
Camina entre huertas históricas y agua en movimiento en el corazón del Valle de Ricote
Tres rutas de senderismo cortas y de fácil acceso que hacer en Murcia
En el interior de la Región de Murcia, lejos del bullicio de la costa y de los itinerarios más transitados, hay un sendero que permite caminar entre huertas históricas y agua en movimiento en el corazón del Valle de Ricote. La Ruta de las Norias de Abarán no es solo un paseo fácil junto al río Segura, es un recorrido por un paisaje donde la ingeniería tradicional, la agricultura y la naturaleza conviven desde hace siglos sin apenas haber cambiado.
El itinerario comienza en el Parque de las Norias, en el municipio de Abarán, puerta de entrada al Valle de Ricote. Desde aquí parte un sendero circular de algo más de cuatro kilómetros, prácticamente llano y accesible, que discurre por ambos márgenes del río Segura. El recorrido forma parte de un entorno declarado Bien de Interés Cultural como Lugar de Interés Etnográfico en 2018.
Un museo del agua al aire libre
Lo que hace especial esta ruta no es la dificultad ni la distancia, sino lo que se encuentra a cada paso. Abarán conserva el conjunto de norias tradicionales en funcionamiento más importante de España, un sistema hidráulico que sigue elevando agua para regar huertos como lo hacía hace siglos.
Estas norias, alimentadas por acequias que toman el agua del Segura, forman parte de una cultura del agua heredada en gran medida de época andalusí. Su funcionamiento es sencillo y, al mismo tiempo, fascinante: la fuerza de la corriente mueve una gran rueda equipada con cangilones que elevan el agua hasta un canal superior desde el que se distribuye a los cultivos.
El sendero permite entender este sistema no como una reliquia del pasado, sino como una herramienta viva. Las norias siguen girando, chirriando y vertiendo agua, manteniendo un paisaje agrícola que ha sobrevivido al paso del tiempo.
La Noria Grande, protagonista del recorrido
Apenas unos pasos después de iniciar la ruta aparece su gran símbolo: la Noria Grande. Situada junto al parque, esta estructura de madera y hierro es la mayor noria en funcionamiento de Europa, con casi 12 metros de diámetro.
Construida a comienzos del siglo XIX, en 1805, y reconstruida en varias ocasiones, sigue cumpliendo su función original: elevar agua para regar cientos de hectáreas de huerta. Su movimiento continuo, acompañado por el sonido del agua cayendo desde los cangilones, marca el ritmo del recorrido.
No es casual que esta noria se haya convertido en uno de los grandes iconos del patrimonio hidráulico europeo. Su tamaño y su estado de conservación la sitúan como una pieza única dentro de este tipo de ingeniería tradicional.
Entre acequias, huertos y caminos de ribera
Tras dejar atrás la Noria Grande, el sendero avanza paralelo al río Segura, entre acequias, cañaverales y pequeñas parcelas agrícolas. Este tramo define el carácter de la ruta, un paisaje donde la naturaleza está profundamente humanizada, pero sin perder su equilibrio.
El camino discurre por la mota del río y atraviesa zonas de bosque de ribera como el paraje de El Caño, donde la vegetación se vuelve más densa y la sombra más agradecida en los meses cálidos.
A lo largo del recorrido aparecen paneles interpretativos que explican el funcionamiento de las norias y otros elementos del sistema hidráulico, fruto de un proyecto de recuperación impulsado por el propio municipio y asociaciones locales.
Este carácter didáctico convierte la ruta en algo más que un paseo: es una forma de comprender cómo se organizaba —y se sigue organizando— la vida en torno al agua en esta parte de Murcia.
Aunque la Noria Grande es la más espectacular, no es la única. El itinerario permite descubrir otras tres norias principales: la de la Hoya de Don García, la del Candelón y la Ñorica.
Cada una tiene su propia historia y características. La de la Hoya de Don García, por ejemplo, alcanza más de ocho metros de diámetro y ha sido reconstruida en varias ocasiones desde el siglo XIX. La del Candelón combina elementos originales con reformas posteriores, mientras que la Ñorica, más pequeña, ofrece un contraste interesante dentro del conjunto.
