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03 Enero 2026, 18:15
La fiscal general, Pam Bondi, afirma que el presidente venezolano ha sido imputado en un tribunal de Nueva York y advierte de que “enfrentará la ira de la Justicia estadounidense”
03 Enero 2026, 18:15
Los países europeos se mantienen cautos ante la acción militar de Estados Unidos en el país caribeño
03 Enero 2026, 18:15
La líder opositora venezolana afirma que Trump “ha cumplido con su promesa de hacer valer la ley” al capturar a Maduro y afirma que su movimiento va a “poner orden, liberar a los presos políticos, construir un país excepcional y traer a nuestros hijos de vuelta a casa”
03 Enero 2026, 18:15
El presidente de Estados Unidos afirma tras capturar a Maduro que están preparados para una segunda oleada de ataques si el chavismo opone resistencia
03 Enero 2026, 12:15

Qué es el Cártel de los Soles, la organización fantasma que Trump usa para acorralar a Maduro en Venezuela

Las primeras referencias a la difusa organización "narcoterrorista" se remontan a los años 90

Caracas sufre un ataque militar aéreo con múltiples explosiones y Venezuela acusa a EEUU

El país que declaró “la guerra contra las drogas” —Richard Nixon, en los años 70— y emprendió con el cambio de siglo una “guerra contra el terrorismo” —George W. Bush, desde 2001— está inmerso ahora en una nueva contienda donde el enemigo es difuso y mutable, en función de las circunstancias: se trata de la guerra contra el “narcoterrorismo”, síntesis de los dos conceptos anteriores, en la que el enemigo principal es hoy, según repite el mandatario estadounidense, Donald Trump, el líder venezolano, Nicolás Maduro. Es él quien está al mando del llamado “Cártel de los Soles”, organización criminal que la gran potencia se apresta a erradicar, a pesar de las dificultades que existen para definir su contorno y jerarquía, e incluso su existencia como tal.

Este sábado, Venezuela ha sido objeto de varias explosiones, en plena escalada de las tensiones con EEUU. El Gobierno de Maduro señala a Estados Unidos denuncia la “gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de EEUU” en localidades civiles y militares de los estados de Miranda, Aragua, La Guaira y la capital del país, Caracas.

¿Qué es el Cártel de los Soles?

Las primeras referencias al Cartel de los Soles se remontan a los años 90, relacionadas con la connivencia entre elementos militares venezolanos y el negocio del narcotráfico, cuyas redes empezaban a extenderse desde la limítrofe Colombia. Según recuerda un informe de la fundación estadounidense InsightCrime, que sigue la evolución del crimen organizado en América Latina, el nombre hacía referencia al sol de las charreteras de los oficiales de brigada del ejército del país caribeño. El cártel era inicialmente “del sol”, pero pasaron a ser “soles”, en plural, cuando se empezó a señalar la implicación de oficiales de mayor rango, que llevaba dos astros en el uniforme, en lugar de uno.

Es una denominación que se impuso desde fuera para una red criminal compuesta por miembros del ejército venezolano. “Nadie sabe si existe o no existe. Estas redes funcionan así, muy descentralizadas, precisamente por su seguridad. No es una organización compacta. Son grupos que tienen sus relaciones. No hay un solo grupo”, dice Anna Ayuso, investigadora sénior para América Latina del Barcelona Center for International Affairs (CIDOB) desde 2002. Para Trump y su Gobierno, el Cártel de los Soles es una organización perfectamente jerarquizada con Maduro a la cabeza.

¿Está implicado el Gobierno venezolano?

Ayuso pone en solfa las acusaciones estadounidenses. “Una cosa es que haya generales y un sector del ejército implicados en relaciones con el narcotráfico y otra cosa es que ellos lideren ese cártel. Lo que hacen es negocios: ellos [los militares] proporcionan recursos, hacen la vista gorda, muestran connivencia. [Pero] de que sean ellos los que organicen esa actividad de narcotráfico no hay evidencias. Y mucho menos que sea directamente el Gobierno”, indica.

¿Qué alega EEUU?

Pese al carácter difuso de la organización, EEUU lleva meses cargando las tintas contra el Gobierno venezolano, y, en especial, contra Nicolás Maduro. El pasado verano elevó a 50 millones de dólares la recompensa por proporcionar información que lleve a su detención, y este lunes lo declaró formalmente “terrorista”. Con la denominación de “organización terrorista extranjera” (FTO, según sus siglas en inglés), la gran potencia se dota de mayores poderes para combatirla: puede vetar la entrada o forzar la expulsión de sus miembros del país, impedir que reciban asistencia de nadie que resida en EEUU y evitar que tengan tratos con instituciones financieras del país.

“Señala [a Maduro] como narcotraficante y a partir de ahí le puede imponer una serie de sanciones y estrechar el círculo sobre él. Le afecta a él como persona y a cualquiera con quien tenga negocios, que también puede ser objeto de sanciones. Ahora cualquier actividad financiera puede ser considerada como ayuda al narco. Ese es el salto cualitativo, porque ya estaba sancionado”, detalla Ayuso.

¿Cómo ha respondido Venezuela?

