
El líder ultra asegura que las políticas verdes "matan" y las responsabiliza de la dana y del apagón que afectó a la Peníncula Ibérica en 2025, mientras critica al presidente de la Junta de Andalucía por talar áboles "para instalar placas solares".
El CIS da la victoria a Moreno en las elecciones andaluzas, pero no le garantiza la mayoría absoluta
El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha criticado este sábado el apagón sufrido en España el pasado año, que ha vinculado a lo que ha calificado como “fanatismo climático que arruina a la población”, al tiempo que ha acusado al presidente de la Junta de Andalucía y candidato del PP-A a la reelección, Juanma Moreno, de “continuar con su plan de arrancar olivos para instalar placas solares”.
En una atención a medios celebrada en Vélez-Málaga (Málaga), Abascal ha subrayado que “el fanatismo verde mata como mató en la dana de Valencia y como mató también a algunos de nuestros compatriotas en el apagón”. Asimismo, ha reiterado sus críticas a Moreno, a quien ha acusado de mantener esa estrategia energética, y ha añadido que, en su opinión, “parece que también está incómodo con los pactos de Vox con el Partido Popular en Aragón y Extremadura”.
Preguntado por los medios de comunicación, Abascal ha afirmado que “la prioridad nacional” tiene todavía un largo recorrido de cambios legislativos pero que no tiene “ninguna duda de que es un concepto basado en el sentido común y la justicia”. “Lo que no puede ser es que los españoles que están aquí viviendo desde hace tiempo, sus padres, sus abuelos, gente que ha cotizado, que ha trabajado y que ahora tiene dificultades, vean que los que acaban de llegar les pasan por encima”, ha apuntado.
En referencia a los altercados ocurridos en los actos de precampaña de Vox en ciudades como Granada el pasado 16 de abril Abascal ha recriminado a Moreno “por qué todavía no ha dicho ni una palabra de condena de estas agresiones e intimidaciones y la única respuesta que podemos darnos es porque él también quiere silenciarnos”. Al respecto, ha manifestado que espera que “tomen buena nota los andaluces de cuál es la posición de Moreno y nos den un gran respaldo para que tengamos la fuerza suficiente para influir en el próximo gobierno de la Junta Andalucía”, ha concluido Abascal.

El lago Baikal, en Siberia, concentra una quinta parte del agua dulce del planeta y es uno de los ecosistemas más antiguos y fascinantes de la Tierra
Este es el lago navegable más grande del mundo: los lugareños lo surcan sobre 'plátanos' gigantes
Hay lugares que parecen imposibles de dimensionar hasta que uno se detiene en los números. El Lago Baikal es uno de ellos. No solo es el lago más profundo del mundo, con más de 1.600 metros de profundidad, sino también uno de los más antiguos del planeta, con una historia que se remonta a entre 20 y 25 millones de años. Dicho de otra manera: cuando muchas de las formas de vida actuales ni siquiera existían, este lago ya estaba ahí.
Ubicado en el corazón de Siberia, entre la república de Buriatia y la región de Irkutsk, el lago más profundo del mundo no es solo un accidente geográfico, sino un auténtico universo natural que ha evolucionado prácticamente aislado durante millones de años.
Cifras que desafían la lógica
Hablar del Lago Baikal es hacerlo en términos que cuesta imaginar. Su profundidad máxima alcanza los 1.620 metros, pero lo verdaderamente impresionante no es solo lo que se hunde hacia abajo, sino lo que contiene. Este lago alberga aproximadamente el 20% del agua dulce líquida no congelada de toda la superficie terrestre, una cifra que lo convierte en una reserva natural de valor incalculable.
Además, su tamaño tampoco pasa desapercibido. Con más de 600 kilómetros de longitud y unos 48 de anchura media, su superficie supera los 31.000 kilómetros cuadrados. Más de 330 ríos y arroyos desembocan en él, siendo el Selengá uno de los más importantes, lo que explica en parte su enorme volumen de agua.