Este grupo forma un sistema coherente que permite entender la evolución de estas estructuras y su adaptación a lo largo del tiempo. No son piezas aisladas, sino parte de un paisaje cultural que se mantiene en uso.
Uno de los momentos más interesantes del recorrido llega al cruzar el histórico Puente Viejo, también declarado Bien de Interés Cultural. Desde aquí, la perspectiva cambia: el camino continúa por la otra orilla, ofreciendo una nueva visión del río y de la huerta.
Este tramo permite observar el paisaje desde fuera, como si se tratara de una escena detenida en el tiempo. Las norias siguen girando, los huertos se extienden en parcelas ordenadas y el río marca el eje de todo el sistema.
La vuelta al punto de inicio completa un recorrido circular que apenas presenta desnivel —unos 40 metros— y que puede realizarse en poco más de una hora.
Consejos para la visita
La ruta puede realizarse en cualquier época del año, aunque la primavera es especialmente atractiva por la presencia de agua y el verdor de la huerta. En verano, el recorrido sigue siendo viable gracias a la sombra de la vegetación de ribera, aunque conviene evitar las horas centrales del día.
El trazado es sencillo y apto para familias, pero siempre es recomendable llevar agua, protección solar y calzado cómodo. También es importante respetar el entorno: se trata de un paisaje agrícola activo, donde los caminos conviven con zonas de cultivo.
Recorrer la Ruta de las Norias de Abarán es, en el fondo, una forma de entender un territorio. Aquí, el agua no es solo un recurso: es el eje que ha definido la historia, la economía y el paisaje.
En un momento en el que muchas de estas estructuras han desaparecido o han dejado de funcionar, este rincón de Murcia conserva un sistema completo, vivo, que sigue girando cada día.
Y quizá ahí reside su mayor valor: no en la espectacularidad del paisaje, sino en su autenticidad. En la sensación de estar caminando por un lugar donde todo —el río, las acequias, las norias— sigue teniendo un propósito.

Si la repostería europea es puro arte, la oceánica no se queda atrás, y en concreto la australiana tiene todos estos platazos
A nadie le amarga un dulce por Asia: los 5 postres más reconocidos de Kuwait
Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres de Oceanía, Australia juega en otra liga. Su historia culinaria, muy influida por la tradición británica pero adaptada a un país joven y diverso, explica por qué sus dulces combinan recetas clásicas con ingredientes sencillos y un punto desenfadado. Aquí el postre es cotidiano, reconocible y, muchas veces, sorprendentemente icónico.
En este recorrido por la repostería australiana asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: los lamingtons, la pavlova o los anzac biscuits, dulces que forman parte del imaginario nacional. Australia puede dividirse por ciudades modernas o paisajes salvajes, pero hay algo que la mantiene unida: su manera directa y sin pretensiones de disfrutar lo dulce.
1. Lamington
El postre más emblemático del país. Se trata de un bizcocho cortado en cubos, bañado en chocolate y rebozado en coco rallado. A veces se rellena de crema o mermelada.
2. Pavlova
Postre a base de merengue crujiente por fuera y suave por dentro, coronado con nata y fruta fresca. Es uno de los grandes clásicos del país, aunque comparte autoría con Nueva Zelanda.
3. Anzac biscuits
Galletas hechas con avena, coco, azúcar y sirope dorado. Tienen una historia ligada a los soldados australianos y son uno de los dulces más tradicionales.
4. Fairy bread
Un dulce muy sencillo pero icónico: pan blanco con mantequilla y fideos de colores. Es típico de fiestas infantiles y forma parte de la cultura popular.
5. Tim Tam
Más que un postre tradicional, es una de las galletas más famosas del país. Dos capas de galleta con crema en medio, cubiertas de chocolate. Es un básico en cualquier hogar australiano.
Australia demuestra que el postre puede ser sencillo y convertirse en icono. Sus dulces hablan de tradición heredada, de ingredientes cotidianos y de una cultura donde lo dulce se disfruta sin complicaciones. A veces, entender un país empieza por algo tan simple como un bizcocho con coco o una galleta compartida.

