
Según notifica la RASFF, la presencia de dicho alimento es de "riesgo potencial"
Alerta alimentaria “grave” por elevados niveles de plomo en carne de jabalí procedente de España
El Sistema de Alerta Rápido por Alimentos y Piensos (en sus siglas en inglés, RASFF) ha emitido una alerta al detectar la presencia de especies de setas deshidratadas no autorizadas procedentes de China. España actuó como notificante, además de participar en la distribución junto con Francia, Irlanda, Italia y Portugal y ejercer como operador.
Tanto la red internacional INFOSAN como el resto de países han sido “marcados para atención”.
Según la decisión de la notificación oficial de la RASFF, la presencia de dicho componente es de “riesgo potencial”, pese a que no se definan daños ni medidas y se cataloguen como desconocidos los posibles síntomas a desarrollar.

El pacto contempla una treintena de prejubilaciones y que el resto de salidas se cubran con bajas voluntarias que percibirán una indemnización de 50 días por año trabajado sin tope de mensualidades
Freixenet anuncia un ERE para despedir a un máximo de 180 trabajadores, el 24% de la plantilla
La dirección de Freixenet y los sindicatos han sellado un preacuerdo sobre el expediente de regulación de empleo (ERE) presentado por la dirección de la compañía que implica rebajar el número de afectados de 180 a 154.
El presidente del comité de empresa de Freixenet, Antonio Domínguez, ha explicado que se ha pactado una treintena de prejubilaciones y que el resto de salidas se cubran con bajas voluntarias que percibirán una indemnización de 50 días por año trabajado sin tope de mensualidades. El acuerdo está sujeto a la aprobación por parte de la plantilla y a que también se vote la desconvocatoria de la huelga
El grupo Freixenet presentó el ERE el 24 de abril e inicialmente preveía el despido de 180 trabajadores, prácticamente el 25% de la plantilla. La firma productora de cava defendía que tenía que tomar medidas “urgentes” para “garantizar el desarrollo sostenible del negocio en el futuro” a raíz de la sequía que había provocado “graves interrupciones” en la industria. Un anuncio que llegaba un año después de que la empresa hubiera aplicado un Expediente Temporal de Ocupación (ERTE).
Los representantes de los trabajadores se movilizaron y convocaron manifestaciones en Barcelona y en Sant Sadurní d'Anoia y también la protesta en el Parlamento. Por otro lado, iniciaron una huelga y precisamente es te martes informaron de que la alargaban hasta el 10 de junio.

Una técnica sencilla y rápida permite mantener en perfecto estado estas mallas protectoras utilizando productos comunes del hogar y sin recurrir a herramientas complicadas ni desmontajes
El método japonés para ahuyentar a los mosquitos
Con el inicio del calor, el aumento de las temperaturas y la reaparición de los mosquitos, las mosquiteras vuelven a cobrar protagonismo en balcones, ventanas y puertas de terrazas. Estos sistemas, que permiten ventilar las estancias sin dejar vía libre a los insectos, son una solución funcional que forma parte de la vida cotidiana en muchos hogares.
Sin embargo, con el paso del tiempo y la exposición continua a agentes externos como polvo, polen, humedad y humo, su superficie acumula una considerable cantidad de suciedad. Esto no solo resta eficacia a su función protectora, sino que también compromete la higiene y la calidad del aire que entra en las viviendas.
A pesar de su utilidad, su limpieza suele posponerse debido a la creencia de que es un proceso engorroso que requiere desmontarlas por completo. La idea de tener que desatornillar marcos, manipular piezas o retirar adhesivos provoca que muchas personas descarten la limpieza hasta que el estado de la mosquitera es ya insostenible.
Existen formas sencillas, eficaces y rápidas de limpiarlas sin necesidad de desmontarlas, utilizando utensilios domésticos básicos y productos fáciles de encontrar. Estas técnicas no solo permiten mantenerlas en óptimas condiciones, sino que además prolongan su vida útil y aseguran un entorno más saludable durante los meses de mayor exposición a insectos y polvo en suspensión.
Mantener las mosquiteras limpias de manera regular ayuda a conservar su estructura, mejora el flujo de aire que las atraviesa y reduce la presencia de alérgenos en el ambiente interior. Además, una limpieza adecuada evita la aparición de manchas, humedad persistente y obstrucciones en la malla que puedan terminar deteriorando su forma original.
Aprovechar la llegada del buen tiempo para realizar este tipo de mantenimiento es clave para preparar la vivienda de cara a las olas de calor, cuando la ventilación natural se convierte en la aliada principal para soportar las altas temperaturas sin recurrir de forma constante a sistemas de climatización.