El Ejecutivo venezolano viene negando sistemáticamente las acusaciones sobre sus vínculos con el narcotráfico. El ministro de Interior y Justicia y hombre fuerte del Gobierno, Diosdado Cabello, las tachó el pasado verano de “invento”. Con un portaviones merodeando por sus costas y los misiles estadounidenses hundiendo lanchas de supuestos narcos en el Caribe, Maduro trata en los últimos meses de aplacar el ardor guerrero estadounidense. Avisando de que armará a la población si EEUU se decide a invadir, aviniéndose a negociar “cara a cara” con Donald Trump, o incluso encomendándose a Jesucristo y John Lennon.

La campaña de ejecuciones extrajudiciales en el mar Caribe va dirigida contra otra organización declarada terrorista por Trump, el Tren de Aragua. En este caso, EEUU no alega que Maduro sea el líder, pero sí que controla su actividad. El presidente estadounidense se sirvió de la supuesta presencia de esta banda en su país para azuzar la campaña contra la inmigración irregular.

El frente judicial

Aunque la participación directa de la jerarquía venezolana en el narcotráfico no esté probada, el país ha registrado numerosos casos de corrupción ligada al negocio ilegal. Uno de los casos más sonados fue el del exgeneral chavista Clíver Alcalá, que se entregó en 2020 a la Justicia de EEUU y fue condenado a 21 años de cárcel, tras haberse ofrecido a colaborar.

Otro de los argumentos que sustenta la acusación estadounidense es el testimonio de Hugo Carvajal, exjefe de Inteligencia Militar venezolana, que rompió con Maduro en 2017. Carvajal se declaró culpable en junio de tráfico de drogas y narcoterrorismo en Estados Unidos, donde está detenido, tras un periplo judicial que dio vistosos titulares en España, donde había sido arrestado en 2019. Pendiente de extradición, huyó de la Justicia hasta su segundo arresto dos años después, momento en el cual se ofreció a colaborar para evitar ser enviado a EEUU. A la Audiencia Nacional le dijo que tenía pruebas de la financiación ilegal de Podemos. Nunca aparecieron.

Terrorismo como cajón de sastre

Trump recurre al comodín del terrorismo con asiduidad desde su regreso al poder. Si Maduro es desde este lunes un líder narcoterrorista, la semana pasada se sumaron a la lista de señalados por este motivo colectivos antifascistas europeos, después de haber sido también señalados los de raíz estadounidense. Al mismo tiempo, el mandatario estrecha relaciones con personas con antecedentes mucho más explícitos, como el presidente de Siria, Ahmed Al-Shara, antiguo miembro de Al Qaeda. “Me cae bien, ha tenido un pasado difícil”, justificó.

Todavía no es terrorista según la clasificación de Trump el presidente colombiano, Gustavo Petro, a quién EEUU sí ha sancionado por tener supuestos vínculos con el narco. El mandatario se ha revuelto contra las acusaciones publicando sus gastos.

Las incertidumbres sobre la naturaleza y jerarquía del Cártel de los Soles lo convierten en un instrumento dúctil de la política exterior trumpista. La investigadora del CIDOB lo resume con una paradoja: “Lo que define a estos grupos es que no se sabe mucho de ellos”.

03 Enero 2026, 12:15

Top 3 descubrimientos arqueológicos de 2025 que pusieron nuestra historia patas arriba

Tumbas reales, puertos sumergidos y barcos de guerra que llevaban décadas esperando bajo tierra y mar

Así es 'la ciudad muerta', el yacimiento arqueológico de la península que impresiona a todo visitante

Si algo ha dejado claro 2025 es que la historia todavía guarda más secretos de los que imaginamos. No hablamos de pequeños hallazgos anecdóticos, sino de descubrimientos capaces de cambiar lo que creíamos saber sobre civilizaciones antiguas, grandes personajes históricos y conflictos del siglo XX. Y lo más interesante es que han llegado por dos vías complementarias: tecnología punta y excavaciones clásicas hechas con paciencia infinita.

Estos son los tres descubrimientos arqueológicos de 2025 que, directamente, han obligado a reescribir capítulos enteros de nuestra historia.

1. La tumba real maya que podría pertenecer al fundador de una gran dinastía

En plena selva de Belice, bajo una pirámide del yacimiento de Caracol, los arqueólogos Arlen y Diane Chase hicieron uno de esos hallazgos que solo se dan una vez en la vida. Tras casi cuarenta años excavando la zona, encontraron una tumba real de unos 1.700 años de antigüedad que, según todas las evidencias, podría pertenecer a Te K'ab Chaak, el fundador de la dinastía que gobernó la ciudad durante casi cinco siglos.

El enterramiento estaba cubierto de cinabrio rojo y contenía una máscara mortuoria de mosaico hecha con jade y conchas marinas, además de pendientes de jade y cerámicas rituales. El esqueleto, perteneciente a un anciano, apareció parcialmente desplazado, con el cráneo dentro de un recipiente, algo que ha intrigado especialmente a los investigadores.

Más allá del lujo del ajuar, lo realmente revolucionario es lo que sugiere: contactos tempranos entre los mayas de Caracol y la poderosa Teotihuacan, a más de mil kilómetros de distancia. Si se confirma, cambiaría por completo la idea de aislamiento entre grandes centros mesoamericanos.

2. Un puerto hundido que reaviva la búsqueda de Cleopatra

La figura de Cleopatra VII lleva siglos rodeada de misterio, y uno de los grandes interrogantes sigue siendo dónde fue enterrada. En 2025, la arqueología submarina dio un paso clave gracias al hallazgo de un puerto sumergido frente a la costa egipcia, cerca del templo de Taposiris Magna.