Capacidad básica - El equipo explica que el animal no solo detecta ojos, también relaciona la dirección de la vista con un objetivo concreto y ajusta su respuesta en función de eso
Moby Dick parecía una leyenda exagerada pero la ciencia lo ha grabado: el cachalote usa su cráneo como ariete en pleno ataque
Las reacciones más intensas aparecen cuando una cría corre peligro real. Los animales salvajes responden a esa situación con conductas que buscan apartar al intruso, y esa defensa de las crías suele expresarse con agresividad física o amenazas claras.
En muchos mamíferos, como las leonas, la reacción incluye ataques si alguien se acerca a la camada. En aves como las gaviotas, los adultos lanzan picados repetidos sobre quien invade el área del nido, y así fuerzan la retirada.
Un equipo científico analiza cómo actúa un pez ante humanos
Esa forma de protección aparece también bajo el agua, donde un estudio recogido por Royal Society Open Science examinó a un pez del lago Tanganica para comprobar si ajusta su agresividad según la atención de un humano.
El equipo formado por Shun Satoh, Ryo Hidaka y Ryoichi Inoue observó que el cíclido emperador reacciona de manera distinta según hacia dónde mira un buceador, ya que aumenta los ataques cuando la mirada se dirige a los huevos o alevines. Ese trabajo muestra que el animal no solo detecta la presencia del intruso, sino que discrimina qué parte de su entorno interesa a ese intruso. El resultado apunta a una forma básica de atribución de la atención.
Para comprobarlo, los investigadores diseñaron una prueba que se repetía en cuatro situaciones distintas mientras grababan todo con cámaras submarinas. El buceador se colocaba a unos 30 centímetros del nido durante 60 segundos y cambiaba solo la orientación de su cuerpo o de su mirada, de modo que el estímulo variaba lo mínimo posible.
En una condición miraba directamente a los huevos o alevines, mientras en otra mantenía el cuerpo en esa dirección pero giraba la cabeza para mirar fuera del nido. También probaban una postura en la que el buceador daba la espalda y dejaba las aletas orientadas hacia la puesta, y una cuarta opción en la que fijaba la vista en los padres. Cada variación permitía observar si el pez respondía a la mirada o solo a la presencia física.
Esa diferencia resulta relevante porque introduce una duda sobre cómo procesa la información el animal. Satoh y sus colegas explicaron que “los peces pueden exhibir algo más que una sensibilidad básica a la mirada”. También añadieron que “pueden referenciar y responder a la dirección de la mirada de otros, una forma rudimentaria de atribución de la atención”.
Esa capacidad implica que el pez no reacciona solo a los ojos que ven, sino que evalúa qué objeto está siendo observado y actúa en consecuencia. El margen para el aprendizaje por repetición parece reducido en este caso, ya que estos peces se reproducen pocas veces y no suelen encontrarse con buceadores durante la cría.
Los resultados apuntan a una lectura básica de la mirada ajena
Los datos recogidos durante el experimento muestran un patrón claro en la forma en que estos peces responden. Los ataques aumentaron cuando el buceador miraba directamente a las crías, mientras que disminuían cuando desviaba la mirada o daba la espalda al nido.
La intensidad de la respuesta resultó similar cuando la mirada se dirigía a los padres, lo que indica que ambos focos se interpretan como amenaza. También se observó que los peces permanecían más tiempo cerca del intruso cuando este orientaba las aletas hacia la puesta, una conducta que encaja con una vigilancia más estrecha. Los machos protagonizaron más ataques que las hembras, algo que coincide con su papel en la defensa del territorio durante la cría.
La presencia humana altera el comportamiento durante la cría
El escenario en el que ocurre todo esto ayuda a entender la intensidad de la respuesta. El cíclido emperador vive en el lago Tanganica, uno de los sistemas de agua dulce más antiguos, y puede alcanzar unos 80 centímetros de longitud.
Los adultos cuidan de los huevos y de los alevines durante largos periodos, lo que convierte esa fase en una inversión importante. Los nidos se sitúan en el sustrato o en pequeñas cavidades de arena, y ambos progenitores se mantienen cerca para vigilar. En ese contexto, cualquier señal que apunte a una posible amenaza activa una respuesta inmediata.
