
La jornada del sábado comenzará con cielos nubosos y precipitaciones débiles o chubascos intermitentes
Diez comunidades en alerta por lluvias y nieve en el primer fin de semana completo de marzo
La inestabilidad y el ambiente fresco marcarán el tiempo de este fin de semana de marzo en la Comunidad de Madrid, con cielos que serán predominantemente nubosos, lluvia y temperaturas más frías, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Así, la jornada del sábado comenzará con cielos nubosos y precipitaciones débiles o chubascos intermitentes en distintos puntos de la región, que durante la madrugada podrán caer en forma de nieve en el entorno de la Sierra de Guadarrama, con una cota de nieve en torno a los 1.400 metros.
Por su parte, el viento soplará flojo de componente norte. En cuanto a las temperaturas, las mínimas descenderán de forma generalizada, con valores entre 4 y 7 grados en buena parte de la comunidad y heladas débiles en las cumbres de la Sierra. Mientras, las máximas apenas sufrirán cambios, situándose entre 13 y 15 grados.
Domingo menos inestable, pero con lluvia y nieve
El domingo continuará el tiempo inestable, con intervalos nubosos y posibilidad de precipitaciones débiles, así como chubascos ocasionales y dispersos. Estos serán más probables durante la tarde en la Sierra, donde podrían volver a registrarse en forma de nieve, con una cota situada entre los 1.400 y los 1.600 metros.
A primeras horas del domingo, a su vez, no se descartan brumas matinales en zonas de la Sierra, mientras que el viento soplará flojo y de dirección variable. En cuanto a las temperaturas, no se esperan grandes cambios, pudiendo darse un ligero descenso, con heladas débiles en las cumbres.

El autor Javier Sáez Castán prepara en San Torcuato "El Merendero", un estudio, taller de álbum ilustrado y galería de ilustración
Un mapa con 23 experiencias kilómetro cero a lo largo de toda La Rioja
Javier Sáez Castán es un ilustrador de libros con una consolidada trayectoria. Es el autor e ilustrador de más de una veintena de libros y especialista en el álbum ilustrado, esas obras en las que imagen también cuenta la historia, que no solo son los cuentos ilustrados, sino que también hay álbumes ilustrados “para todos los públicos”, como le gusta definir a Javier Sáez. Ahora, un cambio de vida le ha traído a La Rioja y en su búsqueda de estudio, ha elegido San Torcuato, un pueblo de apenas 60 habitantes en La Rioja Alta, donde una gran casona le permitirá ampliar sus planes con una escuela de ilustración y una galería.
El proyecto ya está en plena fase de ebullición. La actividad es frenética en las obras de construcción y reforma de la casa y en la programación de talleres, puesto que Javier Sáez prevé que la actividad se ponga en marcha este mismo verano, ya que ha contado con financiación del Gobierno de La Rioja para los “proyectos piloto y emblemáticos para el reto democrático”, que establece unos plazos para que las ideas puedan empezar a funcionar.
¿Y en qué va a consentir 'El Merendero', el nombre que su promotor ha dado a este proyecto? “Cuando algo todavía no existe hay una dificultad para ponerle nombre”, puntualiza Javier Sáez, en referencia a que el proyecto está vivo y admite muchas cosas. Por el momento, será una Escuela de Ilustración o Taller de Álbum Ilustrado, donde él mismo y otros artistas invitados puedan ofrecer clases y talleres a público de todos los niveles y de todas las edades.
Hasta llegar hasta su proyecto, este ilustrador ha pasado por casualidades y causalidades. Aunque ni nació ni vivió en La Rioja, ya tenía un vínculo especial con esta tierra. “Desde hace veinte años, mi mujer y yo pasamos una semana de vacaciones en el Monasterio Valvanera”, un lugar que cuenta con su propia hospedería enclavada en plena Sierra de la Demanda, a veinte minutos del núcleo urbano más cercano.