Un ecosistema único en el planeta
La Lago Baikal profundidad no solo es un dato récord, sino la clave de un ecosistema único. Debido a su antigüedad y aislamiento, el lago ha desarrollado una biodiversidad extraordinaria, con miles de especies que no existen en ningún otro lugar del mundo.
Uno de los ejemplos más conocidos es la nerpa, una de las pocas focas de agua dulce del planeta, que habita exclusivamente en estas aguas. Pero no es la única rareza: desde pequeños crustáceos hasta peces adaptados a grandes profundidades, el lago funciona como un laboratorio natural donde la evolución ha seguido su propio camino.
Naturaleza en estado puro
Si te planteas qué ver en el lago Baikal, la respuesta no se limita a un punto concreto, sino a una experiencia completa. En invierno, el lago se congela formando una superficie de hielo transparente que permite ver varios metros hacia abajo, creando una de las imágenes más surrealistas del planeta. En verano, en cambio, el paisaje se transforma en un entorno verde, salpicado de montañas, bosques y pequeñas aldeas que viven al ritmo del lago.
Uno de los enclaves más conocidos es la isla de Olkhon, considerada un lugar sagrado por las culturas locales, donde los acantilados y las formaciones rocosas se funden con el agua en un paisaje que parece diseñado para el silencio.
El lago que es casi un océano
Entre las curiosidades del lago Baikal, hay una que resume bien su magnitud: si todos los ríos del mundo dejaran de aportar agua, el lago tardaría siglos en vaciarse. Esa idea da una pista de su escala real, mucho más cercana a la de un pequeño mar interior que a la de un lago convencional.
Además, su agua es conocida por ser una de las más limpias del planeta, gracias a un sistema natural de filtración biológica que mantiene una claridad excepcional. En algunas zonas, la visibilidad puede alcanzar hasta 40 metros de profundidad, algo prácticamente imposible en otros lagos.

Historia, geometría y pura lógica industrial explican por qué la pizza se corta así y por qué su caja no tiene la misma forma
Te gusta la pizza, pero ¿cuál de todas? Diferencias entre la pizza italiana, argentina y americana
Hay cosas que damos por hechas hasta que alguien las pone sobre la mesa. La pizza es redonda, se corta en triángulos y llega en una caja cuadrada. Todo encaja… hasta que te paras a pensarlo y nada parece tener sentido. Sin embargo, detrás de esta combinación hay una mezcla de historia, tradición y pura practicidad que explica por qué la pizza redonda caja cuadrada no es ningún capricho. Para entenderlo, hay que empezar por el principio.
Una cuestión de origen
La por qué la pizza es redonda tiene una explicación mucho más antigua de lo que parece. Mucho antes de la pizza moderna, civilizaciones como los egipcios ya elaboraban panes planos con forma circular, en parte por una cuestión simbólica —representaban el sol—, pero también por pura técnica. La masa, al trabajarla con las manos, tiende de forma natural a adquirir una forma redondeada.
Más tarde, los griegos heredaron esta tradición y la llamaron “maza”, mientras que en la Edad Media apareció una versión conocida como picea, un pan plano con aceite o especias que ya anticipaba lo que vendría después. No fue hasta el siglo XVIII, en Nápoles, cuando los panaderos añadieron tomate —recién llegado de América— y dieron forma a la pizza tal y como la conocemos hoy. Desde entonces, la forma redonda se mantuvo porque era la más sencilla de estirar, hornear y servir, sin necesidad de moldes ni cortes complejos.
Compartir sin complicaciones
La siguiente pregunta lógica es por qué la pizza se corta en triángulos y no en cuadrados o tiras, como ocurre con otros alimentos. Aquí entra en juego algo tan básico como la geometría aplicada a la mesa.
Al dividir un círculo en triángulos, todas las porciones parten del centro y se reparten de manera bastante equitativa, lo que facilita compartir la pizza entre varias personas sin discusiones. Además, esta forma permite sujetar cada porción con la mano de manera cómoda, con una base más ancha y una punta que concentra los ingredientes. No es casualidad que este sistema se haya impuesto en todo el mundo: es práctico, intuitivo y funciona.
