25 Marzo 2026, 18:15 Hay algo profundamente tranquilizador en el hecho de que al mejor futbolista del planeta le duela una rodilla y le exploren la otra. Uno pensaba que el caos era patrimonio exclusivo de las clases trabajadoras, de la vida cotidiana del mileurista. Que solo nuestras prendas favoritas encogen y solo nuestros GPS de opción recomendada por Amazon nos dirigen de cabeza al pantano, pero resulta que no. La confusión también alcanza a los más privilegiados y, por extensión, a esos templos de la ciencia deportiva donde un ejército de batas blancas es capaz de perderse entre dos rodillas como quien se hace un lío entre babor y estribor. O entre arriba y abajo. Suerte que a Kylian Mbappé no le dolía un dedo del pie —o de la mano— porque eso hubiera multiplicado por 10 las posibilidades de errar con la articulación diagnosticada.