Las consecuencias de este comportamiento no se quedan en la biología del pez, ya que afectan también a la relación con las personas. Los autores advierten de que “debemos reconocer también el posible estrés inducido por la mirada del buceador”. Además, señalan que “incluso cuando la mirada de un buceador no se dirige explícitamente al pez, aún puede modificar su comportamiento y provocar respuestas de estrés”.
Ese cambio puede traducirse en más agresiones o en huida, lo que altera el tiempo que los animales dedican a cuidar la puesta. El auge del buceo como actividad recreativa, por lo tanto, obliga a tener en cuenta estos efectos en la gestión de espacios naturales.

Cuando comenzó su construcción quiso rivalizar con la de Santiago de Compostela para ser la más grande de la Península Ibérica
La catedral Patrimonio de la Humanidad que es la más alta de Europa y el lugar donde descansan los Reyes Magos
La Semana Santa está a la vuelta de la esquina y la visita a iglesias y catedrales se multiplicará, no solo por las procesiones que partirán de ellas, sino por las personas que querrán hacer una escapada con motivo religioso o cultural. De entre las más destacadas de España y que vendrán primero a la mente de muchos están las catedrales de Sevilla, Burgos o Santiago de Compostela, pero en la costa mediterránea también se alza una que no deja indiferente.
Se trata de la catedral de Tarragona, dedicada a Santa Tecla, que no solo es la más grande de Catalunya de estilo románico-gótico, sino que además los terrenos donde se asienta tienen más de 2.000 años, al haber antes un templo romano y también uno visigodo. Situada en la parte alta de la ciudad, contiene un gran claustro, 300 capiteles y una mezcla de estilos que dan huella de su historia.
Restos romanos, el rosetón más grande de Catalunya y reliquia de Santa Tecla
La Catedral de Santa Tecla en Tarragona destaca ya desde su exterior, con una fachada en la que destaca el que es el rosetón más grande de Catalunya. Una gran vidriera circular de once metros de diámetro, que preside el estilo gótico principal que está decorado con un sol rodeado de estrellas y que representa la luz divina.
En la fachada, aunque más escondido, en el lateral derecho, se encuentra encajado un sarcófago romano de época del emperador Teodosio, y que es uno de los pocos paleocristianos que se conservan enteros, junto a uno en los Museos Vaticanos y otro en la isla italiana de Ischia. El sarcófago de Betesda representa varios momentos de la vida de Jesús. La fachada se completa con conjuntos de esculturas junto a su puerta principal, pero, sin embargo, esta da la sensación de estar incompleta, de que faltan remates, y es efectivamente así, porque en 1348 se paralizó su construcción durante la peste negra y no se retomó.
Al entrar en su interior, la grandeza del espacio se aprecia, con sus 300 capiteles historiados y una mezcla de estilos que dan huella de sus más de 2.000 años, sobre todo en cada una de sus capillas, que van desde el románico hasta el Renacimiento, Barroco o Neoclasicismo. Aunque ahora se aprecia en su mayoría con muros blancos y grises, esto no fue así siempre, pues estuvo decorada con frescos, de los que quedan algunos restos en zonas como la capilla de Santa Helena.
De entre sus principales atracciones en su interior destaca su órgano, situado en el lateral de la nave central, construido en el siglo XVI, de estilo renacentista y decorado con medallones, además de que lo que más llama la atención sonlas puertas del instrumento, que están decoradas con tres lienzos manieristas del pintor Pietro Paolo da Montalbergo.
En la capilla dedicada a Santa Tecla, patrona de la ciudad, se puede apreciar que es una de las más ampliamente decoradas, y que en su interior alberga la reliquia del brazo de la santa que sale en procesión cada 23 de septiembre, en la llamada ‘Entrada del Braç’. En la catedral de Tarragona destaca también su gran claustro marmóreo, con influencia del arte andalusí, y que recoge inscripciones romanas y detalles de leyendas relacionadas con el templo y la ciudad.
Asentada sobre templo romano y visigodo
La Catedral Basílica Metropolitana y Primada de Santa Tecla, así es su nombre oficial, inició su construcción en el siglo XII, fue consagrada en el siglo XIV todavía sin terminar, finalizando entorno a los siglos XV y XVI con distintos remates. Se asentó sobre un templo romano que se dedicaba al emperador Augusto, que convirtió a la ciudad en imperial. Pero la zona tuvo asentamientos desde el 218 a.C, cuando los Escipiones establecieron su cuartel aquí para enfrentarse a los cartaginenses.