Qué se necesita y cómo hacerlo paso a paso
Para llevar a cabo una limpieza efectiva sin necesidad de desmontar las mosquiteras, lo primero es preparar los materiales: una esponja suave o un paño de microfibra, un pulverizador vacío, agua templada, jabón neutro y vinagre blanco. También puede emplearse un cepillo de cerdas suaves o una aspiradora con boquilla especial para textiles, con el fin de eliminar primero la suciedad más superficial. Lo ideal es realizar el proceso en un día seco, con buena luz natural, que permita abrir las ventanas por completo para facilitar el acceso y asegurar un secado adecuado.
El procedimiento comienza aspirando o cepillando en seco la superficie de la malla, para retirar polvo, pelusas y residuos adheridos. Esta etapa inicial evita que las partículas se mezclen con la solución líquida más adelante, creando barro o manchas más difíciles de eliminar.
Después, se prepara una mezcla con dos partes de agua, una de vinagre y unas gotas de jabón neutro, que se pulveriza directamente sobre la mosquitera, cubriendo tanto la parte interior como la exterior. El vinagre actúa como desinfectante y desengrasante, mientras que el jabón ayuda a despegar la suciedad incrustada sin dañar la tela.
Una vez aplicada la mezcla, se deja actuar durante unos minutos. Con la esponja ligeramente humedecida, se frota la malla con movimientos circulares y suaves, sin ejercer presión excesiva. En las zonas más sucias, como los bordes y esquinas, puede repetirse el proceso dos veces. Tras ello, se retira el exceso de producto con un paño limpio y húmedo. Es importante no usar agua en exceso para evitar goteos o humedad en los marcos. Finalmente, se deja la mosquitera abierta durante al menos media hora para que se seque completamente antes de volver a cerrarla.
Por qué hacerlo con frecuencia y cómo mantenerlas como nuevas
Realizar esta limpieza de forma regular es clave para mantener la efectividad de las mosquiteras a lo largo del tiempo. Una malla obstruida por polvo o restos vegetales pierde capacidad de filtrado, impide una correcta ventilación e incluso puede favorecer la acumulación de hongos o bacterias en ambientes húmedos.
Por el contrario, una mosquitera en buen estado garantiza una mejor calidad del aire interior, protege frente a los insectos de forma más eficiente y conserva su aspecto como el primer día. Además, el mantenimiento periódico permite detectar a tiempo pequeños desperfectos, como deshilachados o puntos débiles, que pueden repararse con soluciones adhesivas sin tener que sustituir todo el sistema.
No es necesario limpiar las mosquiteras cada semana, pero sí conviene establecer una rutina acorde al entorno. En zonas urbanas con mucho tráfico o polvo en suspensión, puede hacerse cada uno o dos meses. En áreas rurales, donde la presencia de insectos y polen es mayor, puede requerirse con más frecuencia, especialmente en primavera y verano. También es recomendable limpiarlas al finalizar la temporada de calor, antes de que queden en desuso durante el otoño e invierno. Este cuidado post-verano ayuda a evitar que la suciedad se endurezca o deteriore la malla durante los meses de frío.
Además de la limpieza puntual, se pueden adoptar pequeñas medidas preventivas para conservarlas mejor. En el caso de mosquiteras enrollables, recogerlas durante los días de lluvia o viento fuerte evita que se ensucien más de lo necesario.
En modelos fijos, cubrirlas con una funda ligera durante el invierno puede prolongar su vida útil. Evitar el uso de productos abrasivos, cepillos metálicos o limpiadores industriales es también fundamental para no dañar los materiales. Aplicando estos cuidados básicos, las mosquiteras se mantienen en perfecto estado durante años, listas para afrontar cada temporada con eficacia y sin necesidad de desmontajes complicados.

Pese a su condición de pueblo deshabitado, Granadilla no está olvidado. Su recuperación parcial, valor arquitectónico y su entorno lo convierten en un caso único de patrimonio vivo gestionado por el Estado
Robledillo de Gata, el pueblo extremeño que es como visitar una cápsula del tiempo
Granadilla es una antigua villa medieval situada en el norte de la provincia de Cáceres, dentro del término municipal de Zarza de Granadilla, en la comunidad autónoma de Extremadura. Se encuentra en una pequeña península rodeada por el embalse de Gabriel y Galán, que cambió radicalmente el paisaje y la historia del lugar a mediados del siglo XX. Hoy está deshabitada y se considera un pueblo fantasma, aunque conserva buena parte de su estructura original y recibe miles de visitantes cada año.
El núcleo urbano de Granadilla, amurallado y con un marcado carácter defensivo, fue fundado por los almohades en el siglo XI. Su posición estratégica en el valle del río Alagón y su cercanía a rutas históricas como la Vía de la Plata hicieron de ella un enclave importante durante la Edad Media. En 1170 recibió el título de villa por parte del rey Fernando II de León y, desde 1446 hasta el siglo XIX, perteneció a la Casa de Alba.