El descubrimiento, liderado por la arqueóloga Kathleen Martínez y con exploraciones submarinas dirigidas por Bob Ballard, reveló columnas, suelos pavimentados y anclas que confirman que ese enclave fue un importante centro marítimo en época ptolemaica. Hasta ahora se pensaba que el templo tenía un papel principalmente religioso, pero el puerto cambia por completo su relevancia estratégica.

Este hallazgo refuerza la teoría de que Cleopatra pudo elegir este lugar, y no Alejandría, para su tumba. No hay respuestas definitivas aún, pero la historia ya no se puede contar igual sin este nuevo escenario bajo el Mediterráneo.

3. Los naufragios de Guadalcanal que devolvieron rostro humano a la guerra

El tercer gran descubrimiento de 2025 no pertenece a la Antigüedad, pero sí ha sacudido nuestra forma de entender el pasado reciente. En Iron Bottom Sound, frente a las Islas Salomón, una expedición submarina localizó y documentó varios barcos hundidos durante la batalla de Guadalcanal, uno de los episodios más brutales de la Segunda Guerra Mundial.

Algunos de estos pecios no habían sido observados desde los años cuarenta. Entre ellos, el destructor japonés Teruzuki, restos del U.S.S. New Orleans y el crucero australiano HMAS Canberra. Gracias a vehículos operados remotamente, los investigadores pudieron estudiar daños, posiciones y restos estructurales con una precisión nunca vista.

Más allá del interés militar o tecnológico, el hallazgo devuelve una dimensión humana al conflicto: más de 27.000 personas murieron en esa campaña. Los barcos, convertidos hoy en cementerios submarinos, son también memoriales silenciosos que obligan a mirar la historia sin épica.

03 Enero 2026, 12:15

A nadie le amarga un dulce, por Europa: los 5 postres más queridos en todo Estonia

La repostería estonia es puro arte, tradición y sabor en cada uno de estos bocados

A nadie le amarga un dulce, por Europa: los 5 postres más queridos en todo Macedonia del Norte

Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente, Estonia juega en otra liga. Su historia culinaria, marcada por el clima del norte y una cocina de base sencilla, explica por qué los postres de Estonia apuestan por recetas honestas y sabores reconocibles. Entre lácteos, cereales y frutas del bosque, estos cinco clásicos abren la puerta a un universo donde el dulce acompaña sin imponerse.

En este recorrido por la repostería estonia asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: el kama, el kringel o los vastlakukkel, dulces que han cruzado fronteras sin perder su carácter cotidiano. Estonia puede dividirse por regiones o estaciones muy marcadas, pero hay algo que la mantiene unida: su manera tranquila de entender el postre como parte del día a día.

1. Kama

Uno de los productos más representativos del país. Es una mezcla de harinas tostadas de distintos cereales que se consume mezclada con yogur, leche o kéfir. Más que un postre elaborado, es una preparación tradicional muy presente en hogares estonios.

2. Vastlakukkel

Un bollo relleno de nata, típico del carnaval. Se consume antes del inicio de la Cuaresma y es uno de los dulces más esperados del año. Su textura esponjosa y su relleno sencillo lo hacen muy popular.

3. Kringel

Un pan dulce trenzado, aromatizado con canela y, a veces, relleno de frutos secos o pasas. Se sirve en celebraciones y reuniones familiares y es uno de los dulces más reconocibles de la repostería estonia.

4. Kohuke

Un pequeño dulce elaborado con requesón cubierto de chocolate. Se consume frío y es muy habitual como postre rápido o tentempié. Forma parte del día a día, especialmente entre los más jóvenes.

5. Kissell

Un postre espeso elaborado a partir de frutas del bosque, agua y almidón. Se sirve frío o templado y tiene una textura entre bebida y crema. Es tradicional y muy ligado a la cocina casera.

03 Enero 2026, 12:15

¿Un café con sal después de una noche de fiesta verdaderamente sirve?

La ciencia es bastante clara: no es la solución milagro que te han contado

Los 5 lugares del mundo para los amantes del café: de dónde proviene esta maravilla en grano

Después de una noche larga, cuando el cuerpo pasa factura y la cabeza va por libre, siempre aparece alguien con un remedio infalible. Esta vez le ha tocado al café con sal, una mezcla que circula desde hace años como supuesto antídoto contra la resaca o como forma de “espabilar” a quien se ha pasado de rosca. La pregunta es sencilla: ¿funciona de verdad o es otro mito de barra de bar?

La respuesta corta: no. La larga, vamos a verla con calma.

Lo que dice la ciencia (y lo que no)

Para empezar, no existen estudios científicos que avalen que mezclar café con sal cure la resaca, acelere la recuperación o neutralice los efectos del alcohol. No hay ensayos clínicos, no hay evidencias sólidas y no hay consenso médico que respalde esta práctica.

Y no es por falta de interés. La resaca lleva décadas siendo objeto de estudio, precisamente porque es un problema común, incómodo y con impacto real en la salud y el rendimiento. El resultado sigue siendo el mismo: no hay una cura milagrosa.

Café y alcohol: una mala pareja

El café, por sí solo, no es un gran aliado del día después. Aunque la cafeína pueda darte una falsa sensación de “estar mejor”, en realidad no soluciona los mecanismos de la resaca.