También hubo anteriormente sobre el templo romano una catedral visigoda, que fue la primera que reutilizó materiales, mármoles blancos que todavía se pueden apreciar en la actual catedral. Cuando se comenzó a concebir el actual templo cristiano, en estilo románico, quiso rivalizar con la de Santiago de Compostela para ser la iglesia más grande de la Península Ibérica, de ahí su gran dimensión.

Pecio - El conjunto de indicios muestra una embarcación adaptada, con armamento justo para defensa, que se dirigía a una costa peligrosa donde el riesgo formaba parte del negocio
¿Quién fue el primer turista estadounidense que llegó a Shangri-La? La historia arranca con un déspota tibetano y una silla de montar
El nombre suena a barco de guerra, pero en realidad apunta a otra historia muy distinta. El Ánimas de la Victoria fue una embarcación de tamaño medio que llevaba artillería ligera y que navegaba por el Caribe en el siglo XVIII sin seguir las rutas habituales de la Corona española. No era un gran navío militar ni formaba parte de una flota oficial, sino que encaja mejor con un mercante armado que podía defenderse y operar con cierta autonomía.
Su presencia en aguas mexicanas no responde a una misión oficial conocida ni a una orden documentada. Todo indica que alguien decidió enviarlo a una zona donde los españoles evitaban entrar por los riesgos del terreno.
Un estudio reciente sitúa el pecio en una zona apartada con actividad ilegal
Ese movimiento fuera de ruta encaja con el hallazgo principal que recoge Journal of Maritime Archaeology. Un equipo de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH ha identificado un barco mercante armado del siglo XVIII que acabó hundido en una zona alejada de los trayectos españoles habituales, con indicios claros de actividad ligada al contrabando.
El estudio se apoya en restos como cañones, anclas y materiales dispersos que permiten reconstruir su perfil y su final. La investigación sitúa el caso en un contexto de navegación arriesgada y decisiones que buscaban evitar controles oficiales. El punto donde terminó el viaje obliga a pensar en un trayecto deliberado hacia esa costa.
Las piezas de artillería apuntan a un origen ambiguo y función defensiva
La bahía de Espíritu Santo no formaba parte de los caminos normales de los barcos españoles. Las rutas habituales evitaban esa franja del Caribe y buscaban aguas más abiertas antes de entrar en el golfo de México. Allí, en cambio, hay arrecifes, fondos poco profundos y oleaje complicado que dificultaban cualquier maniobra.
El lugar donde apareció el pecio queda además lejos de puertos españoles y de zonas bien cartografiadas en la época. Esa distancia respecto a los itinerarios oficiales deja una idea clara sobre el rumbo del barco. No iba siguiendo un trayecto autorizado ni seguro.
Los cañones aportan pistas sobre el origen del barco y también sobre su función. Algunos presentan una marca con la letra C en relieve, que se asocia tanto a fundiciones francesas como a inglesas del siglo XVIII. Esa ambigüedad encaja con un barco que no seguía una bandera clara o que pudo haber cambiado de manos. Además, uno de los cañones recuperados fuera del yacimiento muestra un diseño típico británico de mediados de ese siglo.
El tipo de artillería, de pequeño calibre, refuerza la idea de un mercante armado y no de un buque de guerra. Su función era proteger la carga y no participar en combates navales de gran escala.
Los restos dibujan una huida fallida hacia el arrecife
La forma en que aparecen los restos en el fondo del mar permite reconstruir los últimos minutos del barco. Los objetos no están juntos, sino repartidos en una franja de unos 200 metros que sigue una dirección hacia el arrecife. Primero se soltaron anclas pequeñas que no llegaron a frenar la deriva, después se arrojaron cañones para reducir peso y ganar flotabilidad.
Esa secuencia se repite varias veces a medida que el barco avanzaba sin control hacia aguas más someras. Cada tramo del yacimiento corresponde a un intento de salvar la nave. La tripulación actuó por fases, intentando corregir el rumbo sin éxito.