Eficiencia por encima de estética
Y llegamos a la gran contradicción: si la pizza es redonda, ¿por qué la caja no lo es? La respuesta está en la eficiencia. La por qué la caja de pizza es cuadrada tiene poco que ver con la estética y mucho con la industria.
Fabricar cajas cuadradas es más barato y sencillo que producir cajas redondas. Se utilizan piezas de cartón rectangulares que se doblan fácilmente, sin necesidad de cortes especiales ni procesos más complejos. Además, son más resistentes y estables, lo que facilita el transporte.
Para las pizzerías, esto también tiene ventajas logísticas claras. Las cajas cuadradas se apilan mejor, ocupan menos espacio en almacenamiento y resultan mucho más cómodas de manejar cuando hay que transportar varios pedidos a la vez. Para el consumidor, además, son más fáciles de abrir, cerrar y guardar.
Si algo demuestra la historia de la pizza es que estamos ante uno de los alimentos más universales del planeta. Se estima que cada año se consumen miles de millones de pizzas en todo el mundo, hasta el punto de que uno de cada cinco restaurantes está especializado en este plato.
Lo que empezó como una masa humilde con ingredientes básicos ha terminado convirtiéndose en un icono global que se adapta a cualquier cultura, pero que mantiene intactas algunas de sus reglas más curiosas: sigue siendo redonda, se corta en triángulos y viaja en una caja cuadrada.
Cuando la lógica gana al diseño
Entre las grandes curiosidades de la pizza, esta combinación de formas es probablemente una de las más llamativas. No responde a una única decisión, sino a la suma de pequeñas elecciones prácticas que, con el tiempo, se han convertido en norma.
Porque, al final, la pizza no está diseñada para ser perfecta sobre el papel, sino para funcionar en la vida real. Y en ese equilibrio entre tradición, comodidad y eficiencia está la clave de por qué seguimos comiéndola exactamente igual siglos después.

Göbekli Tepe, con casi 12.000 años de antigüedad, obliga a replantear el origen de la civilización y el papel de la religión antes de la agricultura
El valle rojo de la Capadocia turca que debes ver una vez en la vida
Hay lugares que no solo se visitan, sino que obligan a replantearlo todo. En el sureste de Turquía, a pocos kilómetros de la actual ciudad de Şanlıurfa, se levanta —o más bien emerge— uno de esos sitios que desafían cualquier idea preconcebida sobre el origen de la humanidad. Hablamos de Göbekli Tepe, considerado por muchos arqueólogos como el edificio más antiguo del mundo construido por el ser humano.
Lo sorprendente no es solo su antigüedad, que ronda los 11.500 o 12.000 años, sino lo que implica. Durante décadas, la teoría dominante sostenía que primero llegó la agricultura, después los asentamientos y, finalmente, los templos y las estructuras religiosas. Göbekli Tepe rompe esa lógica de forma contundente: aquí hubo arquitectura monumental antes de que existieran las ciudades tal y como las entendemos.
Antiguo, pero identificado en los años 60
Durante generaciones, la colina donde hoy se encuentra el yacimiento fue utilizada por agricultores locales que, sin saberlo, caminaban sobre uno de los mayores hitos de la historia humana. De hecho, las piedras que asomaban del suelo eran apartadas y amontonadas para facilitar el cultivo, sin sospechar que formaban parte de algo mucho más grande.
El lugar fue identificado por primera vez en 1965 durante unas prospecciones arqueológicas, pero se interpretó erróneamente como un simple cementerio bizantino. No fue hasta 1994, con la llegada del arqueólogo alemán Klaus Schmidt, cuando se comprendió la magnitud real del descubrimiento. Schmidt vio en aquellas piedras algo distinto, algo que no encajaba con las cronologías conocidas, y decidió iniciar unas excavaciones que cambiarían para siempre la forma de entender la prehistoria.
Lo que apareció bajo la tierra eran enormes pilares en forma de “T”, algunos de hasta cinco metros de altura y varias toneladas de peso, dispuestos en círculos y decorados con relieves de animales como serpientes, zorros o aves. Todo ello construido en una época en la que, en teoría, el ser humano aún vivía en pequeños grupos de cazadores-recolectores sin capacidad para organizar proyectos de esta magnitud.