– Puede irritar la mucosa gástrica, algo poco recomendable cuando el estómago ya viene tocado.

– Tiene efecto diurético y laxante, lo que puede empeorar la deshidratación provocada por el alcohol.

– No reduce el dolor de cabeza ni la inflamación sistémica asociada a la resaca.

Es decir, puede ayudarte a abrir los ojos, pero no a arreglar lo que realmente está pasando en tu cuerpo.

¿Y la sal? Tampoco es la salvación

La idea de añadir sal suele justificarse por la pérdida de electrolitos. El problema es que un consumo elevado de sal no es inocuo y, según la Organización Mundial de la Salud, superar los 5 gramos diarios no es recomendable.

Alcohol y sal en exceso comparten algo poco deseable: empeoran la tensión arterial. Sumarlos sin control no solo no cura la resaca, sino que puede añadir otro problema a la ecuación.

No es porque la ciencia no lo haya intentado. Grupos de investigación especializados llevan más de una década estudiando cómo afecta el alcohol al organismo, tanto a corto como a largo plazo, y si existe alguna forma segura y efectiva de contrarrestar sus efectos.

El problema es que la resaca no es una sola cosa: es deshidratación, inflamación, alteraciones hormonales, estrés oxidativo y cambios en el sistema nervioso. Pretender arreglar todo eso con una bebida —y encima con café y sal— es, siendo honestos, bastante optimista.

Entonces… ¿qué funciona?

La respuesta no es popular, pero es clara:

  • Beber menos alcohol (la ingesta de alcohol no es nada saludable)
  • Hidratarse bien antes, durante y después.
  • Comer, dormir y darle tiempo al cuerpo para recuperarse.

No hay atajos. Y como siempre conviene recordar, ningún consumo de alcohol es saludable, por moderado que parezca.

Así que no: el café con sal no es el truco que te va a salvar la mañana. A lo sumo, te dejará un sabor raro en la boca y la sensación de haber caído otra vez en una promesa que sonaba demasiado bien para ser verdad.

03 Enero 2026, 12:15
El brote ha afectado a la residencia del Hospital de la Santa Caridad Leer
03 Enero 2026, 12:15

EEUU diseñó tres escenarios para la caída de Maduro hace seis años y ninguno terminaba bien para Venezuela

La anterior administración de Trump simuló en un estudio estratégico las consecuencias de un posible derrocamiento del presidente venezolano en diferentes circunstancias: sus conclusiones señalaban el riesgo de una espiral de violencia, caos y represalias en el país

Trump asegura que EEUU ha capturado a Maduro tras bombardear Venezuela

Una revuelta popular masiva termina con Nicolás Maduro, pero el Ejército venezolano sale a las calles y apunta con sus armas a los civiles que lo han hecho.

Un golpe de palacio envía al líder venezolano al exilio, lo que desencadena una cruenta lucha por el poder entre los miembros de su régimen fracturado. 

Estados Unidos auspicia un ataque contra la cúpula del poder del presidente y Maduro o un aliado clave es asesinado. Mientras soldados extranjeros toman el control de Caracas y de los principales aeropuertos y puertos, los insurgentes de izquierdas refuerzan su control sobre las zonas del interior del país, ricas en minerales, y los leales al Gobierno lanzan ataques de guerrilla contra refinerías de petróleo y oleoductos.

Hace seis años, el Gobierno de Estados Unidos contempló estos tres escenarios, durante unas simulaciones diseñadas para predecir cómo sería una Venezuela si Maduro era derrocado por un levantamiento, una revolución auspiciada por su círculo o un ataque ausipiciado por Washington, como el que ha acabado teniendo lugar en la madrugada de este sábado. Ninguno de los tres escenarios terminaba bien para el país.

“Se produciría un caos prolongado... sin una salida clara”, afirmaba hace unas semanas Douglas Farah, experto en América Latina cuya consultora de seguridad nacional participó en ese estudio estratégico de 2019, durante la primera administración de Trump.

“¿Dónde demonios nos estamos metiendo?”

En las tres simulaciones, planteadas en sesiones de análisis, la agitación causaría un nuevo éxodo de refugiados a través de las fronteras de Venezuela con Colombia y Brasil, ya que los ciudadanos huirían de los enfrentamientos entre grupos rebeldes rivales u ocupantes extranjeros y tropas leales.

“Todos los que se enfrentan a este problema [esperan] que se pueda agitar una varita mágica y tener un nuevo gobierno [en Venezuela]”, dice Farah. “Creo que la razón por la que no ha sucedido hasta ahora es porque los actores implicados se sentaron y pensaron: 'Un momento. ¿Dónde demonios nos estamos metiendo?”.

Pese a esos análisis, los opositores venezolanos que han intentado hasta ahora poner fin a los 12 años de gobierno de Maduro rechazaban que su caída sumiría inevitablemente al país en una vorágine de derramamiento de sangre y represalias. María Corina Machado, que recogió hace unas semanas el premio Nobel de la Paz y lidera el movimiento político que se autoproclamó vencedor de las elecciones presidenciales de 2024, calificaba de “totalmente infundadas” las afirmaciones de que la salida de Maduro podría sumir a Venezuela en una violencia similar a la guerra civil de Siria. “Venezuela es un país con una larga cultura democrática y una sociedad decidida a recuperar esa democracia”, dijo a The Guardian desde Oslo, tras salir de su país para recibir el Nobel.

