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Declarada Bien de Interés Cultural, esta fortaleza de un pueblo de Castellón poseía cuatro torreones y llegó a ocupar 5.000 metros cuadrados
Identificación fotográfica] 01 Enero 2026, 18:15

Declarada Bien de Interés Cultural, esta fortaleza de un pueblo de Castellón poseía cuatro torreones y llegó a ocupar 5.000 metros cuadrados

Los almohades diseñaron en Cervera del Maestre una fortaleza destinada a contener el avance de las tropas cristianas durante la reconquista

El castillo gótico que se irguió con más de 3.000.000 de ladrillos y es el más grande del mundo

En el corazón geográfico del Baix Maestrat, en la provincia de Castellón, persiste al paso del tiempo y coronando una loma que domina el paisaje la imponente silueta del castillo de Cervera del Maestre. Esta fortaleza, declarada Bien de Interés Cultural, no solo es un testimonio de la historia valenciana, sino también el vigía constante de una localidad que hoy habita a su regazo. Su presencia actual invita a un viaje por los siglos de luchas y transformaciones que definieron esta región estratégica, gracias al legado que ofrece un castillo que poseía cuatro torreones y llegó a ocupar 5.000 metros cuadrados y cuyos orígenes se remontan al siglo XII, cuando fue erigida como una fortaleza islámica sobre un antiguo asentamiento califal.

En aquel entonces, los almohades diseñaron el recinto como uno de esos castillos de frontera destinado a contener el avance de las tropas cristianas durante la reconquista. Su posición estratégica junto al llamado río Seco permitía un control efectivo del territorio circundante en una época de gran inestabilidad bélica y movimientos de tropas. Durante ese periodo, el castillo formó parte de una sólida línea defensiva que conectaba las plazas de Peñíscola, Xivert y Morella. Esta red de fortificaciones era vital para la protección del territorio frente a los ejércitos aragoneses que descendían desde el norte con el objetivo de expandir sus dominios. La importancia de Cervera era tal que incluso antes de su conquista definitiva por las armas, ya era objeto de transacciones políticas y territoriales entre la corona y las órdenes militares.

El castillo formó parte de una sólida línea defensiva que conectaba las plazas de Peñíscola, Xivert y Morella
El castillo formó parte de una sólida línea defensiva que conectaba las plazas de Peñíscola, Xivert y Morella

El cambio de soberanía ocurrió finalmente en 1233, cuando el rey Jaime I de Aragón se apoderó de la fortaleza. Tras la rendición de los pobladores musulmanes, la posesión del castillo pasó a manos de la Orden de Caballería de San Juan del Hospital. Esta orden militar no solo se encargó de la defensa física del enclave, sino que comenzó a organizar la vida administrativa y social de la zona bajo un modelo feudal bien definido. Un detalle histórico significativo es que la donación de la fortaleza a los hospitalarios se había pactado mucho antes de la entrada de Jaime I, concretamente en el año 1157. Al adelantar la concesión de Cervera de la Frontera, como se conocía entonces, los monarcas aragoneses se aseguraban el apoyo logístico y militar de la Orden del Hospital para futuras campañas en la taifa de Valencia. La ratificación oficial por parte del monarca se produjo en diciembre de 1235, consolidando definitivamente el dominio cristiano sobre el enclave.

La gestión de los nuevos territorios requirió la creación de documentos legales conocidos como Cartas Puebla, destinados a regular las relaciones entre los señores y la población. En el caso de Cervera, se emitieron varias de estas cartas entre 1233 y 1250, estableciendo contratos agrarios y obligaciones de defensa para los nuevos pobladores. Estos acuerdos permitieron asentar población tanto en el castillo como en la villa, atrayendo a habitantes que tenían la obligación de acudir al servicio de armas en caso de conflicto. Con la llegada del siglo XIV y tras la supresión de la orden del Temple, se produjo un cambio institucional profundo con la creación de la Orden de Santa María de Montesa en 1319. Cervera pasó a ser propiedad de esta nueva orden, convirtiéndose en el centro político y administrativo del Viejo Maestrazgo de Montesa durante los siglos XIV, XV y XVI. Bajo su mando, la fortaleza albergó dependencias tan relevantes como la capilla del priorato, el archivo y la residencia oficial del Maestre.

La relevancia de la fortaleza era tal que el territorio dependiente de ella se conoció como la Bailía de Cervera, agrupando a numerosas poblaciones vecinas como Sant Mateu, Traiguera y Càlig. Esta organización, bajo la denominada Mesa Maestral, es la que otorgó a la villa su denominación actual, Cervera del Maestre, para distinguirla de otros lugares. En su época de mayor esplendor, esta demarcación contaba con miles de habitantes que dependían directamente de la jurisdicción civil y criminal del Maestre.

A 300 metros de altura

Arquitectónicamente, el recinto amurallado destaca por su planta poligonal e irregular que se extiende sobre una superficie de unos 5.000 metros cuadrados. Aunque el paso de los siglos ha rebajado la altura de sus muros, todavía es posible identificar tres niveles distintos y restos significativos de la torre del homenaje y el portal de entrada con arco de medio punto. Desde su altura de 316 metros, el castillo ofrece hoy unas vistas panorámicas excepcionales que abarcan desde el Delta del Ebro hasta la Sierra de Irta. Las investigaciones arqueológicas que se han realizado recientemente han aportado datos fascinantes sobre la ocupación del cerro antes incluso de la época islámica. Uno de los hallazgos más interesantes es un asiento labrado en la propia roca con brazos laterales y un escabel, que los expertos asocian hipotéticamente a un trono de la Edad del Hierro. Además de estos vestigios remotos, las excavaciones han sacado a la luz estructuras más recientes, como depósitos de agua, que ayudan a reconstruir cómo era la vida cotidiana dentro de la fortaleza.

El declive militar del edificio comenzó a finales del siglo XVI, momento en que fue abandonado tras perder su utilidad defensiva primordial. Sin embargo, su destrucción definitiva no llegaría hasta el siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión, a manos de las tropas de Felipe V. Aquel conflicto bélico dejó el edificio en el estado ruinoso que presenta en la actualidad, provocando la desaparición de elementos históricos como la capilla y el palacio que una vez fueron el corazón del Maestrazgo. Hoy en día, eso sí, el castillo de Cervera es un espacio de acceso libre donde la historia se entrelaza con las leyendas populares que han pasado de generación en generación. Los habitantes de la zona todavía relatan historias sobre un feroz dragón que vivía en su entrada, túneles subterráneos misteriosos y tesoros ocultos que nunca han sido encontrados. Entre el patrimonio recuperado y los mitos que lo rodean, la fortaleza sigue siendo el símbolo de identidad más potente de una tierra forjada entre la guerra, la fe y la piedra.


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