Así cuando las circunstancias personales le trajeron a La Rioja y necesitaba un estudio, lo buscó en un pueblo de La Rioja Alta y dio con esta casa de San Torcuato, con apenas sesenta habitantes empadronados. “Una casa antigua, grande, con un jardín en un sitio muy bonito, que permitía convertir una parte en escuela para compartir conocimientos y que otros amigos o especialistas también puedan hacerlo. Fue tomando forma y se me ocurrió incorporar también una galería de ilustración”, explica de cómo creció el proyecto.
Aunque a veces se piensa que el ambiente cultural está en las ciudades, Javier Sáez tenía claro que su estudio tenía que estar en un pueblo. “Aunque el mercado del arte te lleva a los grandes centros urbanos, los talleres de los artistas siempre han buscado justo lo contrario, una especie de retiro, de concentración, es un trabajo un poco monacal”, justifica el artista. También la naturaleza era importante para él y el encinar de San Torcuato no le conocía antes.
Además, Javier Sáez siente que enclavando su estudio en este lugar de La Rioja recoge las huellas de los ilustradores antepasados, que se establecieron en la misma Sierra de la Demanda. “Además del vino y el Camino de Santiago, en La Rioja tenemos a San Millán, con un patrimonio impresionante de libros ilustrados, de códices del siglo XI y XII y yo quiero seguir esas huellas”, subraya. Por eso, aunque un taller de ilustración en un pequeño pueblo pueda parecer disruptivo, “es una cosa nueva, pero también una cosa muy antigua”. Y apunta: “A eso en la Edad Media se le llamó escritorio o scriptorium y yo quiero abrir un scriptorium, que al mismo tiempo es una galería y al mismo tiempo es una escuela”.
Con todo ese legado y esos planes de futuro, nace 'El Merendero', que toma una palabra y un lugar muy riojano, el lugar donde juntarse con personas queridas a compartir tiempo, a veces acompañado de un vino o un plato de comida. De hecho, el taller y la escuela se ubicarán en el merendero que tenía la casa, así que el nombre del proyecto vino dado. “Además, soy consciente de que es algo muy riojano y yo quería echar raíces”. Agradece la hospitalidad con las que el pueblo y toda La Rioja le han recibido y la curiosidad que ha despertado su proyecto. Ya tiene varios talleres previstos para este verano, sinergias con establecimientos del entorno y varios artistas invitados. Y sobre todo muchas ganas de llevar arte y cultura a un pequeño pueblo de La Rioja ubicado en la misma sierra de donde salieron los primeros álbumes ilustrados.
*Contenido patrocinado por el Gobierno de La Rioja

Cuando entré en el movimiento por los derechos de los animales, un lema se grabó a fuego en mi cabeza: “Hasta que la última jaula quede vacía”. Es una frase que suena a utopía, a horizonte lejano, pero que repetimos como un mantra una y otra vez. Lo que no esperaba es que, años después, ese lema siguiera doliendo tanto por la misma razón: la inacción.
Este 5 de marzo de 2026, toda la esperanza se puso frente al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) al dar comienzo una jornada que ya es histórica.
Por primera vez en la historia de la UE, la Comisión Europea tenía que rendir cuentas ante la Gran Sala por incumplir un compromiso ligado a una Iniciativa Ciudadana Europea (ICE). Y esta Iniciativa precisamente va de eso, de acabar con las jaulas de una vez por todas: la ICE ‘End The Cage Age’.
Una traición a 1,4 millones de firmas
Hagamos memoria: en 2021, la Comisión Europea se comprometió formalmente a presentar una propuesta de ley para prohibir las jaulas en la ganadería industrial antes de que terminara 2023. Lo hizo tras recibir 1,4 millones de firmas validadas (casi 90.000 de ellas en España) en la Iniciativa Ciudadana Europea 'End The Cage Age', apoyada además por más de 170 organizaciones a nivel internacional.
Prometieron que el horror de las celdas de gestación para cerdas, las jaulas en batería para gallinas o las jaulas para conejos pasarían a los libros de historia.