Miguel Pizarro, otro líder de la oposición, también rechazaba hace unas semanas que Venezuela esté condenada a convertirse en una versión sudamericana de Irak, Libia o Haití en el supuesto de que Maduro fuera derrocado. “La verdad es que los venezolanos tomaron su decisión [en las elecciones de 2024]... fue el mayor consenso social que ha habido nunca en Venezuela”, afirmaba sobre el riesgo de caos en el país antes del ataque de EEUU registrado este sábado.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y la primera dama, Cilia Flores, en una imagen de archivo
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y la primera dama, Cilia Flores, en una imagen de archivo

Los riesgos

Los aliados del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha pasado los últimos meses hasta el ataque a gran escala de este sábado aumentando la presión sobre Maduro con un despliegue militar masivo, ataques mortales contra barcos en el Caribe que supuestamente transportaban droga y la incautación de petroleros, también minimizan los peligros de una posible intervención estadounidense.

Sin embargo, muchos expertos y diplomáticos latinoamericanos se mostraban escépticos sobre la posibilidad de que las cosas salgan bien, independientemente de cómo se produciera la destitución de Maduro.

Si se desplegaran soldados extranjeros, aseguraba Farah, probablemente podrían tomar el control de las grandes ciudades y de infraestructuras como puertos y aeropuertos. Sin embargo, se enfrentarían a la posibilidad de ataques asimétricos por parte de los partidarios del Gobierno o de los rebeldes colombianos, incluido el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los miembros disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y a una batalla prolongada para recuperar el control de las regiones mineras de oro que ya están bajo la influencia del ELN.

Un golpe de Estado podría dejar “un vacío de poder enorme”, con actores armados rivales luchando por ocupar el lugar de Maduro. “Podría haber cuatro personas diferentes diciendo: 'Bueno, ahora estoy al mando”, dice Farah. “[Derrotarlos es] una propuesta a largo plazo que requeriría mucho dinero, muchos soldados y muertos”, alertaba Farah.

Pase lo que pase, Farah consideraba que la Venezuela post-Maduro probablemente sería “un desastre enorme que duraría bastante tiempo”. “Nada de esto se va a resolver en tres semanas. Estamos hablando de años”, dice.

Farah no es el único observador que teme que un cambio político repentino pueda tener consecuencias nefastas para el país sudamericano rico en petróleo.

A comienzos de diciembre, el principal asesor de política exterior del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió de que la agitación en Venezuela podría transformar la región en una “zona de guerra” como ocurrió en Vietnam.

Juan González, máximo responsable de América Latina de la Casa Blanca durante la presidencia de Joe Biden, también teme la posibilidad de represalias violentas. González aseguraba hace unas semanas a The Guardian que derrocar a Maduro no implica necesariamente que la situación mejore en Venezuela. “De hecho, podría empeorar”, advierte, reflexionando sobre lo que podría suceder si un partidario de la línea dura, como el ministro del Interior Diosdado Cabello, que dirige las represivas fuerzas de seguridad de Venezuela, sucediera a Maduro.

Por su parte, Farah cree que un acuerdo temporal de reparto del poder podría ser una forma de evitar la “fractura masiva” de Venezuela entre facciones rivales. Sin embargo, señala el experto, para que eso ocurriera, sería necesario tomar decisiones difíciles, entre ellas posiblemente dejar en libertad a “personas que han vulnerado de forma masiva y repetida los derechos humanos”.

Si la situación de seguridad se descontrola tras la captura de Maduro, Farah teme que Washington se vea tentado a contratar a grupos mercenarios y contratistas militares privados, en lugar de desplegar soldados en el terreno.

“[Eso] te acerca a un escenario similar al de Irak, en el que múltiples grupos no estatales llevan a cabo acciones simultáneas sobre el terreno sin que nadie tenga el control”, advierte Farah. “Si la situación se tuerce, esa es una de las opciones que barajarán”, predice. “Y eso sería muy perjudicial”.

Este texto es una adaptación actualizada del original publicado en The Guardian el 14 de diciembre. Fue traducido por Emma Reverter.

03 Enero 2026, 12:15
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03 Enero 2026, 12:15
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03 Enero 2026, 12:15
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03 Enero 2026, 12:15
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03 Enero 2026, 12:15
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03 Enero 2026, 12:15
El presidente de Venezuela, detenido y sacado del país según Trump, no estaba dispuesto a llegar a ningún acuerdo con Estados Unidos
03 Enero 2026, 12:15
Los ataques se han producido cerca de objetivos militares y aeropuertos. El Gobierno venezolano decreta el estado de emergencia
03 Enero 2026, 12:15
El ministro de Interior venezolano, tras el ataque estadounidense: “Estamos desplegados. Confíen en nosotros” | La vicepresidenta venezolana asegura que no conoce el paradero del mandatario y pide “pruebas de vida”
03 Enero 2026, 12:15
En su segunda presidencia, Trump ya ha bombardeado a siete países, con propósitos tan variados como la exhibición de fuerza, la venganza o avidez por los recursos ajenos
03 Enero 2026, 08:15

Javier Rotaeche, el 'sembrador' de Ramales de la Victoria

Javier Rotaeche Mosquera, primer alcalde de la democracia de Ramales de la Victoria e hijo adoptivo del municipio, comparte uno de esos legados inabarcables. Esta es la historia de un hombre de energía infinita que ha sembrado concordia y cultura en cada uno de sus gestos

Es casi imposible hablar del Ramales de la Victoria que conocemos actualmente sin nombrar a Javier Rotaeche. Casi todos los mimbres del hoy los ha ido construyendo, impulsando o cuidando este hombre a lo largo de sus 86 años de vida muy vivida.