El abandono definitivo del pueblo se produjo en 1964, como consecuencia de las expropiaciones ligadas a la construcción del embalse, aunque el agua nunca llegó a cubrir el casco urbano. Desde 1980 está declarado Conjunto Histórico-Artístico, y desde 1984 forma parte del Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados (PRUEPA), bajo gestión del Organismo Autónomo Parques Nacionales.
Historia de la villa
Granadilla fue fundada por los musulmanes, probablemente por los almohades en el siglo XI, bajo el nombre de “Granada”. La ubicación no fue casual: un promontorio elevado sobre el río Alagón, de difícil acceso y gran visibilidad territorial, en un punto clave de paso de la histórica Vía de la Plata. En 1160, el rey Fernando II de León conquistó el enclave y en 1170 le otorgó el título de villa. Pasó a manos de la Orden de Santiago en 1191, aunque más adelante volvió a depender directamente de la Corona.
A lo largo de los siglos, Granadilla pasó por varias manos nobles, hasta que en 1446 el rey Juan II de Castilla otorgó el señorío a la Casa de Alba. Permaneció en manos de esta poderosa familia hasta 1830, cuando la desamortización forzó su desvinculación patrimonial. Durante siglos, fue el principal núcleo poblacional de su comarca y capital de las Tierras de Granadilla, conservando esa condición hasta su abandono.
El éxodo final se produjo en 1964, tras la construcción del embalse de Gabriel y Galán. Aunque el pueblo no fue inundado directamente, sí lo fueron sus mejores tierras, sus accesos y casi todo su término, La expropiación forzó el desalojo y, en 1965, la disolución del municipio. El territorio fue repartido entre Zarza de Granadilla y Mohedas de Granadilla. Granadilla quedó vacía, bajo gestión de la Confederación Hidrográfica del Tajo, hasta que en 2007 pasó al Organismo Autónomo Parques Nacionales.
El patrimonio de Granadilla
Esta villa destaca por conservar prácticamente intacta su estructura medieval, un caso singular en el contexto peninsular. Todo su desarrollo urbano se mantiene dentro del recinto amurallado original, lo que permite entender su lógica defensiva y su morfología urbana original. La muralla, de origen musulmán, está construida en argamasa y pizarra sobre zócalo del mismo material. Tiene una altura media de siete metros y un espesor de tres metros, con restos de cuatro puertas históricas de las que sobreviven dos, ambas con arcos de medio punto en granito.
El castillo, edificado en el siglo XV, posiblemente por orden del primer duque de Alba, es una construcción entre fortaleza y residencia señorial. Su planta cuadrada cuenta con torreones semicilíndricos en cada cara, tres niveles de altura, un torreón superior y barbacana de protección. En su interior, se organizan espacios cuadrados con bóvedas de cañón y cámaras laterales. Fue restaurado parcialmente entre 1979 y 1983.
También es destacable la iglesia parroquial del siglo XVI, de una sola nave, con bóvedas de crucería gótica y ábside poligonal. El conjunto se completa con casas señoriales, algunas con porches y escudos, y con longueras, huertos intramuros que han llegado hasta la actualidad. Todo el conjunto fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1980.
Un monte rodeado por el embalse
El entorno natural de Granadilla cambió drásticamente a partir de la construcción del embalse de Gabriel y Galán. Antes, el territorio estaba compuesto por vegas fértiles, dehesas y tierras agrícolas. Con la creación del embalse, esas zonas quedaron inundadas, dejando emergidas solo las tierras de monte o secano, también expropiadas, El pueblo, que se encuentra sobre una elevación no afectada por las aguas, quedó aislado en una península rodeada por el embalse.
El antiguo término de Granadilla, hoy conocido como Monte de Granadilla, tiene una superficie aproximada de 5.000 hectáreas, actualmente cubiertas en su mayoría por pinares de repoblación forestal. Estas repoblaciones se realizaron en los años 60 para proteger la cuenca del embalse. El acceso histórico al pueblo por puentes desapareció bajo el agua, y fue sustituido por un camino asfaltado.
La villa en la actualidad
Desde 1984, Granadilla es una de las sedes del Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados (PRUEPA), impulsado por varios ministerios. Gracias a este programa se han restaurado diversas construcciones para alojar talleres y residencias educativas. La villa combina ese uso con el turístico, recibiendo en torno a 50.000 visitantes anuales.
Las visitas están reguladas para preservar el patrimonio y evitar conflictos con los programas educativos. El acceso se realiza por carretera local desde Zarza de Granadilla, y el horario varía según la época del año. Existen normas específicas para grupos organizados y para la conservación del lugar, y fines de semana suele haber personal que informa.
Pese a su condición de pueblo deshabitado, Granadilla no está olvidado. Su recuperación parcial, valor arquitectónico y su entorno lo convierten en un caso único de patrimonio vivo gestionado por el Estado. Hoy es un espacio de memoria, de formación y de interés cultural para todo aquel que lo visita.