Esa es, precisamente, una de las grandes preguntas que plantea Göbekli Tepe: ¿quién fue capaz de levantar algo así sin herramientas avanzadas, sin metalurgia y sin una estructura social compleja como la que se presupone necesaria para este tipo de obras? La respuesta sigue sin estar clara, pero cada nuevo hallazgo apunta a que aquellas comunidades eran mucho más sofisticadas de lo que se pensaba.
No es un caso aislado
Otro de los aspectos más desconcertantes es que el propio templo fue enterrado de forma deliberada por sus constructores miles de años después de su uso. No se trata de un colapso natural ni de un abandono progresivo, sino de un acto consciente de cubrirlo con tierra y piedras. Las razones siguen siendo objeto de debate: algunos investigadores hablan de rituales de clausura, otros de cambios en las creencias o en la organización social.
Además, Göbekli Tepe no parece ser un caso aislado. En un radio relativamente cercano han aparecido otros yacimientos similares, como Karahan Tepe, lo que sugiere que toda la región pudo ser un centro ceremonial de gran importancia en la prehistoria.
Visitar hoy este lugar es, en cierto modo, asomarse a un momento en el que la humanidad estaba empezando a organizarse de una manera completamente nueva. No hay murallas, no hay viviendas claras, no hay indicios de una ciudad como tal, pero sí hay símbolos, rituales y una arquitectura que apunta a algo fundamental: la necesidad de reunirse, de creer y de construir significado colectivo.
Por eso, más allá de su valor arqueológico, Göbekli Tepe tiene algo casi incómodo. Obliga a aceptar que la religión —o al menos la necesidad de crear espacios simbólicos— pudo ser el motor que impulsó la civilización, y no al revés. Y eso cambia el relato que llevamos décadas contando sobre quiénes somos y de dónde venimos.

Pomerium - Un aristócrata con pocos recursos logró abrirse paso gracias a una herencia, encadenó victorias y acuerdos, superó acusaciones y terminó imponiéndose con fuerza hasta concentrar todo el poder en sus manos
El motivo por el que les fue tan difícil a los romanos conquistar la Península Ibérica
La línea que separaba el espacio sagrado del resto del territorio no era simbólica ni flexible, porque cualquier paso en falso dentro de ella rompía un límite que los romanos consideraban inviolable. Rómulo, según el relato tradicional, marcó ese borde al fundar Roma al abrir un surco continuo con un arado tirado por animales, dejando una franja de tierra que definía dónde empezaba la ciudad y dónde terminaba.
Ese trazado, conocido como pomerium, no solo delimitaba el espacio urbano, sino que imponía reglas estrictas a quienes lo cruzaban, sobre todo a los militares. Dentro de ese perímetro, ningún soldado podía entrar armado ni mantener autoridad militar, ya que la ciudad quedaba reservada para la vida civil y religiosa. Ese gesto inicial estableció una norma que se mantuvo durante siglos y que marcaba una diferencia clara entre la guerra fuera de las murallas y la política dentro de ellas.
La rivalidad con otro mando creció tras varias campañas
La marcha de Lucio Cornelio Sila Félix sobre Roma rompió esa norma sagrada al introducir un ejército dentro del pomerium y tomar la ciudad por la fuerza. El general avanzó con seis legiones formadas por veteranos y entró tras asegurar varias puertas, en un movimiento que no tenía precedentes en la historia romana. Su decisión no solo alteró el equilibrio político, también convirtió una regla religiosa en un límite que podía ser superado por la fuerza militar cuando las circunstancias lo permitían.
La rivalidad entre Sila y Cayo Mario creció durante campañas militares en las que ambos buscaban prestigio. Sila participó como cuestor en la guerra contra Yugurta y logró un acuerdo con el rey Boco que permitió capturar al enemigo, lo que aumentó su fama. Mario, que dirigía la campaña, vio ese éxito como una amenaza.
Esa tensión continuó en la lucha contra cimbrios y teutones, donde Sila colaboró con Quinto Lutacio Cátulo en la victoria de Vercelas, lo que amplió aún más el enfrentamiento entre ambos.