El patrón de navegación encaja con redes comerciales fuera de la ley
El contexto histórico da sentido a esa ruta y a esas decisiones. En el siglo XVIII, la costa oriental de Yucatán era una zona poco utilizada por los españoles, mientras que los británicos conocían bien esos canales gracias a sus actividades en Belice y Jamaica.
Allí explotaban el palo de tinte y movían mercancías fuera de los circuitos oficiales. Un barco como el Ánimas de la Victoria encaja en ese escenario como transporte de carga ilegal o de productos ingleses. No hay registros que indiquen quién ordenó el viaje ni qué empresa lo financió, pero la lógica apunta a redes comerciales que operaban al margen del control español. Esa actividad explica por qué navegaba en un área que otros evitaban.
Las anclas completan la imagen del barco y de su procedencia. Una de ellas tiene rasgos asociados a diseños británicos, aunque también recuerda a modelos franceses del siglo XVIII. Otra mantiene proporciones propias de piezas más antiguas, incluso del siglo XVII, lo que sugiere que el barco utilizaba equipos de distintas épocas.
La más grande indica un tonelaje que encaja con un mercante de entre 650 y 700 toneladas. Esa mezcla de elementos apuntala la idea de un barco adaptado, no construido como unidad militar estándar. El conjunto, por lo tanto, encaja con una embarcación que viajaba cargada, armada lo justo y dirigida hacia una costa donde el riesgo formaba parte del negocio.

Archivo personal - Las conexiones con la Marina y redes políticas situaron a ese funcionario en una posición que facilitaba acceder a personas esclavizadas, dentro de un sistema plenamente integrado en la administración
George Washington la esclavizó, pero Ona Judge lo burló y vivió libre hasta el final de su vida
La necesidad de riqueza y control movía decisiones que afectaban a miles de vidas sin dejar rastro claro en los papeles. El esclavismo y el tráfico de personas se mantuvieron durante siglos porque generaban beneficios enormes y alimentaban economías enteras que dependían del trabajo forzado. Comerciantes, administradores y gobiernos vieron en ese sistema una forma de asegurar ingresos, expandir rutas comerciales y reforzar su poder político.
Algunos personajes implicados sabían que su participación podía dañar su imagen pública y por eso gestionaron con cuidado lo que quedaba por escrito. Ese esfuerzo por ocultar o suavizar su implicación dejó huecos en los archivos que hoy obligan a leer entre líneas.
Un investigador destapó maniobras para cuidar la imagen personal
Ese intento de controlar la propia imagen aparece claramente en el caso que estudia Michael Edwards en The Historical Journal, donde muestra que Samuel Pepys participó en redes esclavistas y ajustó su archivo para limitar cómo se conocía esa implicación. Edwards, historiador de la Universidad de Cambridge, analizó documentos conservados en The Pepys Library y otros archivos para reconstruir esa relación.
El trabajo identifica tanto las acciones directas de Pepys como las decisiones que tomó para dejar ciertos rastros y borrar otros. El resultado dibuja a un funcionario que no solo actuaba dentro del sistema, sino que también pensaba en cómo sería recordado.
Uno de los episodios más claros tiene que ver con un intento de soborno. Un oficial vinculado a un barco de la Royal African Company quiso ganarse el favor de Pepys ofreciéndole un niño esclavizado. Pepys rechazó el regalo y dejó constancia de ese rechazo en su correspondencia, pero el foco no estaba en el niño ni en su situación.
El propio Edwards explica que “Pepys no estaba preocupado por la moralidad de la esclavitud”, y añade que “solo le interesaba su reputación en un momento en que estaba bajo sospecha por corrupción”. El documento conserva la reacción del funcionario y borra casi por completo al menor, que desaparece del relato administrativo.
La cercanía al poder integraba esa actividad en la gestión diaria
Esa relación con el tráfico de personas no fue algo aislado. Pepys mantuvo vinculaciones profesionales con dos compañías que organizaron gran parte del comercio inglés de personas esclavizadas, la Company of Royal Adventurers trading to Africa y la Royal African Company.