Es recordado por ser el primer alcalde de la democracia en el municipio, pero lo cierto es que desde que este santanderino de nacimiento llegó a Ramales de la Victoria, a principios de los años 60 del siglo pasado, se volcó en todo lo que tuviera que ver con la vida del pueblo: desde organizar bailes hasta arreglar, durante años, el emisor de la antena de televisión. Fue fundador y presidente de la Asociación de Padres y Alumnos del colegio Príncipe de Asturias y su empeño, sumado a la energía de muchas familias, convirtió el colegio en un centro vivo, un lugar donde aprender era también participar.

Ese impulso por mejorar la vida colectiva lo llevó también a cofundar y presidir la Asociación de Vecinos de Ramales de la Victoria, convencido de que “no se trataba de hacer guerras, sino cosas buenas para el pueblo”. Cuidó de la Banda Municipal y fundó la Rondalla San Pedro Apóstol, ha estimulado el amor por el ajedrez en varias generaciones y ha sido un pilar importante en la promoción del envejecimiento participativo. De hecho, mucho antes de que existiera la Asociación de Jubilados, un pequeño grupo de vecinos —entre ellos, Javier— puso en marcha el Aula de la Tercera Edad. Al principio todo era sencillo y muy práctico: repartían cestas de comida, organizaban juegos de mesa, charlas-coloquio y excursiones que ofrecían un respiro a las personas mayores del valle. Era una forma de acompañar, de no dejar a nadie atrás.

Más tarde, con la colaboración de Modesto Chato de los Bueys, fundador de UNATE, aquel proyecto fue tomando forma hasta convertirse en un espacio pionero de encuentro y aprendizaje que con los años evolucionó en el actual Centro Cultural de Mayores. Cuando en 2002 se constituyó la Asociación de Jubilados de Ramales de la Victoria, Javier se incorporó poco después, en 2008, ocupando distintos cargos y llegando a ejercer durante quince años como secretario. Era una forma más —una de tantas— de seguir sosteniendo la comunidad que había ayudado a tejer.

El compromiso de Javier con el bienestar de los demás no se detuvo ahí. Durante casi una década fue coordinador de Cáritas Diocesana en Ramales, acompañando a decenas de familias en situaciones de necesidad. “Todo, desde ropa y comida hasta la luz o el agua”, recuerda. Su papel consistía en escuchar, orientar y gestionar recursos, siempre con discreción y respeto. Esa labor social convivió con otra que venía de lejos: la de ayudar a enfermos y personas mayores del valle.

Mucho antes de tener cualquier cargo oficial, Javier ya utilizaba su propio coche para trasladar a quienes necesitaban llegar al médico o a una consulta en el Hospital de Valdecilla. Era un gesto cotidiano, pero crucial para muchos vecinos en una época en la que casi no había vehículos. Con el tiempo logró financiación para que Ramales de la Victoria dispusiera de dos ambulancias. Su casa —como antes lo fue la de sus padres en Santander— permaneció siempre abierta a quien necesitara un techo, un recado o una mano.

Javier Rotaeche Mosquera nació en el número 21 de la calle Peña Herbosa (Santander) el 4 de febrero de 1939, cuando la ciudad aún despertaba entre silencios tras la Guerra de España. Era el sexto de siete hermanos, hijo de Venancio Rotaeche Fernández, mecánico de oficio, y de Justa Mosquera López, mujer tenaz que recorría las calles del Barrio Pesquero vendiendo pescado con el carpancho en la cabeza, antes de establecer su propio puesto en la plaza de La Esperanza.

En aquella casa pequeña, donde el olor a hierro y a mar se mezclaban con el de los guisos humildes, aprendió dos herencias que lo acompañarían toda la vida: la fe inquebrantable de su madre —devota de la Virgen del Carmen— y la ética del trabajo de su padre, que resumía el oficio y la vida en una misma frase: “Era un buen mecánico, pero mejor persona”. A su lado estuvo también María, una mujer de Sobremazas que trabajó como sirvienta en la casa y a la que reconoce como “segunda madre”. Se quedó con él hasta su matrimonio, una compañía serena, hecha de pequeñas pero grandes atenciones, sosteniendo una casa sin pedir palabras.

Su infancia estuvo atravesada por la dureza de los años 40. En el Barrio Pesquero veía zarpar a los hombres de la familia hacia la mar, en un tiempo en que un viaje podía torcerse para siempre. Dos de sus hermanos murieron lejos de casa: uno, en el petrolero Bonifaz, embestido por un buque francés frente al cabo Finisterre; otro, enfermo tras una travesía. Aquellas pérdidas tempranas quedaron grabadas en el imaginario familiar.

Recuerda las colas del racionamiento, el bacalao duro envuelto en papel, los pasos apresurados de su madre al amanecer, la cesta al hombro, la economía de cada gesto. Y aun así, el recuerdo que emerge con más claridad es el de una casa unida, donde la educación y el respeto sostenían la vida diaria. En medio de la escasez, había una dignidad silenciosa, un orden moral firme, una confianza profunda en el trabajo y en la comunidad.

