03 Marzo 2026, 08:15 
EEUU e Israel han decapitado el sistema, pero sigue funcionando (por ahora) y la historia dice que solo una campaña de bombardeos aéreos no suele acabar en cambio de régimen efectivo
Boletín - Cada martes enviamos a tu correo el análisis de la semana internacional de Javier Biosca
A estas alturas ya sabrás que esta guerra ilegal iniciada por EEUU e Israel contra Irán tiene un objetivo claro: cambio de régimen. El plan, detallado abiertamente por sus ideólogos, es el siguiente: descabezar a la cúpula política y militar y, después, pedir al pueblo iraní, brutalmente masacrado en las protestas del mes pasado, que vuelva a salir a tomar las calles y el poder.
El sábado por la mañana, en las primeras horas del ataque militar, me extrañó mucho la similitud y aparente coordinación en los mensajes de Donald Trump, Benjamín Netanyahu e incluso Reza Pahlavi, hijo del viejo rey absolutista de Irán, que intenta tomar posiciones para liderar una hipotética transición:
Trump: “Al pueblo de Irán, la hora de vuestra libertad está cerca. Manténganse a cubierto, no salgan de casa, es muy peligroso. Las bombas caerán en todos lados. Cuando terminemos, tomen el Gobierno. Probablemente sea su única oportunidad en generaciones”
Netanyahu: “Nuestra acción conjunta creará las condiciones para que el valiente pueblo iraní tome las riendas de su propio destino. Ha llegado el momento de que todos los segmentos del pueblo iraní se liberen del yugo de la tiranía y construyan un Irán libre y pacífico”.
Reza Pahlavi: “La ayuda que el presidente de los Estados Unidos prometió al valiente pueblo de Irán ya ha llegado. Somos nosotros, el pueblo iraní, quienes terminaremos el trabajo en esta batalla final. Estén atentos y preparados para volver a las calles para el empujón final, en el momento que yo especificaré con precisión”.
Diseñado para sobrevivir
“Desde fuera, todo el mundo se enfoca en lo que representaba el líder supremo, Ali Jamenei, que es una figura que no solo lideraba el sistema, sino que incluso definía el carácter del sistema, pero eso no lo convierte en un régimen personalista clásico”, me dice Samuele C. Abrami, investigador de CIDOB especializado en Irán. “Es un sistema revolucionario que ha invertido décadas en construir mecanismos de resiliencia interna y externa frente a estos tipos de shock”, añade.
“Aunque muchas funciones del régimen convergen alrededor del ayatolá, el poder está distribuido en instituciones religiosas, militares y políticas y cada una de estas facciones tiene sus propios intereses y recursos. Desde Occidente, por ejemplo, siempre miramos a la Guardia Revolucionaria como un grupo terrorista y nada más, pero también es un instrumento de influencia política que paga el salario de más del 20% de la población iraní”, explica Abrami.
Esa red de instituciones que se solapan unas a otras —líder supremo, presidente, Parlamento, Consejo de Guardianes, Ejército, Guardia Revolucionaria…— dificulta que una sola figura pueda desmantelar el sistema desde dentro.
Un posible escenario es que hubiera una fragmentación en las fuerzas de seguridad, aunque no es probable, pero eso es lo que podría traer el cambio. Es un régimen muy unificado
David Petraeus — exdirector de la CIA
EEUU e Israel han matado a decenas de altos cargos del régimen en esta nueva campaña, pero este sigue respondiendo con lanzamiento de misiles por toda la región. Vali Nasr, analista y autor de La gran estrategia iraní, lo explicaba el domingo en la CNN: “Desde el ataque de junio [guerra de los 12 días], el líder supremo y el sistema han distribuido aún más el poder de forma que la decapitación no funciona del mismo modo que en otros países. Incluso lo vimos en junio, cuando Israel mató a 30 comandantes de la Guardia Revolucionaria y aun así Irán fue capaz de lanzar misiles y combatir. Y lo estamos viendo ahora: puedes matar a la cúpula, pero el sistema está construido para funcionar. Desde su nacimiento, la República Islámica fue diseñada para sobrevivir, no para ser popular”.
“Irán funciona sobre la base de un Estado profundo. Un conjunto de burócratas, clérigos, hombres de Estado y comandantes militares y de la Guardia Revolucionaria basándose en esa red de autoridad y poder independiente del líder supremo, quien sirve de guía. El líder supremo no dirigía el país en el día a día, sino que era el Estado profundo”, decía Nasr. “EEUU e Israel se enfrentan a ese Estado profundo y, tras esta campaña de choque y pavor, es mucho más difícil derrotar a un enemigo que no tiene un rostro claro y que no sabes exactamente cómo funciona. Tienen que destruir sistemas más que matar a personas; y eso es mucho más difícil”.
El rostro más visible de ese sistema sin rostro es Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. El ayatolá Alí Jamenei le encargó la misión de la supervivencia del régimen tras las protestas masivas de enero, según publicaba Farnaz Fassihi en una pieza buenísima del New York Times con entrevistas con diplomáticos, miembros de la guardia revolucionaria e incluso una persona de la oficina del líder supremo asesinado. Larijani supervisaba las negociaciones y estuvo al mando de la brutal represión de los manifestantes.
Todas las fuentes de la periodista decían en la pieza, previa al inicio del ataque contra Irán, que Jamenei había ordenado a Larijani y a otros pocos asegurar la supervivencia del sistema incluso en caso de asesinato del propio ayatolá. Jamenei había ordenado cuatro capas de sucesión para cada puesto de mando militar y cargos de Gobierno y había nombrado un grupo para tomar decisiones en caso de que desapareciese. “Está distribuyendo el poder y preparando al Estado para el próximo gran acontecimiento, tanto la sucesión como la guerra, consciente de que la sucesión puede ser consecuencia de la guerra”, decía entonces Vali Nasr.