Estamos en 2026. Y aquí no ha pasado nada. O mejor dicho, lo que ha pasado es la vida de 300 millones de animales que, un año más, han nacido, sufrido y muerto entre barrotes sin poder darse la vuelta, ni extender las alas, ni tocar el suelo.
Con esta demora sobre la mesa, la organización Compassion in World Farming, que coordina la coalición 'End The Cage Age' a nivel internacional, presentó un recurso en 2025 para exigir a la Comisión que responda legalmente por su inacción ante una ICE.
En España, la coalición 'End The Cage Age' está liderada por Compassion in World Farming y apoyada por entidades españolas como el Observatorio de Bienestar Animal, AnimaNaturalis, InterCIDS, ANDA o Igualdad Animal.
Las jaulas ante el Tribunal
Entrar en la Gran Sala del Tribunal de Justicia de la Unión Europea impone, recorrer los interminables pasillos del TJUE emociona. Cada paso por ese laberíntico y abrumador edificio permite saborear la sensación de que haber llegado allí ya es una enorme victoria. Es poner a los animales, por fin, en el centro de un debate que hace años debería haber quedado obsoleto.
El caso es tan relevante a nivel constitucional que no lo están juzgando los tres jueces habituales, sino que en esta ocasión, recibimos a cinco. Es una señal clara: lo que se dirime aquí no es solo bienestar animal, es la calidad de nuestra democracia.
Durante más de tres horas, los abogados de la coalición 'End The Cage Age' y de las tres organizaciones aceptadas como coadyuvantes (Eurogroup for Animals, LAV y Animal Equality Italia) sacaron todos sus argumentos. Y tras todo ello, una pregunta resonó con más fuerza y esperanza que nunca: “¿Qué les impidió presentar un calendario?”.
Y es que, quizás, las personas humanas nos encontramos aquí ante la gran jaula de la incertidumbre a la que la burocracia somete no solo a los animales sino a la voluntad popular.
“La sentencia sobre este recurso no solo es fundamental para la protección de los animales de granja y, en particular, para los 300 millones de animales que siguen sufriendo en jaulas en Europa cada año, sino también para la democracia. Es la primera vez que se pide a la Comisión que responda por no haber cumplido un compromiso adquirido en respuesta a una iniciativa ciudadana europea”, decía Annamaria Pisapia, portavoz de la ICE, a la salida.
Democracia para todas y todos, también para los animales no humanos
Fuera, bajo la sombra de una cerda inflable gigante llamada Hope (Esperanza en inglés), el sentimiento era de estar viviendo realmente algo histórico. Porque si una herramienta como la ICE —la joya de la corona de la participación ciudadana en la UE— puede ser ignorada sin consecuencias, ¿qué nos queda?
Si la Comisión Europea puede permitirse el lujo de guardar en un cajón el deseo expresado por el 89 % de su población (que rechaza las jaulas), entonces la palabra “democracia” se queda vacía.
Y ahora es el TJUE quien debe tomar partido.
El Tribunal emitirá su fallo. Lo que reclamamos es sencillo: un calendario claro, vinculante y transparente para acabar por fin con todas las jaulas. No queremos más buenas palabras ni “intenciones de futuro”. Queremos que la política esté a la altura de la ciencia, que ya ha sentenciado que las jaulas son una crueldad que debería quedar de una vez por todas en el olvido.
Me fui de Luxemburgo con una sensación agridulce. Dulce por ver que el movimiento es capaz de llevar a los poderosos ante un tribunal. Agria porque, mientras escribo esto, 300 millones de seres sintientes siguen esperando.
No solo nos jugamos el fin de una era de barbarie industrial. Nos jugamos el significado de los valores europeos.
Queremos una Europa donde la voz de la ciudadanía cuente y donde, de una vez por todas, la última jaula quede, efectivamente, vacía.