La disputa alcanzó un punto decisivo cuando se discutió quién debía dirigir la guerra contra Mitrídates VI. Sila, elegido cónsul en el 88 a.C., había recibido ese mando, pero Mario consiguió apoyos para arrebatárselo mediante un decreto impulsado por el tribuno Publio Sulpicio Rufo.
Esa decisión alteró las reglas habituales, ya que se entregaba el mando a alguien sin cargo en ese momento. Sila respondió recurriendo a sus tropas, que veían en ese cambio una pérdida de recompensas y prestigio.
El origen humilde dentro de la élite marcó su carrera
El origen social de Sila explica en parte su determinación. Nacido en el 138 a.C. dentro de una familia aristocrática con menos recursos que otras ramas, tuvo que abrirse camino con dificultad. Su carrera comenzó tarde, tras recibir una herencia de Nicópolis, una mujer rica que le permitió acceder a la vida política. Ese punto de partida marcó su trayectoria, siempre ligada a la necesidad de consolidar su posición dentro de la élite romana.
Durante la Guerra Social, Sila recuperó su prestigio al derrotar a los samnitas y asegurar el sur de Italia. Ese éxito militar le dio reconocimiento dentro de Roma y le permitió reconstruir su imagen tras años de retiro. Además, reforzó sus alianzas al casarse con Cecilia Metela, vinculándose a una familia influyente que respaldó su ascenso.
En su etapa como propretor en Cilicia, consiguió restituir a Ariobarzanes en el trono y firmó un acuerdo con el embajador parto Orobazo. Ese movimiento reforzó su posición diplomática y le permitió consolidar su imagen como dirigente eficaz. Sin embargo, su regreso a Roma estuvo marcado por una acusación de corrupción presentada por Cayo Marcio Censorino, que dañó su reputación aunque el proceso no prosperó.
La segunda ofensiva aseguró el control absoluto del Estado
Ese episodio le obligó a retirarse durante varios años, periodo que utilizó para reconstruir su prestigio. Cuando volvió a la vida pública, lo hizo con el respaldo de sus éxitos militares y con una base política más sólida. Esa recuperación fue determinante para alcanzar el consulado y enfrentarse a Mario en condiciones más equilibradas.
La decisión final de marchar sobre Roma una vez más, esta vez en 82 a.C., convirtió a Sila en vencedor absoluto. Sus tropas tomaron las puertas principales y avanzaron sin encontrar una resistencia suficiente, mientras los defensores intentaban contenerlos desde los edificios.
Tras entrar, Sila anuló leyes recientes y declaró enemigos a sus rivales, iniciando una serie de acciones que cambiaron el funcionamiento político de Roma y dejaron claro que aquella línea trazada por Rómulo había dejado de ser un límite real. Posteriormente, consolidó su poder como dictador y reforzó su control mediante reformas y proscripciones.

Obra maestra - La investigación revisa un manuscrito en árabe donde se describen estructuras internas, el papel de un conducto nervioso y cómo solo una parte participa en la percepción mientras otras ayudan
La imagen que llega al cerebro depende de una materia blanda y húmeda que, a simple vista, parece incapaz de sostener nada estable. Esa condición define el proceso de visión, en el que una sustancia pequeña, viscosa y frágil permite captar la luz y transformarla en información reconocible.
El ojo funciona gracias a cavidades llenas de líquidos y tejidos delicados que reaccionan ante estímulos luminosos, de modo que cada capa cumple una tarea concreta dentro de un sistema muy ajustado. La aparente debilidad de esos elementos no impide que el conjunto actúe con precisión, porque cada parte interviene en una cadena de pasos que termina en el cerebro. Por eso el proceso de ver depende de estructuras que, fuera de ese entorno, no tendrían ninguna utilidad evidente.
Un estudio analiza textos antiguos sobre la visión
Un estudio publicado en Cogent Arts and Humanities, según recoge el trabajo firmado por Dalal H. Al-Zubi en la University of Sharjah, analiza los escritos de Hunayn Ibn Ishaq y muestra cómo sus tratados explican la anatomía del ojo y el funcionamiento de la visión con un nivel de detalle que influyó en la medicina posterior.
