01 Febrero 2026, 18:15 Doblada casi en ángulo recto sobre la pendiente nevada, impulsando sus esquís ultraligeros con todo lo que tiene, desde la mandíbula apretada hasta el sóleo, pasando por el trabajo de hombros y tríceps, core y cuádriceps y todo lo que haga falta, Ana Alonso resiste segunda. Le quedan 100 metros antes de realizar la transición a descenso y le cuesta un mundo deslizar sus tablas. Abajo le espera Oriol Cardona, su pareja en el relevo mixto que tanto prometía medalla olímpica hasta que un coche se cruzó en el camino de la esquiadora andaluza el pasado 24 de septiembre. Ana Alonso luce una aparatosa rodillera ortopédica que parece un ancla, un remedio obligado para estabilizar su rodilla izquierda, su ligamento cruzado anterior y el lateral interno rotos. Ya no puede contener a sus dos rivales que la desbordan al final del segundo y último relevo. No pasa nada. Su trabajo consiste en llegar en cabeza, bien cerca de sus oponentes, no dejarse ir, luchar y dejar que Oriol remate como solo él sabe y puede.