Si la repostería europea es puro arte, la asiática no se queda atrás, y en concreto la iraní tiene todos estos platazos
A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Azerbaiyán
Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Irán juega en otra liga. Su historia culinaria, profundamente ligada al antiguo Imperio Persa y a siglos de comercio de especias y frutos secos, explica por qué los dulces iraníes destacan por su aroma, su delicadeza y su equilibrio. Aquí el azúcar convive con el azafrán, el cardamomo y el agua de rosas para crear postres que son casi un ritual.
En este recorrido por la repostería iraní asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: el baklava persa, el zoolbia o el faloodeh, dulces que forman parte de la vida cotidiana y de las celebraciones. Irán puede dividirse por regiones históricas y ciudades milenarias, pero hay algo que lo mantiene unido: su forma refinada de acompañar el té con algo dulce.
1. Faloodeh
Uno de los postres más antiguos del país. Se elabora con finísimos fideos de almidón congelados mezclados con sirope de azúcar y agua de rosas. Se sirve frío, a menudo con zumo de lima, y es especialmente popular en verano.
2. Zoolbia y bamieh
Dulces fritos bañados en almíbar aromático. La zoolbia tiene forma de espiral crujiente, mientras que el bamieh recuerda a pequeños churros. Son especialmente consumidos durante el Ramadán.
3. Sholeh zard
Arroz dulce preparado con azafrán, azúcar y agua de rosas, decorado con canela y almendras. Es un postre muy ligado a celebraciones religiosas y reuniones familiares.
4. Gaz
Dulce tradicional de Isfahán parecido al nougat, elaborado con clara de huevo, azúcar y pistacho. Tiene textura suave y es uno de los dulces más representativos del país.
5. Baklava persa
La versión iraní del baklava utiliza pistacho, almendras y un almíbar aromatizado con agua de rosas o cardamomo. Es más perfumada que otras variantes regionales y muy apreciada en celebraciones.
Irán demuestra que el postre también puede ser perfume. Sus dulces hablan de pistacho, de azafrán y de una tradición donde el té nunca llega solo. A veces, entender un país empieza por ese pequeño bocado verde brillante que acompaña la conversación.

Escorca forma parte de la Serra de Tramuntana, la gran cordillera que atraviesa el noroeste de Mallorca y que en 2011 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por su paisaje cultural
A una hora de Madrid: el pueblo de Toledo con una tradición de Semana Santa centenaria con procesiones en plazas monumentales
Mallorca es muchas cosas a la vez, entre otras, calas de agua turquesa, playas llenas en verano y paseos frente al mar. Pero basta con alejarse un poco de la costa para descubrir otra isla completamente distinta. Una Mallorca más tranquila, verde y menos conocida.
Escorca forma parte de la Serra de Tramuntana, la gran cordillera que atraviesa el noroeste de Mallorca y que en 2011 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por su paisaje cultural, moldeado durante siglos por la agricultura en terrazas, los caminos de piedra y los sistemas tradicionales de agua.
A lo largo de esta sierra se suceden algunos de los pueblos más bonitos de la isla: Valldemossa, con sus calles empedradas y casas de piedra; Deià, colgado sobre el mar y convertido desde hace décadas en refugio de artistas; Sóller, famoso por su plaza modernista y su histórico tranvía; o Fornalutx, que suele aparecer en las listas de los pueblos más bonitos de España. En comparación con ellos, Escorca pasa mucho más desapercibido, pero precisamente ahí está parte de su encanto: es uno de los rincones más salvajes de toda la Tramuntana.
Sobre el papel es un municipio pequeño, diminuto incluso: apenas supera los 200 habitantes. Pero el dato engaña un poco, porque Escorca no funciona como un pueblo típico. Aquí no hay un centro histórico lleno de bares ni calles con tiendas de recuerdos. Lo que hay es montaña. De hecho, dentro de su territorio se levanta el Puig Major, la cumbre más alta de todo el archipiélago balear.