Desde sus cargos en la Marina, gestionó préstamos de barcos y contactos con capitanes que transportaban personas desde África hasta el Caribe. El barco Phoenix, por ejemplo, llevó personas esclavizadas a Barbados tras salir de la costa occidental africana, y su registro menciona la muerte de 19 de ellas durante el trayecto, cuyos cuerpos fueron arrojados al mar.
Ese entramado de decisiones administrativas muestra otra dimensión del problema. Pepys no operaba desde plantaciones lejanas, sino desde oficinas en Londres, en contacto con almirantazgos y redes políticas. Edwards señala que “sus conexiones dentro de las compañías africanas y la Marina le daban una posición privilegiada para adquirir personas esclavizadas”. Esa cercanía al poder explica por qué el tráfico de personas no era una actividad marginal, sino una parte integrada en el funcionamiento del Estado.
Los registros daban protagonismo a cifras y borraban a las personas
El modo en que se guardaron los documentos resulta igual de revelador. Pepys organizó su archivo con detalle, clasificó cartas y conservó papeles que reforzaban su imagen de funcionario íntegro. Al mismo tiempo, dejó en segundo plano los elementos que podían comprometerle.
Ese trabajo de selección no eliminaba por completo la información, pero la distribuía de forma que ciertas historias quedaban diluidas. El propio Edwards analiza cómo Pepys y su entorno “curaron” la correspondencia para limitar lo que se podía saber sobre su implicación en la esclavitud.
Ese control del archivo tiene consecuencias claras. Muchos documentos registran operaciones comerciales con detalle, pero apenas recogen la experiencia de las personas esclavizadas. Aparecen como mercancía, sin nombre y sin voz. Esa forma de escribir la historia deja fuera a quienes sufrían el sistema y centra la atención en quienes lo gestionaban.
Pepys tuvo dos esclavos que luego vendió
En la Inglaterra del siglo XVII, ese sistema atravesaba la política, el comercio y la vida cotidiana. No era una actividad lejana ni excepcional. Formaba parte de las redes que mantenían el crecimiento económico y el poder marítimo del país. Pepys encaja en ese contexto como un ejemplo bien documentado, no como una excepción.
Dentro de ese marco, su relación con personas esclavizadas fue evidente. Edwards documenta que poseyó al menos dos en Londres durante las décadas de 1670 y 1680. Uno de ellos fue vendido en Tánger hacia 1680, mientras que otro apareció en una carta de 1688 dirigida al capitán Edward Stanley, donde Pepys pedía que se le diera salida en una plantación.
En ese mensaje quedaba claro que le había dispensado malos tratos porque escribió que ni “azotes ni grilletes” habían cambiado su comportamiento, y pidió que se le alimentara con “comida dura hasta que puedas disponer de él como un canalla”.
Ese lenguaje deja ver cómo se integraban esas decisiones en la vida cotidiana de quienes tenían poder. Las personas esclavizadas se trataban como bienes que se podían mover, vender o castigar según convenía. Y esos actos quedaban registrados en documentos que hoy permiten reconstruir la historia, aunque de forma incompleta.

Caza organizada - El esmalte conserva señales del entorno a lo largo del tiempo y, gracias a técnicas con distintos elementos, los investigadores reconstruyen trayectorias y alimentación con bastante detalle
Los neandertales de lo que hoy es Madrid dejaron un rastro de cráneos de reses que plantea nuevas preguntas sobre su comportamiento
Un grupo humano que decide enfrentarse a un animal de varias toneladas necesita algo más que fuerza bruta. Las cacerías complejas contra animales enormes implicaban reunir a varios individuos, coordinar movimientos y asumir riesgos que podían acabar mal en segundos. Para abatir una sola presa de ese tamaño no bastaba con uno o dos cazadores, hacía falta una acción conjunta donde cada participante tenía un papel claro.
Algunos podían dirigir el desplazamiento del animal, otros esperar en puntos estratégicos y otros encargarse del golpe final. Ese tipo de organización exige comunicación, experiencia y conocimiento del terreno, porque un error dejaba al grupo expuesto.