Consecuencias del aislamiento
Que el ayatolá dejase todo planeado y que la descentralización del sistema favorezca paradójicamente su unión y supervivencia no significa que vaya a funcionar. Está por ver si Irán puede resistir semanas de bombardeos, tal y como ha afirmado Trump. Así como si su capacidad de respuesta se puede mantener. Sus ataques contra países vecinos también lo han dejado aún más solo.
“El problema es que el régimen es ahora aún más solitario, un paria, y no existe un plan de salida viable para sus dirigentes. Eso lo convierte en un régimen que no tiene nada que perder”, me dice Abrami, augurando una lucha hasta el final. “Paralelamente, la respuesta sugiere que el objetivo se centra en la supervivencia, no en la victoria general. La respuesta está siendo calibrada. No son ataques masivos y aumentarlos no sería una estrategia sostenible”.
Desde su nacimiento, la República Islámica fue diseñada para sobrevivir, no para ser popular. Irán funciona sobre la base de un Estado profundo. Un conjunto de burócratas, clérigos, hombres de Estado y comandantes militares basándose en una red de poder independiente del líder supremo, quien sirve de guía
Vali Nasr — autor de 'La gran estrategia iraní'
“Según algunos datos, una expansión de un conflicto que dure más de una semana es problemático también para Israel y EEUU. Es un tema de capacidades militares. Parece que no estaban previendo una capacidad de respuesta tan fuerte”, señala el experto. Lo cierto es que Emiratos y Qatar ya piden a sus aliados buscar una salida diplomática en Irán ante el riesgo de quedarse sin munición antiaérea. “Por otro lado, parece que Irán no tiene capacidad para sostener o sobrevivir a una guerra que se prolongue demasiado. En cualquier caso, un cambio de régimen no vendrá por aumento de bombardeos en términos de cantidad”, añade Abrami.
En cuanto a la estrategia estadounidense e israelí para que la gente salga a la calle, Karim Sadjadpour, investigador del Carnegie Endowment for International Peace, explica: “La paradoja de las revoluciones es que, para ser viables, necesitan atraer a una masa crítica de personas. Pero una masa crítica de personas no se unirá a la revolución a menos que considere que es viable. Nadie quiere salir a la calle y ser masacrado; nadie quiere unirse a un equipo perdedor. Por lo tanto, la pregunta sigue siendo si las protestas volverán a surgir y si se multiplicarán. Mucho dependerá de cómo se sientan los iraníes. ¿Creen que el aparato represivo del régimen ha sido neutralizado? Estarán muy atentos”.
Los aviones no bastan
David Petraeus, exdirector de la CIA y jefe de las tropas estadounidenses durante la invasión de Irak durante varios años, coincide con esta idea: “Es muy difícil derribar un Gobierno [solo con una] operación aérea. Me gusta que vayamos contra las reservas de misiles, terminar lo que quedase del programa nuclear… pero si esto es cambio de régimen, eso es realmente muy difícil de conseguir”, decía en otras declaraciones a la CNN.
“Las manifestaciones, aunque han sido enormes, no tienen una organización y no hay líderes. Un posible escenario es que hubiera una fragmentación en las fuerzas de seguridad, aunque no es probable, pero eso es lo que podría traer el cambio. Es un régimen muy unificado”, explicaba. “No creo que pongamos ‘botas sobre el terreno’, no veo ningún tipo de operación a gran escala como la que lanzamos y de la que fui parte para derribar el régimen en Bagdad (invasión de Irak de 2003). Recordemos que no cayó por los bombardeos aéreos, sino porque las fuerzas terrestres estaban allí”.
Lo cierto es que ninguna campaña de bombardeos aéreos ha logrado, por si sola, un cambio de régimen efectivo. Lo dice Robert Pape, profesor de la Universidad de Chicago que ha analizado la efectividad de los bombardeos aéreos por todo el mundo durante décadas. “El poder aéreo es extraordinariamente eficaz para destruir infraestructuras y eliminar individuos. Sin embargo, es mucho menos fiable como herramienta para remodelar sistemas políticos. No ha habido ninguna operación de cambio de régimen llevada a cabo únicamente desde el aire que haya tenido éxito”, escribía esta semana. “Esto no significa que todas las campañas aéreas fracasen o que todos los regímenes sobrevivan sin cambios. Significa que cuando se utilizan ataques aéreos con el objetivo explícito de forzar el colapso político —y de forma aislada de las fuerzas terrestres para imponer el control político— los resultados suelen ser mucho menos deseables y mucho más peligrosos de lo que anticipan los atacantes”.
Tienes que ver...
Un simple accidente, película iraní de 2015 dirigida por Jafar Panahi y ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Panahi, tal y como contó mi compañero Javier Zurro, de la sección de Cultura, pudo salir de su país por primera vez en 15 años para recoger la Palma de Oro por la película. En 2010, Panahi fue condenado a seis años de prisión por “reunión y colusión contra la seguridad nacional” y por “propaganda contra el sistema”. Además, se le prohibió realizar películas, escribir guiones, viajar al extranjero y dar entrevistas a medios de comunicación.
Se saltó esa prohibición y grabó esta película en la clandestinidad que, precisamente, habla del miedo instaurado en Irán. El miedo a encontrarse con tu torturador, el miedo al ruido de una pierna que se arrastra y que te persigue de por vida. Lo hace a través de las víctimas del régimen que, por un golpe de suerte, tendrán la oportunidad de vengarse de uno de los perpetradores. La duda moral se centrará en el relato, ¿vengarse o perdonar?
Gracias por llegar hasta aquí.
¡Hasta la semana que viene!