El gigante de Mallorca
Con sus 1.445 metros de altura, el Puig Major domina el paisaje de la Serra de Tramuntana. Desde muchos puntos de la sierra se puede reconocer fácilmente su perfil, que sobresale por encima del resto de montañas. Es el techo de Baleares y, curiosamente, uno de los lugares más inaccesibles para los visitantes. La cima está ocupada por instalaciones militares, así que no se puede subir libremente.
Para los aficionados a la montaña hay una alternativa muy cerca: el Puig de Massanella, la segunda cumbre más alta de Mallorca. Subir hasta arriba no es un paseo corto —requiere varias horas de caminata—, pero las vistas compensan el esfuerzo. Desde lo alto se ve media isla y, si el día acompaña, el Mediterráneo aparece al fondo como una franja azul.
Casi todo naturaleza
En Escorca no hay un casco urbano claro ni una plaza principal donde todo ocurra. El municipio está formado por pequeñas zonas dispersas entre montañas, fincas rurales y caminos antiguos.
En realidad, Escorca es uno de los municipios más extensos de Mallorca, pero también el menos poblado. La combinación resulta curiosa: mucho territorio, muy poca gente, así que el paisaje manda. Encinares, barrancos, paredes de roca y carreteras que serpentean entre montañas forman parte del escenario habitual. La sensación es distinta a la de otros lugares de la isla: aquí todo parece ir un poco más despacio.
Gran parte de quienes llegan hasta Escorca lo hacen recorriendo la carretera MA-10. Es la vía que atraviesa la Serra de Tramuntana y conecta algunos de los paisajes más espectaculares de Mallorca. El trayecto no es especialmente rápido. Tampoco lo pretende. Son kilómetros de curvas, miradores improvisados y tramos donde el mar aparece de repente entre las montañas.
Un santuario escondido en la sierra
Si hay un lugar que da cierta sensación de 'centro' dentro de Escorca, ese es el Santuario de Lluc. Está situado en un pequeño valle rodeado de montañas y desde hace siglos es uno de los lugares más importantes para los mallorquines.
Su historia se remonta al siglo XIII, cuando según la tradición se encontró en la zona una pequeña imagen de la Virgen. A partir de ahí el lugar empezó a recibir peregrinos y con el tiempo se convirtió en un santuario. Hoy el complejo es mucho más que un espacio religioso. Tiene museo, jardines, alojamiento para visitantes y varios patios donde el silencio de la montaña se nota especialmente.
También está la Escolanía de Lluc, un coro infantil con siglos de historia que sigue cantando en el santuario. Para muchos visitantes es uno de los momentos más especiales del día.
Caminos y playa
Escorca es uno de esos sitios que invitan a caminar. No tanto por un paseo concreto, sino por la cantidad de rutas que atraviesan la zona. Una de las más conocidas es la del Torrent de Pareis. Más que un sendero al uso, es un enorme cañón natural que termina desembocando en el mar.
Las paredes de roca se elevan a ambos lados y en algunos puntos el camino se estrecha entre grandes bloques de piedra. El recorrido puede ser exigente, pero también es uno de los paisajes más impactantes de Mallorca.
Aunque Escorca sea un territorio de montaña, el municipio también tiene costa. Cala Tuent es una pequeña cala de cantos rodados rodeada de pinos y montañas. No es la típica playa mallorquina llena de hamacas y bares, pero precisamente por eso conserva un ambiente mucho más tranquilo. Llegar hasta allí implica recorrer una carretera estrecha y llena de curvas.
Muy cerca está Sa Calobra, otro de los lugares más famosos de la isla. La carretera que baja hasta allí es casi tan conocida como la playa. Tiene curvas cerradas, pendientes pronunciadas y un giro de 270 grados conocido como el 'nudo de corbata'. Muchos llegan solo por la experiencia de conducirla.
Aquí no hay grandes hoteles ni urbanizaciones. El alojamiento suele ser pequeño, rural y bastante integrado en el paisaje. Eso hace que, incluso en temporada alta, el ambiente sea diferente al de otras zonas de la isla.