Estudió en el colegio San Martín, en la calle Canalejas, donde se formó con los hermanos de La Salle hasta los 14 años. Aquel centro, dirigido entonces por don Daniel García, fue para él una puerta abierta al mundo: allí aprendió francés, taquigrafía y ajedrez, habilidades que ampliaron su mirada y despertaron una curiosidad nueva. Recuerda con afecto la urbanidad que se respiraba en las aulas, una educación cívica sencilla, pero bien asentada. “Religión había la justa”, dice, evocando su primera comunión, que vivió como un día especial: la celebró junto al obispo José Eguino y Trecu en la iglesia de San José Obrero, en la calle Tetuán.

Su pertenencia a la Congregación del Niño Jesús reforzó esa mirada humanista y espiritual que lo acompañaría siempre, una educación en la fe y en la responsabilidad hacia los demás. También en su familia encontraba ejemplos cercanos: una de sus tías, catequista en Cáritas, dedicaba horas a repartir comida entre quienes más lo necesitaban. Ese gesto cotidiano de servicio —sin estridencias, sin esperar nada a cambio— quedó grabado en él.

Eran años en los que también jugaba al fútbol, cuando el barrio servía de campo. En medio de aquella vida sencilla fueron tomando forma las aficiones que lo acompañarían siempre: el ajedrez, el teatro, la lectura, la curiosidad por todo lo que tuviera que ver con la cultura. Recuerda la vitalidad de aquellas calles y cómo, en San Celedonio, llegó a organizar excursiones a Colindres, Laredo y otros pueblos cercanos, pequeñas salidas que agrandaban el mundo.

Muy joven empezó a trabajar junto a su padre en el segundo taller familiar, el que abrieron en San Fernando, frente al antiguo cine Pereda —el primero había estado en la calle San José—. “Fue un buen maestro, compañero y padre”, reconoce. En la posguerra, la mecánica era un oficio de ingenio más que de piezas nuevas y Javier destacaba por su destreza y por una curiosidad que no se apagaba nunca. En esos mismos años obtuvo el carné de conducir, recién cumplidos los 18, un logro que le abrió nuevas posibilidades en un país que empezaba a moverse de otra manera.

Aquel mundo de llaves inglesas, grasa y olor a gasolina fue su verdadera escuela. Con 20 años decidió ofrecerse voluntario para el servicio militar y se alistó en el cuartel ABQ del Alta, en Santander. Tras 20 días de instrucción juró bandera —“cuatro veces”, recuerda con una mezcla de humor y precisión— y fue destinado como chófer durante casi un año. Condujo para altos mandos del ejército, entre ellos el general Luis Suanzes París y el general Julio Oslé Carbonell. Su buen hacer lo llevó a recibir una propuesta de traslado a Madrid para “militarizarse” y ponerse al servicio de altos cargos, pero él tenía otros planes: quedarse en Santander, cerca de su padre, a quien sentía que todavía debía mucho. Y después, quizá, si la vida lo permitía, probar suerte en México.

Terminada la mili, regresó al taller familiar, aunque la vida pronto le abrió otro camino. Un indiano afincado en México, propietario del edificio Bahía de Santander, lo contrató como chófer para realizar un viaje a Madrid con destino a Ogarrio (Ruesga). Lo que iba a ser un servicio puntual se convirtió en tres meses de trabajo, una etapa intensa que le enseñó otro ritmo de mundo. Y fue precisamente entonces cuando se cruzó con una joven de Ruesga, Dulce María Zubillaga Trueba. “La vi con un delantal rojo, recogiendo leche en el puesto de Nestlé”, recuerda. Esa imagen quedó grabada como el inicio de todo: de su historia compartida y de su arraigo definitivo en Ramales de la Victoria.

Tras unos meses de noviazgo, el amor lo llevó a instalarse allí y, pese a la escasez de coches, a abrir su propio negocio: un taller en la calle Salvador Pereda. Se casaron el día del Pilar de 1963, en la iglesia de San Miguel de Ogarrio. Celebraron en el Hostal Río Asón y viajaron a Madrid en una luna de miel que él recuerda con la mezcla justa de emoción y vértigo. Al año siguiente nació su primer hijo, Francisco Javier; después llegarían Dulce María, Rocío, Luis Alberto, Juan Carlos, José María, Verónica y Santiago. Con ellos, y con Dulce María siempre a su lado, construyeron su hogar definitivo en Ramales de la Victoria.

Durante los años 60 y 70, Javier alternó su trabajo como mecánico con el de comercial de vehículos Citroën y de maquinaria. Hacía portes, recorría kilómetros para atender encargos y, aun así, cada viernes estaba de vuelta en casa. Tenía claro que sus hijos debían estudiar: “Siempre los llevé a colegios públicos —dice— y estuve implicado en su educación”. Fue fundador y presidente de la Asociación de Padres y Alumnos del colegio Príncipe de Asturias. Tenía la convicción —sencilla, firme— de que la educación debía desbordar el aula. Bajo su impulso se organizaron charlas, talleres de cerámica, conferencias de especialistas, excursiones a las cuevas de Altamira o a Santo Toribio de Liébana.