El trabajo examina un manuscrito en árabe titulado En el ojo, doscientas siete cuestiones, que amplía otras obras del mismo autor dedicadas a este órgano. En esos textos, el médico describe las capas del ojo y el papel del nervio óptico, además de explicar que solo una de las siete capas participa en la visión mientras las demás cumplen funciones de apoyo. El análisis también recoge que el cerebro dirige los movimientos oculares a través de ese nervio, lo que introduce una relación directa entre estructura y función.
Hunayn Ibn Ishaq, médico formado en Gundishapur y activo en Bagdad y Alejandría, trabajó durante décadas en la traducción de textos griegos al árabe. Dominaba varias lenguas y utilizaba un método en el que primero trasladaba los textos al siríaco y después los adaptaba al árabe con ayuda de su entorno cercano.
Ese trabajo permitió conservar escritos de Galeno e Hipócrates y también obras de filosofía y matemáticas. Además, redactó más de cien libros propios, entre ellos una introducción a la medicina galénica que se usó durante siglos en la enseñanza.
Sus libros incluyeron esquemas detallados del interior del ojo
Las descripciones anatómicas que aparecen en sus tratados se apoyan en dibujos que representan tanto la parte externa del ojo como su estructura interna. En uno de esos esquemas, el globo ocular aparece seccionado e insertado en la abertura de los párpados, con el nervio óptico orientado hacia arriba y el cristalino en el centro.
Otros diagramas detallan los músculos que mueven el ojo o la disposición de las capas internas, como la retina, la coroides o la esclera. También se describen los fluidos que llenan el interior, con comparaciones que los identifican por su aspecto, como el humor vítreo o el albuminoide.
Ese trabajo se desarrolló en un entorno que favorecía el intercambio de conocimiento. Bagdad se convirtió entre los siglos IX y XII en un centro cultural destacado, impulsado por los califas abasíes, y la Casa de la Sabiduría reunió textos de distintas tradiciones.
Allí se tradujeron obras de Grecia, India y Mesopotamia, lo que permitió integrar conocimientos diversos en un mismo espacio académico. Hunayn participó en ese movimiento y contribuyó a fijar una terminología médica en árabe que después se extendió a otros ámbitos.
Una obra sobre el ojo se perdió y se reconstruyó en 1928
El libro más importante sobre el ojo que escribió durante unos 30 años, conocido como Diez tratados sobre el ojo, desapareció durante siglos hasta que Max Meyerhof logró reconstruirlo en 1928. El historiador alemán utilizó dos manuscritos árabes incompletos y varias versiones latinas para recomponer el contenido original.
Uno de esos textos procedía de una copia realizada en 1156 y el otro de un ejemplar fechado en 1196, ambos derivados de una versión anterior. Esa reconstrucción permitió recuperar también algunos de los diagramas que acompañaban al texto.
La obra se organiza en varios tratados que abordan desde la constitución del ojo hasta las enfermedades y sus tratamientos. Los primeros capítulos describen la anatomía y el papel del cerebro en la visión, mientras que los siguientes se centran en las causas y los síntomas de las afecciones oculares. Los últimos apartados explican los remedios disponibles, con un enfoque que combina observación y conocimiento acumulado.
Sus escritos influyeron en la medicina europea durante siglos
El trabajo de Hunayn influyó en autores posteriores y sus escritos circularon durante siglos tanto en el mundo islámico como en Europa. Maamoun Saleh Abdulkarim, profesor de la University of Sharjah, explica que “Hunayn ibn Ishaq desempeñó un papel fundamental en la traducción de textos médicos griegos al árabe”. Por su parte, Mesut Idriz señala que “sus escritos y traducciones influyeron tanto en el mundo islámico como en la Europa medieval”.
Ese recorrido convirtió sus obras en un punto de apoyo para la enseñanza médica en universidades europeas, donde versiones latinas de sus textos se utilizaron durante generaciones, mientras las descripciones del ojo seguían apoyándose en esa misma estructura de capas y fluidos.