando sentido en el presente.

Supervivencia - Algunas poblaciones atraviesan canales entre islas y el caso registrado en Suiza mostró que estos animales también aprovechan lagos europeos para escapar de zonas urbanizadas y tráfico
¿Por qué los mamíferos no son tan coloridos como las aves o los reptiles? La biología y la evolución tienen la culpa
El agua le cubrió el pecho y siguió avanzando hasta perder pie, sin detenerse aunque el frío ya estaba ahí. El lobo M637 entró en el lago en pleno invierno, dejó atrás la orilla y comenzó a nadar hacia el otro lado en una línea recta que evitaba pueblos y carreteras cercanas.
Eligió esa ruta porque bordear el agua le obligaba a cruzar zonas habitadas, con perros, luces y tráfico que podían delatar su presencia. Mantenerse lejos de las personas reducía el riesgo de encuentros, disparos o persecuciones, incluso si eso implicaba enfrentarse a un lago helado. Durante minutos que se alargaron, su única salida fue seguir nadando hasta alcanzar la otra orilla.
M637 recorrió Suiza durante once días seguidos
Un lobo identificado como M637 cruzó nadando el lago de Lucerna en febrero de 2026, según datos GPS recogidos por la Fundación KORA. El dispositivo registró su recorrido sobre el agua durante cerca de 90 minutos, con un punto situado en mitad del lago que confirma el trayecto. El cruce alcanzó unos 1,5 kilómetros en un entorno con temperaturas cercanas a los 5°C. La información, recogida por el sistema de seguimiento del proyecto, ofrece un registro detallado de un comportamiento que rara vez se documenta con esta precisión.
Antes de llegar al lago, el animal ya había mostrado un patrón de movimiento amplio y continuo. En enero de 2026 recorrió cerca de 240 kilómetros en apenas 11 días, con desplazamientos que incluían idas y vueltas sobre el mismo territorio.
Pasó por zonas del Jura, el Emmental y varios cantones suizos, cruzando áreas con presencia humana, carreteras y explotaciones agrícolas. Ese recorrido lo llevó finalmente hasta la región del lago de Lucerna, donde tuvo que decidir cómo continuar su avance.
Flurin Kunz descartó que M637 rodeara el agua
El cruce por el agua quedó registrado como una línea entre dos puntos de la orilla. Los datos sitúan la entrada cerca de Küssnacht y la salida en el lado opuesto del lago. La temperatura del agua se mantenía en torno a los 5°C, una condición que exige un esfuerzo físico elevado para cualquier mamífero terrestre. El trayecto no siguió curvas ni rodeos, lo que indica una decisión clara de acortar distancia pese al entorno adverso.
Ese patrón llamó la atención de los investigadores, que en un primer momento buscaron explicaciones alternativas. Flurin Kunz, biólogo de la Fundación KORA, explicó en declaraciones a la radiotelevisión suiza SRF que “al principio busqué escenarios en los que el animal hubiera rodeado el lago”. El análisis del tiempo necesario para un recorrido terrestre descartó esa opción, ya que el intervalo registrado no permitía completar ese trayecto por tierra.
M637 había sido capturado y equipado con un collar GPS el 29 de octubre de 2025 dentro de un proyecto centrado en la relación entre lobos y ganado. El dispositivo envía posiciones de forma irregular, a veces con varios días entre registros, debido a la cobertura satelital. Aun así, permite reconstruir rutas completas cuando los puntos se encadenan con coherencia. El collar también incorpora un sistema de liberación programada que evita que el animal lo lleve de forma permanente.
El comportamiento observado encaja con la fase de dispersión típica en lobos jóvenes. M637 tenía entre tres y cuatro años, una edad en la que muchos individuos abandonan su grupo de origen y recorren largas distancias. Ese proceso implica buscar territorio disponible y evitar enfrentamientos con otros lobos o con humanos. Elegir rutas que reduzcan encuentros aumenta las posibilidades de supervivencia durante ese periodo.
Los lobos usan el agua cuando necesitan evitar obstáculos
Aunque no son animales acuáticos, los lobos pueden nadar con eficacia cuando la situación lo requiere. Sus patas generan empuje suficiente y el pelaje aporta cierta flotabilidad. En otras regiones, como la costa de Canadá, existen poblaciones que se desplazan entre islas a través del agua. El caso de M637 destaca porque ocurre en un entorno europeo con infraestructuras, donde el agua aparece como alternativa a carreteras y zonas urbanizadas.
El seguimiento de este tipo de movimientos aporta información útil para la gestión de la especie. Los datos muestran que un lobo puede atravesar carreteras, asentamientos o masas de agua si encuentra una ventaja en ello. Esa capacidad complica la idea de que ciertos elementos del paisaje funcionen como barreras. En el caso de M637, el lago no actuó como una barrera, sino como un paso más dentro de un recorrido mayor que continuó después hacia zonas de montaña y otros territorios.