En 1979 fue elegido primer alcalde democrático de Ramales de la Victoria. Se presentó como independiente dentro de la candidatura del PRC, guiado por un propósito sencillo —“ser un alcalde del pueblo, para el pueblo”— y por una ética tan firme que nunca cobró sueldo: “Mi conciencia no me lo permitía”. Su mandato, entre el 17 de abril de 1979 y el 8 de mayo de 1983, coincidió con un tiempo de reconstrucción democrática y de urgencias cotidianas. Impulsó la construcción de varias pistas polideportivas, la mejora de carreteras, el abastecimiento de agua, el saneamiento y la promoción de 120 nuevas viviendas y 40 establecimientos. También se volcaron esfuerzos en los colegios Rosario Pereda y Príncipe de Asturias, en la organización de talleres y conferencias, y en un calendario cultural y deportivo que empezaba a dar forma a un Ramales de la Victoria más vivo.

Apostó por el deporte —en especial por el fútbol femenino, que entonces tenía poca visibilidad—, por la cultura y por las fiestas y verbenas que devolvieron música y movimiento a la plaza. La Verbena del Mantón, los conciertos y las actuaciones fueron parte de esa recuperación del pulso comunitario. “He pasado momentos duros, pero lo hice con amor y con fe en la gente”, solía resumir. Su gestión fue reconocida por el vecindario, y él mismo decía que lo que más valoraba de aquellos años era la amistad sincera del pueblo. En el informe con el que cerró su etapa escribió que se marchaba con “paz de espíritu total y la plena satisfacción del deber cumplido”, y dejó un deseo para el municipio que había marcado su vida: “unidad, prosperidad y felicidad”.

Si algo describe a Javier es que ha sido siempre un dinamizador incansable. A finales de los años 70, además de cuidar la Banda de Música, impulsó la creación de la Rondalla San Pedro Apóstol, dirigida por Jesús Calvo. Aquella rondalla, hoy con más de cuatro décadas de historia, permitió que muchos jóvenes llevaran música por distintas localidades de Cantabria. Durante esos años también organizó torneos de ajedrez, se implicó en homenajes —como el dedicado a Jacinto Gutiérrez Pérez—, y promovió conferencias sobre salud y cultura. Para él, toda actividad tenía un propósito: educar, acompañar, abrir horizontes. Su vocación pedagógica se mantuvo intacta en cada proyecto; veía en ellos un modo de sembrar futuro.

En 2015 fundó el Club de Ajedrez Alto Asón, donde llegó a dar clase a más de 80 niños y niñas cada semana. “Aprendo más de ellos que ellos de mí”, confiesa. A día de hoy sigue acudiendo al colegio de Ramales de la Victoria, movido por esa mezcla de paciencia, curiosidad y afecto que siempre ha caracterizado su forma de estar con la infancia. Lo que en un principio nació como un grupo de amigos jugando a las cartas acabó convirtiéndose en un movimiento que cambió la vida comunitaria del valle.

Entre los recuerdos que conserva con mayor orgullo hay uno que no habla de él, sino de su hijo mayor, Javier Rotaeche Zubillaga, nombrado Hijo Adoptivo de Ramales de la Victoria en 2017. Vivió aquel reconocimiento como una alegría profunda, un honor que sentía compartido por toda la familia.

Seis años más tarde, en marzo de 2023, el propio Javier Rotaeche Mosquera recibiría la misma distinción. El Ayuntamiento, con su alcalde César García García al frente, le otorgó la medalla de Hijo Adoptivo del municipio por más de 58 años de servicio público. Se reconocían así “su contribución al desarrollo del municipio, la defensa de la democracia, la promoción de la cultura y la difusión de una sociedad justa y equitativa”. Rodeado de su familia, resumió su sentir con una frase sencilla: “Estoy orgulloso de haber trabajado siempre por los demás sin pedir nada a cambio”. Una frase sencilla, pero que contiene la esencia de toda su filosofía de vida.

A los 74 años cerró el taller. Fue una despedida tranquila: quedaba atrás el trabajo de toda una vida y también el recuerdo del apoyo constante de su familia en los años más intensos del oficio. Hoy, ya jubilado, con más de 60 años de trabajo a sus espaldas, Javier vive entre la calma y la memoria, acompañado de Dulce María, su compañera de siempre. Con ella ha celebrado cuatro veces el “sí quiero” —boda, plata, oro y diamantes—, una manera de decir que el compromiso también puede renovarse con los años. Le agradece todo: la crianza, el cuidado del hogar, la constancia silenciosa con la que sostuvo a la familia. Ella convive ahora con la artrosis; él, con el párkinson, después de haber superado un cáncer de garganta. Ambos siguen adelante con una serenidad que sorprende: “Tengo fe —dice—. Me levanto cada día y pienso que tengo 40 años”.

Agradece lo vivido, consciente de la fragilidad del tiempo y del peso de cada decisión. Habla con afecto de su familia —incluida la última generación: seis nietos y una nieta—, de las amistades, del vecindario de Ramales de la Victoria y, en especial, de esa “segunda familia” que siempre encontró en Maruja, Pepe y sus seis hijos. También del alumnado de ajedrez, que ocupa buena parte de sus días.

Y cuando mira atrás, vuelve al amor que siente por Santander y por todas las personas que guarda en su memoria. En esa mirada encuentra la enseñanza temprana de su padre, el mecánico de Puertochico: que el trabajo bien hecho, acompañado de bondad, es, al final, el legado que merece la pena dejar. “Siembra felicidad y recogerás humanidad”, declara como lema.