Un estudio reciente reconstruye la vida de grandes proboscídeos antiguos
Ese modo de actuar encaja con un estudio reciente que reconstruye cómo vivían y se movían grandes elefantes del Pleistoceno y cómo eran cazados por neandertales. Un equipo internacional analizó los dientes fosilizados de cuatro ejemplares de Palaeoloxodon antiquus y logró reconstruir sus desplazamientos, su dieta y su sexo.
El trabajo se apoya en técnicas químicas aplicadas al esmalte dental que conserva señales del entorno durante años. Esa información permite relacionar los movimientos de los animales con las decisiones de los grupos humanos que los cazaban.
Para llegar a esos resultados, los investigadores utilizaron análisis de isótopos de estroncio, carbono y oxígeno junto con técnicas de paleoproteómica. El esmalte dental se forma poco a poco y guarda un registro químico que refleja dónde estuvo el animal y qué comió en distintos momentos de su vida.
Elena Armaroli, de la Universidad de Modena y Reggio Emilia, explicó que “gracias a los análisis de isótopos podemos seguir los movimientos de los elefantes casi como si tuviéramos un diario de sus viajes”. Los estudios de estroncio se realizaron en el centro FIERCE de la Universidad Goethe de Frankfurt bajo la dirección de Wolfgang Müller, mientras que los análisis de carbono y oxígeno se llevaron a cabo en el Instituto Max Planck de Química de Maguncia.
Ese mismo enfoque permitió determinar el sexo de los animales mediante proteínas extraídas del esmalte. De los cuatro ejemplares, tres eran machos y uno probablemente hembra. Dos de esos machos presentaban señales químicas que no coincidían con el entorno donde aparecieron sus restos, lo que indica que habían vivido en otros lugares.
Este patrón coincide con lo observado en elefantes actuales, donde los machos se desplazan más y ocupan áreas más amplias. Federico Lugli, de la UNIMORE, indicó que “sus dientes muestran que recorrían distancias muy grandes antes de llegar a Neumark-Nord”.
El yacimiento alemán concentra decenas de animales abatidos por neandertales
El lugar donde aparecieron los restos aporta otra pieza del puzle. Neumark-Nord, en Saxonia-Anhalt, fue una antigua zona lacustre donde se han encontrado más de 70 elefantes abatidos por neandertales durante el último periodo interglaciar, hace unos 125.000 años. Las excavaciones asociadas a la minería de lignito sacaron a la luz una concentración de fósiles poco habitual en Europa. Esa acumulación permite estudiar no solo a los animales, sino también la forma en que los grupos humanos actuaban en ese entorno.
La distribución de los restos y la edad de los animales indican que no se trataba de encuentros casuales con animales muertos. Armaroli señaló que “todo apunta a una caza organizada en la que incluso presas de gran tamaño eran abatidas de forma planificada”. Esa idea implica cooperación y un reparto de tareas dentro del grupo.
Sabine Gaudzinski-Windheuser, directora de MONREPOS, afirmó que “lo que vemos no es mera supervivencia, sino una población que entendía su entorno y actuaba de forma compleja durante al menos 2.500 años”. En ese paisaje, los neandertales no solo cazaban, también procesaban los cuerpos en distintos puntos, extraían grasa a gran escala y consumían recursos vegetales como avellanas y bellotas.
Los datos de movilidad muestran recorridos de cientos de kilómetros
Los datos sobre movilidad añaden otra capa a esa imagen. Al menos dos de los elefantes analizados habían recorrido hasta 300 kilómetros antes de morir. Ese detalle muestra que los animales no permanecían siempre en la misma zona y que los grupos humanos tenían que adaptarse a esos movimientos.
Thomas Tütken, de la Universidad de Maguncia, explicó que “los datos indican que algunos machos pasaron parte de su juventud fuera de la región, pero no permiten saber si Neumark era un punto de reunión o una población residente”. Para aclararlo, el equipo ha iniciado estudios genéticos que buscan entender cómo se organizaban esos animales y cómo influía eso en las estrategias de caza.
Todo el conjunto encaja en una imagen más amplia. El estudio de los molares no solo revela cómo vivían los elefantes, también dibuja a grupos humanos que sabían organizarse para enfrentarse a animales mucho más grandes que ellos y sacar partido de cada captura en un entorno que utilizaban de forma repetida.